El miedo es un arma muy efectiva cuando llega un panfleto amenazante a tu tienda
En el amanecer del 4 de julio, el silencio reemplazó al bullicio en los mercados de Barranquilla y Soledad: panfletos distribuidos por la facción criminal La Nueva Generación ordenaron el cierre de comercios, convirtiendo la amenaza escrita en miedo colectivo y persianas bajadas. Detrás del gesto no había solo intimidación, sino una declaración de poder territorial —el anuncio de que un nuevo cobrador de extorsiones había llegado para ocupar el lugar de estructuras anteriores. Las autoridades, desde el alcalde hasta el gobernador, respondieron con coordinación y promesas de refuerzo, mientras la ciudad entera aprendía, una vez más, cuán frágil puede ser la normalidad cuando el crimen decide demostrar que existe.
- Panfletos firmados por 'La Nueva Generación' circularon entre comerciantes de múltiples barrios, ordenando cierre total de negocios bajo amenaza implícita de represalias.
- El sábado amaneció con persianas metálicas bajadas en Soledad y sectores de Barranquilla, generando un clima de zozobra que paralizó la vida económica de comunidades enteras.
- La Policía Metropolitana y el Grupo Gaula identificaron el objetivo real: la facción busca demostrar control territorial para imponer cuotas extorsivas que antes recaudaban Los Costeños y Los Pepes.
- El alcalde Char y el gobernador Verano salieron a calmar la alarma pública, anunciando refuerzo de operativos y coordinación con la Fuerza Pública en toda la región.
- Una reunión entre el alcalde y el presidente electo Abelardo De La Espriella está prevista para la próxima semana, señalando que la crisis ya escala al nivel de prioridad nacional.
El sábado 4 de julio amaneció con un silencio inusual en Barranquilla y Soledad. Las persianas de tiendas, restaurantes y panaderías permanecían cerradas en barrios que normalmente vibran de actividad. La razón era un panfleto: una amenaza distribuida por La Nueva Generación, facción escindida del grupo criminal Los Costeños, que ordenaba el cierre inmediato de todos los establecimientos comerciales.
El panorama variaba según el sector. En la localidad Norte-Centro Histórico algunos comerciantes se atrevieron a abrir, pero reconocían que a pocas cuadras sus vecinos habían preferido no arriesgarse. En Soledad, barrios como Porvenir, Hipódromo y Las Ferias presentaban una imagen más desoladora: calles vacías, negocios mudos, una quietud que amplificaba el miedo.
Las autoridades actuaron rápido. El general Miguel Camelo Sánchez confirmó que el Grupo Gaula investigaba la procedencia de los panfletos y explicó la lógica criminal detrás del operativo: La Nueva Generación no solo quería cerrar negocios, sino demostrar poder suficiente para cobrar las extorsiones que antes recaudaban estructuras ya debilitadas. Era, en esencia, una audición pública de fuerza.
El alcalde Alejandro Char salió a las redes sociales a pedir calma y anunció refuerzo de medidas de seguridad. Reveló además que había contactado al presidente electo Abelardo De La Espriella para expresarle su preocupación, y que ambos acordaron reunirse en los primeros días de la semana siguiente para tratar el asunto como prioridad. El gobernador Eduardo Verano, por su parte, destacó que muchos comercios sí operaron con normalidad y reafirmó el compromiso de las autoridades de acompañar a ciudadanos y comerciantes frente a cualquier intento de intimidación.
El sábado 4 de julio amaneció diferente en Barranquilla y Soledad. Las persianas metálicas de tiendas, restaurantes y panaderías permanecían bajadas. En las calles que normalmente bullían de actividad comercial, el silencio dominaba. La causa: panfletos amenazantes que circulaban entre los comerciantes, supuestamente distribuidos por un grupo criminal, ordenando el cierre inmediato de todos los establecimientos.
Los reporteros salieron a recorrer la ciudad ese sábado, visitando las localidades Norte-Centro Histórico, Suroccidente, Suroriente, Metropolitana y el municipio de Soledad. El panorama variaba según el barrio. En la zona Norte-Centro Histórico, aunque había movimiento de personas, varias tiendas permanecían cerradas. Un comerciante del sector explicó que aunque él y otros habían decidido abrir, dos cuadras más allá varios negocios no lo hicieron por miedo a las represalias. En el barrio San Isidro, en la localidad Suroccidente, la actividad comercial continuaba con relativa normalidad pese a las calles más vacías de lo usual.
El municipio de Soledad presentaba una imagen más desoladora. En barrios como Porvenir, Hipódromo y Las Ferias, la mayoría de establecimientos permanecía con puertas cerradas. Panaderías, tiendas de abarrotes y restaurantes simplemente no abrieron. Las calles lucían solitarias, amplificando la sensación de abandono.
Las autoridades rápidamente identificaron la amenaza. El general Miguel Camelo Sánchez, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, confirmó que investigadores del Grupo Gaula estaban tras la pista de los panfletos. Según el oficial, los criminales no solo ordenaban el cierre de negocios, sino que también intentaban obligar a los comerciantes a participar en una marcha. Detrás de esto estaba una facción conocida como La Nueva Generación, escisión del grupo criminal Los Costeños. El objetivo era claro: demostrar poder y autoridad para comenzar a cobrar las cuotas de extorsión que anteriormente pagaban a Los Costeños y Los Pepes.
El alcalde Alejandro Char respondió con un mensaje de tranquilidad a través de redes sociales. Aseguró que las autoridades trabajaban de manera coordinada para garantizar la seguridad. Reconoció la preocupación generada por las intimidaciones, pero insistió en que no permitirían que estas acciones alteraran la convivencia. Informó del refuerzo de medidas de seguridad y mayor coordinación operativa entre autoridades. Char también reveló que había conversado con el presidente electo Abelardo De La Espriella, manifestándole su preocupación por la situación de inseguridad en Barranquilla. Ambos acordaron reunirse en los primeros días de la siguiente semana para abordar el problema como prioridad principal.
El gobernador Eduardo Verano también intervino públicamente, destacando que a pesar de los anuncios de los grupos criminales, muchos establecimientos comerciales desarrollaron sus actividades con normalidad. Enfatizó el compromiso de las autoridades con la seguridad de los ciudadanos y anunció que continuarían trabajando de manera coordinada con la Fuerza Pública y las administraciones municipales para preservar el orden público y brindar acompañamiento a comerciantes y habitantes del departamento.
Citas Notables
Estábamos enterados de la situación actual, pero nos dispusimos a trabajar, aunque a dos cuadras de acá unas tiendas no abrieron por temor a verse afectadas— Comerciante del sector Norte-Centro Histórico
A pesar de las amenazas de los grupos criminales, seguimos trabajando sin descanso por su seguridad, tranquilidad y confianza— Alcalde Alejandro Char
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué un grupo criminal haría algo tan visible como distribuir panfletos? ¿No es arriesgado?
Es precisamente el punto. No se trata solo de extorsionar en silencio. Necesitan que todos sepan que ellos mandan ahora. Los panfletos son una demostración de poder, una forma de anunciar que han llegado para reemplazar a los grupos anteriores.
¿Y los comerciantes simplemente cierran? ¿No hay resistencia?
Algunos sí abrieron ese día, pero muchos no. Cuando un panfleto amenazante llega a tu tienda, el cálculo es rápido: ¿vale la pena el riesgo? Para la mayoría, la respuesta fue no. El miedo es un arma muy efectiva.
¿Qué diferencia hay entre esto y lo que hacían Los Costeños antes?
Aparentemente, nada en términos de extorsión. Pero La Nueva Generación necesita establecer su legitimidad, su control territorial. Los panfletos son su forma de decir: nosotros somos los nuevos dueños de esto.
¿Creen que funcionará? ¿Que los comerciantes acepten pagar?
Eso dependerá de si las autoridades logran detener a los responsables. Si no, el pánico de este sábado será solo el comienzo. Los comerciantes necesitan ver que hay protección real, no solo promesas.
¿Por qué el alcalde llamó al presidente electo?
Porque esto es más grande que Barranquilla. Es un síntoma de que los grupos criminales están reorganizándose, compitiendo por territorio. El alcalde está pidiendo apoyo nacional porque sabe que esto no se resuelve solo a nivel local.