En el corazón de un festival de música católica en Fortaleza, el Papa León XIV tendió un puente generacional a través de una pantalla, recordando a miles de jóvenes brasileños que su entusiasmo no es un accidente del alma sino una vocación. Con la serenidad de quien conoce tanto la llama como su fragilidad, el pontífice los convocó a ser constructores de la Ciudad de Dios en la era digital, donde la fe debe competir con lo efímero y las apariencias.