Cuba conmemora 65 años de 'Palabras a los Intelectuales' con taller sobre política cultural

La cultura no se combate solo con cultura; es un proceso complejo
Un joven profesor cubano plantea que la participación popular en decisiones culturales requiere desmantelar burocracias, no solo discursos.

Sesenta y cinco años después de que Fidel Castro trazara los límites entre la disidencia honesta y la contrarrevolución, Cuba regresa a ese texto fundacional no como reliquia, sino como brújula. En La Habana, funcionarios, intelectuales y creadores jóvenes se reunieron para preguntarse si las ideas de 1961 aún iluminan el presente, y si la cultura puede ser, de verdad, un asunto del pueblo y no de las burocracias. La conmemoración se convirtió en debate: el pasado como espejo incómodo del presente.

  • Un joven profesor de Matemáticas interrumpió la solemnidad del acto con una pregunta que nadie pudo esquivar: ¿quién tiene el derecho de decidir qué es revolucionario en la cultura?
  • La tensión entre el legado ideológico del discurso de 1961 y las realidades burocráticas actuales quedó expuesta ante artistas, funcionarios y creadores reunidos en la capital cubana.
  • Abel Prieto reconoció abiertamente que la participación crítica y efectiva del pueblo en la política cultural sigue siendo una deuda pendiente del proceso revolucionario.
  • Los organizadores enmarcan el debate en un contexto global que describen como el auge del neofascismo, convirtiendo la conmemoración en una declaración de resistencia cultural.
  • El taller continúa con paneles específicos, transformando lo que comenzó como ceremonia en un espacio de examen colectivo sobre quién controla realmente la cultura en Cuba.

Este martes, La Habana inauguró el taller Cultura y Revolución para conmemorar los 65 años del discurso que Fidel Castro pronunció ante los intelectuales cubanos el 30 de junio de 1961. Aquel texto, nacido en el momento en que la Revolución enfrentaba sus primeras tensiones con el imperialismo y los creadores se debatían entre lealtad política y libertad artística, sigue siendo el marco desde el cual Cuba piensa su política cultural.

Al encuentro asistieron altos funcionarios del Partido Comunista, entre ellos Abel Prieto, presidente de Casa de las Américas, quien llevó las palabras centrales del evento. Prieto recordó que Castro trazó en 1961 una política cultural pionera para su época, que distinguía con claridad entre el crítico honesto y el contrarrevolucionario. Ese texto, dijo, sigue siendo una joya indispensable, y la tarea de unidad que convocó entonces representa uno de los principales desafíos del momento actual.

Pero el taller no se quedó en la rememoración. José Julián Díaz Pérez, un joven profesor de Matemáticas, encendió el debate al preguntar quién decide qué es revolucionario y qué es banal en la cultura. Su argumento fue directo: debe ser el pueblo, y no las burocracias, quien dirija estos procesos, porque la cultura no se combate solo con cultura, sino que es un proceso complejo en el que la gente asume los códigos de su propia realidad.

Prieto coincidió en que lograr una participación crítica y efectiva del pueblo sigue siendo trabajo pendiente, y señaló que el obstáculo principal es la insuficiencia de canales para que esa participación ocurra. Su afirmación final resumió el espíritu del encuentro: más que el arte o la literatura, el sentido de la vida tiene que ver con la cultura. El taller continuará con paneles sobre políticas culturales e intelectuales, buscando respuestas a una pregunta que persiste: cómo garantizar que la cultura sea una práctica genuinamente popular.

En la capital cubana se inauguró este martes un taller titulado Cultura y Revolución, convocado para reflexionar sobre un discurso pronunciado hace 65 años. El 30 de junio de 1961, Fidel Castro se dirigió a los intelectuales de la isla en un momento en que la Revolución enfrentaba sus primeros choques con el imperialismo y los creadores se debatían entre la lealtad política y la libertad artística. Seis décadas y media después, ese texto sigue siendo el marco desde el cual Cuba piensa su política cultural.

Al encuentro asistieron Elier Ramírez Cañedo, vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central; Reynaldo Velázquez Zaldívar, viceministro de Educación Superior; René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz; y Abel Prieto, presidente de Casa de las Américas. Junto a ellos se reunieron artistas, intelectuales y creadores jóvenes. El propósito declarado era reivindicar la vigencia del pensamiento de Castro y, al mismo tiempo, examinar cómo esas ideas se aplican hoy, en un contexto global marcado por lo que los organizadores llamaron el auge del neofascismo y los retrocesos intelectuales.

Prieto, quien llevó las palabras centrales del evento, recordó que Castro trazó en 1961 las líneas de una política cultural que fue pionera y singular para su época. El discurso original establecía una plataforma unitaria y fijaba criterios claros: no debía confundirse a los críticos honestos con los contrarrevolucionarios. Prieto subrayó que ese texto sigue siendo, en sus palabras, una joya indispensable. La tarea de la unidad que Fidel convocó entonces, y que hoy convocan Raúl Castro y el Partido, representa uno de los principales desafíos de la época actual.

Pero el taller no fue solo una ceremonia de rememoración. José Julián Díaz Pérez, un joven profesor de Matemáticas, planteó una pregunta que encendió el debate: ¿quién decide qué es revolucionario y qué es banal en la cultura? Su intervención apuntaba a un problema concreto: la necesidad de que sea el pueblo, y no las burocracias, quien dirija estos procesos. Díaz Pérez argumentó que poner la cultura en manos del pueblo permite afianzar la vida cotidiana, y que la cultura no se combate solo con cultura, sino que es un proceso complejo en el que la gente asume los códigos de su propia realidad.

Prieto coincidió en que lograr una participación crítica y efectiva del pueblo en la política cultural sigue siendo un trabajo pendiente. El obstáculo, señaló, radica en la insuficiencia de canales para que esa participación ocurra. En su intervención final, Prieto hizo una afirmación que resumía el espíritu del encuentro: más que la música, el arte y la literatura, el sentido de la vida tiene que ver con la cultura.

El taller continuará sus sesiones durante los próximos días, con paneles dedicados específicamente a las políticas culturales y al papel de los intelectuales en la sociedad cubana contemporánea. Lo que comenzó como una conmemoración de un discurso de 1961 se convirtió en un espacio para examinar un problema que persiste: cómo garantizar que la cultura no sea un asunto de élites o de aparatos estatales, sino una práctica genuinamente popular.

Poner la cultura en manos del pueblo nos permite afianzar la vida cotidiana
— José Julián Díaz Pérez, profesor de Matemáticas
Lograr una participación crítica y efectiva del pueblo en la política cultural es aún un trabajo pendiente
— Abel Prieto, presidente de Casa de las Américas
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Cuba sigue regresando a un discurso de 1961? ¿Qué lo hace tan relevante ahora?

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Porque ese discurso estableció los términos de cómo la Revolución pensaría la cultura. No es solo nostalgia. Es que los problemas que Castro identificó entonces—la tensión entre libertad artística y compromiso político, quién decide qué es válido culturalmente—siguen sin resolverse.

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Pero ¿no es eso un problema? Si 65 años después todavía estamos debatiendo lo mismo, ¿no significa que algo no funcionó?

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O significa que es un problema más profundo de lo que se pensaba. Díaz Pérez lo tocó: la gente no participa realmente en estas decisiones. Hay canales insuficientes. Es fácil hablar de cultura popular cuando las estructuras que la gobiernan siguen siendo verticales.

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¿Entonces el taller fue una crítica velada al sistema?

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No exactamente. Fue más bien una admisión. Prieto dijo explícitamente que la participación crítica del pueblo sigue siendo un trabajo pendiente. Eso es reconocer que hay una brecha entre la teoría de 1961 y la práctica de 2026.

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¿Y qué proponen para cerrar esa brecha?

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Eso no quedó claro en el taller. Hubo diagnóstico, hubo debate, pero las soluciones concretas no aparecieron. Tal vez eso es lo que vendrá en los paneles de los próximos días.

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¿Crees que la gente común en Cuba piensa en esto?

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Probablemente no en estos términos. Pero sí vive las consecuencias: si quieres hacer arte, ¿a quién le pides permiso? ¿Quién decide si tu trabajo es revolucionario o no? Esas son preguntas que afectan la vida cotidiana.

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