El Orgullo Madrid 2022 regresa con 50 carrozas sin bandera arcoíris en Cibeles

Después de dos años de pandemia, es importantísimo hacernos visibles
Juan Carlos Alonso, presidente de AEGAL, subraya la urgencia de la visibilidad LGTBI tras el aumento de discursos de odio durante el confinamiento.

Después de dos años de silencio pandémico, Madrid vuelve a abrir sus calles al Orgullo en toda su magnitud: dos millones de personas, cincuenta carrozas y una ruta que une Atocha con Colón como si el tiempo hubiera estado en pausa. Sin embargo, la ausencia de la bandera arcoíris en el Palacio de Cibeles recuerda que el regreso a la normalidad festiva no implica el fin de las disputas sobre qué símbolos merecen habitar los espacios comunes de una ciudad.

  • Tras dos años de restricciones, el Orgullo de Madrid regresa el 9 de julio con su desfile masivo, sus escenarios y su millonaria convocatoria, como si la pandemia hubiera sido un largo paréntesis.
  • La ausencia de la bandera arcoíris en Cibeles reabre una herida política: el PP habla de neutralidad institucional, Ciudadanos cita una sentencia del Tribunal Supremo, y la comunidad LGTBI interpreta el vacío en la fachada como un gesto de exclusión.
  • Vox intentó ir más lejos y prohibir explícitamente las banderas no oficiales en edificios públicos, pero su proposición fue rechazada en el pleno, dejando al descubierto las fracturas dentro del propio bloque de gobierno municipal.
  • Una placa en honor a la lucha por los derechos LGTBI en la plaza de Pedro Zerolo fue aprobada pese al voto en contra del PP y Vox, y será descubierta en el acto de apertura como pequeña victoria simbólica.
  • Los organizadores advierten que dos años de pandemia alimentaron los discursos de odio, y ven en este regreso masivo no solo una fiesta, sino una respuesta colectiva y necesaria.

Madrid se prepara para recuperar el Orgullo en su formato completo. El 9 de julio, unos dos millones de personas recorrerán las calles desde Atocha hasta Colón en un desfile con más de cincuenta carrozas. La vicealcaldesa Begoña Villacís lo describió como el regreso a «la normalidad»: mismas rutas, mismos escenarios, mismo despliegue. La única variación geográfica relevante es que la plaza de España sustituirá a la Puerta del Sol —en obras— como uno de los epicentros de la celebración. Por primera vez, la plaza del Rey contará con una tarima dedicada específicamente a las mujeres.

Pero el regreso a la normalidad tiene una sombra visible: la bandera arcoíris no ondeará en el Palacio de Cibeles. Desde que Almeida asumió la alcaldía, la enseña solo ha lucido una vez en esa fachada, en 2019. El PP apela a la neutralidad institucional; Ciudadanos, a una sentencia del Tribunal Supremo de 2020 que reserva los edificios públicos para banderas oficiales. Vox quiso ir más lejos y propuso prohibir formalmente cualquier bandera no oficial, pero la iniciativa fue rechazada en el pleno municipal.

Las tensiones no terminaron ahí. PP y Vox votaron juntos contra una proposición para instalar una placa en honor a la lucha LGTBI en la plaza de Pedro Zerolo. La placa fue aprobada de todos modos, gracias al resto de los grupos, y será descubierta en el acto de apertura del Orgullo. Juan Carlos Alonso, presidente de AEGAL, agradeció el gesto desde el pleno y advirtió que los discursos de odio crecieron durante la pandemia al mismo ritmo que las restricciones. «Estamos preparados, preparadas y 'preparades' para volver a hacerlo», afirmó, con un lenguaje que refleja también las preocupaciones de la comunidad trans.

La celebración fue retrasada una semana para no coincidir con la cumbre de la OTAN. El ayuntamiento aún debe recibir la solicitud formal de exoneración de límites de ruido, un permiso que concede de forma rutinaria desde que el Orgullo fue declarado bien de interés general en 2008. Madrid vuelve a ser escenario de una fiesta histórica, aunque la fachada de Cibeles permanezca, una vez más, sin el arcoíris.

Madrid se prepara para recuperar la plenitud del Orgullo después de dos años de restricciones pandémicas. El 9 de julio, la ciudad volverá a recibir a unos dos millones de personas en una manifestación que partirá desde la estación de Atocha y terminará en la plaza de Colón, con más de 50 carrozas representando a instituciones y asociaciones de toda España. Es el regreso a lo que la vicealcaldesa Begoña Villacís, de Ciudadanos, describió como «la normalidad»: las mismas rutas, los mismos escenarios, el mismo despliegue de seguridad y limpieza que caracterizaba las celebraciones previas a 2020.

La única novedad de peso en la geografía de la fiesta es que la plaza de España reemplazará a la Puerta del Sol como uno de los epicentros principales, debido a que esta última se encuentra en obras. Los organizadores —la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales, el Colectivo LGTB+ de Madrid y la Asociación de Empresas y Profesionales para Gays y Lesbianas— han planificado escenarios en la plaza de Pedro Zerolo, donde se pronunciará el pregón; en la plaza de Callao; en el palacio de Cibeles; en la plaza de Colón; y, por primera vez, en la plaza del Rey, donde se instalará una tarima dedicada específicamente a las mujeres. El ayuntamiento también ha confirmado que desplegará urinarios durante la celebración, respondiendo así a rumores que circulaban sobre su ausencia.

Uno de los temas que ha generado mayor fricción política es la ausencia de la bandera arcoíris en la fachada del Palacio de Cibeles. Desde que José Luis Martínez-Almeida asumió la alcaldía, la enseña solo ha ondeado una vez, en 2019. El Gobierno municipal, formado por el PP y Ciudadanos, justifica esta decisión apelando a dos argumentos distintos: los populares hablan de la «neutralidad» que deben mantener las instituciones públicas, mientras que Ciudadanos se ampara en una sentencia del Tribunal Supremo de mayo de 2020 que estableció que solo las banderas oficiales —la de España, la Comunidad de Madrid, la del ayuntamiento y la de la Unión Europea— pueden ondear en edificios públicos. Vox intentó forzar la cuestión presentando una proposición en el pleno municipal para prohibir explícitamente las banderas no oficiales, pero la iniciativa fue rechazada, con solo los votos del propio Vox y el PP a favor.

La tensión sobre el simbolismo LGTBI en espacios públicos refleja divisiones más profundas dentro del Gobierno municipal. El portavoz del PP argumentó que «la bandera de España ya representa a todos los homosexuales y a todos los heterosexuales», intentando distanciarse del lenguaje más confrontacional de Vox. Sin embargo, ambos partidos votaron juntos contra la proposición del Grupo Mixto de colocar una placa en honor a la lucha por los derechos LGTBI en la plaza de Pedro Zerolo. Esa placa sí fue aprobada finalmente, gracias a los votos de otros grupos, y será descubierta en el acto de apertura del Orgullo. Ciudadanos, por su parte, ha señalado que no existe pronunciamiento judicial en contra de la simbología LGTBI que lucen en algunas juntas de distrito, lo que les permite mantener cierta distancia del PP sin romper la coalición.

Juan Carlos Alonso, presidente de AEGAL, acudió al pleno municipal como invitado y expresó su gratitud por la placa, subrayando la importancia de la visibilidad después de dos años en los que, según su análisis, los discursos de odio aumentaron proporcionalmente a las restricciones de la pandemia. «Estamos preparados, preparadas y 'preparades' para volver a hacerlo», afirmó, utilizando una forma de lenguaje inclusivo que refleja las preocupaciones de la comunidad trans. El ayuntamiento aún debe recibir la solicitud formal de los organizadores para la exoneración de los límites de ruido, un permiso que ha otorgado de manera rutinaria desde 2008, cuando el Orgullo fue declarado bien de interés general. La celebración fue retrasada una semana para evitar que coincidiera con la cumbre de la OTAN, prevista entre el 1 y el 10 de julio.

La vuelta del Orgullo a su formato completo marca un momento de transición para Madrid. Después de dos años en los que la pandemia limitó las celebraciones, la ciudad se prepara para recibir nuevamente a millones de personas en las calles. Pero la ausencia de la bandera arcoíris en Cibeles, justificada por neutralidad institucional y sentencia judicial, permanece como un símbolo de las tensiones políticas que rodean la visibilidad LGTBI en espacios públicos, incluso en una ciudad que históricamente ha sido referente en la celebración de estos derechos.

El Orgullo se va a celebrar como todos los años prepandémicos, no se va a la Casa de Campo, se queda en Madrid
— Begoña Villacís, vicealcaldesa
Después de dos años de pandemia, en los que ha sido directamente proporcional el aumento de los discursos de odio, es importantísimo hacernos visibles
— Juan Carlos Alonso, presidente de AEGAL
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué el Tribunal Supremo decidió prohibir la bandera arcoíris en edificios públicos?

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La sentencia de 2020 estableció que solo las banderas oficiales —España, la comunidad autónoma, el municipio, la UE— pueden ondear en edificios públicos. El argumento fue que cualquier otra bandera, incluso la arcoíris, representa una posición ideológica particular, no la neutralidad que debe caracterizar a las instituciones.

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Pero eso parece contradecir la idea de que el Orgullo es un bien de interés general.

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Exactamente. El Orgullo fue declarado bien de interés general en 2008, lo que permite excepciones en materia de ruido y movilidad. Pero la sentencia sobre banderas se aplicó de manera diferente: la neutralidad institucional prevalece sobre la visibilidad simbólica.

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¿Cómo justifican esto el PP y Ciudadanos si gobiernan juntos?

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Cada uno usa un argumento distinto. El PP habla de neutralidad institucional; Ciudadanos se ampara en la sentencia judicial. De esa forma, ambos pueden votar lo mismo sin parecer que están de acuerdo en lo mismo.

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¿Y la comunidad LGTBI cómo lo vive?

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Con una mezcla de pragmatismo y frustración. Celebran que el Orgullo vuelva en toda su magnitud, que haya una placa nueva, que se reconozca su importancia. Pero la ausencia de la bandera en Cibeles es un recordatorio de que la visibilidad sigue siendo negociada, no garantizada.

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¿Qué significa que sea la primera vez que hay una tarima dedicada a mujeres?

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Refleja que el movimiento LGTBI está siendo más específico sobre las voces que amplifica. No es solo una celebración general; es un reconocimiento de que las mujeres lesbianas y trans tienen experiencias y demandas que merecen su propio espacio.

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¿Cree que esto cambiará después de este Orgullo?

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Es difícil saberlo. La sentencia del Tribunal Supremo es firme. Lo que puede cambiar es la presión política: si la comunidad moviliza suficientemente, los gobiernos futuros podrían interpretar la neutralidad institucional de otra manera.

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