Panamá cerró la semana con tres señales que revelan las tensiones propias de un país pequeño en un mundo grande: un cambio ministerial envuelto en sospechas sobre el manejo de fondos públicos en educación, la presencia de mil quinientos soldados de veintiún naciones en sus suelos bajo el paraguas del Pentágono, y el recordatorio geológico de que la región comparte también sus temblores. Cada uno de estos eventos, a su manera, plantea la misma pregunta de fondo: ¿quién decide, y para quién, en el istmo que une dos océanos?