Laboratorios avanzan en desarrollo de vacunas antigripales con ARN mensajero

La célula humana fabrica las proteínas virales, no millones de huevos
El ARN mensajero cambia radicalmente cómo se producen las vacunas antigripales, eliminando pasos lentos y propensos a errores.

Las vacunas antigripales convencionales tienen eficacia limitada (40-70%) porque requieren preparación con meses de anticipación y pueden dañar proteínas virales clave. Sanofi, Pfizer y Moderna ya realizan ensayos clínicos con ARN mensajero que permitiría respuesta inmunitaria superior y adaptación rápida a nuevas cepas virales.

  • Vacunas antigripales actuales: 40-70% de efectividad
  • ARN mensajero podría alcanzar 95% de efectividad
  • Sanofi genera 2.500 millones de euros anuales en vacunas antigripales
  • Mercado global de vacunas antigripales: 7.000 millones de dólares proyectados para 2021
  • Pfizer, Moderna y Sanofi en ensayos clínicos con ARN mensajero

Laboratorios farmacéuticos líderes desarrollan vacunas contra la gripe con tecnología de ARN mensajero, buscando superar las limitaciones de eficacia (40-70%) de las vacunas actuales con potencial de alcanzar 95% de efectividad.

La gripe llega cada año al hemisferio norte con su cortejo de fiebre, tos y escalofríos, y con ella vuelve la carrera por proteger a la población. Pero las vacunas que hoy se usan contra este virus mutante tienen un problema fundamental: funcionan apenas a medias. Utilizan virus inactivados que deben prepararse con meses de anticipación, y su efectividad oscila entre el 40% y el 60%, alcanzando el 70% en los mejores casos. Es un margen estrecho para una enfermedad que sigue cobrando vidas cada temporada.

Ahora, varios de los laboratorios farmacéuticos más grandes del mundo están apostando por una tecnología que promete cambiar ese panorama: el ARN mensajero. Sanofi, el líder mundial en vacunas antigripales, ya comenzó sus pruebas con una versión monovalente dirigida a una única cepa viral, y tiene previsto pasar a ensayos con una vacuna cuadrivalente el próximo año. Pfizer realizó en septiembre sus primeras inyecciones en humanos con una vacuna antigripal basada en ARN mensajero, el mismo mecanismo que utiliza en su fármaco contra el COVID-19. Moderna, también estadounidense, lanzó sus propios ensayos a principios de julio. El movimiento es coordinado y urgente: los grandes actores del sector no quieren quedarse atrás.

La razón del entusiasmo es clara. El ARN mensajero funciona de manera radicalmente distinta a las vacunas convencionales. En lugar de producir antígenos en millones de huevos —un proceso lento y vulnerable a errores— es la propia célula humana la que fabrica las proteínas virales necesarias para entrenar al sistema inmunológico. Esto elimina un problema crónico de las vacunas inactivadas: el daño a las proteínas de superficie del virus durante el proceso de inactivación, proteínas que son precisamente las que generan la respuesta inmunitaria. Como explica Claude-Agnès Reynaud, inmunóloga e investigadora del Instituto Nacional de Salud y de Investigación Médica francés, el sistema actual obliga a los científicos a adivinar seis meses antes de la epidemia cuáles serán las cepas dominantes. A menudo se equivocan, y eso genera un exceso de mortalidad importante.

Con el ARN mensajero, esa rigidez desaparece. Si la Organización Mundial de la Salud advierte un cambio en las cepas prevalentes, los laboratorios podrían adaptar la vacuna mucho más rápidamente que con la tecnología actual. Y la efectividad podría alcanzar el 95%, según analistas de la industria. Investigadores como Norbert Pardi, especialista en vacunas de la Universidad de Pensilvania, están explorando incluso la posibilidad de incluir múltiples antígenos en una sola vacuna, algo que ya ha probado en ratones. Estas vacunas multivalentes podrían generar una respuesta inmunitaria globalmente superior a la de los inmunizantes actuales.

Pero la tecnología no está exenta de obstáculos. El más inmediato es la conservación: las vacunas de ARN mensajero requieren temperaturas muy bajas para mantenerse estables, lo que complica su distribución en sistemas de salud con recursos limitados. Thomas Triomphe, vicepresidente de la división de vacunas de Sanofi, señaló recientemente que será necesario desarrollar versiones termoestables que puedan conservarse en refrigeradores convencionales, entre 2 y 8 grados centígrados, en jeringa. Queda mucho trabajo por hacer.

Hay también una cuestión más sutil pero potencialmente decisiva: la aceptación pública. Cuando estas vacunas lleguen al mercado, ¿confiarán los ciudadanos en una tecnología que apenas hace un año era prácticamente desconocida? Las reticencias que ya existen podrían persistir. Jean-Jacques Le Fur, analista de Bryan, Garnier & Co., plantea la pregunta sin rodeos: la población podría seguir siendo escéptica incluso ante una tecnología superior.

Lo que está claro es que los laboratorios no pueden ignorar esta oportunidad. Sanofi genera 2.500 millones de euros anuales solo con sus vacunas antigripales. El mercado global alcanzó los 5.000 millones de dólares en 2020, y se esperaba que llegara a 6.500 o 7.000 millones en 2021, con un crecimiento proyectado de entre 7% y 8% anual hasta 2026. Es un mercado lo suficientemente atractivo como para que Sanofi, AstraZeneca y GSK, ya bien establecidas en el sector, no puedan permitirse quedarse atrás. Incluso Moderna, nueva en este segmento, ve una oportunidad clara. La carrera está en marcha, y los próximos años dirán si el ARN mensajero logra lo que promete: una vacuna antigripal finalmente eficaz.

Seis meses antes de la epidemia evaluamos las cepas que más circulan. A veces nos equivocamos, y esto crea una sobremortalidad importante
— Claude-Agnès Reynaud, inmunóloga del Instituto Nacional de Salud y de Investigación Médica francés
Si la OMS advierte de un cambio de las cepas prevalentes, podremos cambiarlo más rápidamente con el ARN que con la tecnología existente, con una eficacia que puede llegar al 95%
— Jean-Jacques Le Fur, analista de Bryan, Garnier & Co.
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué los laboratorios grandes como Sanofi no habían intentado esto antes si la tecnología es tan superior?

Model

Porque el ARN mensajero nunca se había usado para otros virus antes del COVID. Era territorio desconocido. Pero cuando vieron que funcionaba contra la pandemia, y vieron que sus propias vacunas antigripales apenas alcanzaban 60% de efectividad, el cálculo cambió. No podían ignorarlo.

Inventor

¿Cuál es el verdadero obstáculo ahora? ¿La ciencia o la logística?

Model

Ambos, pero de formas distintas. La ciencia está bastante resuelta: saben que puede funcionar. El problema es hacerla práctica. Necesitan que se conserve en un refrigerador normal, no en congeladores a 70 grados bajo cero. Y luego está el miedo de la gente.

Inventor

¿Miedo a qué exactamente?

Model

A lo nuevo. El ARN mensajero fue noticia hace poco más de un año. Ahora les piden a las personas que se inyecten algo basado en esa tecnología para una enfermedad que la mayoría considera leve. Es un salto de fe que no todos harán.

Inventor

¿Entonces el mercado de 7.000 millones de dólares podría no materializarse?

Model

Podría materializarse, pero no necesariamente como esperan. Si la vacuna funciona y la gente la acepta, sí. Pero si hay resistencia, los laboratorios tendrán que convencer, no solo innovar.

Inventor

¿Qué pasa con los países pobres? ¿Pueden siquiera usar estas vacunas?

Model

Ese es el verdadero reto. Si la vacuna necesita cadena de frío sofisticada, muchos países en desarrollo quedan fuera. La tecnología tiene que ser accesible, no solo efectiva.

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