Organizaciones populares de Panamá rechazan la 56 Asamblea de la OEA

Las medidas de seguridad reforzada durante la Asamblea restringen el derecho a la protesta de movimientos sociales y ciudadanía panameña.
Los vendepatrias se alían con los vendepatrias
Coordinador de Frenadeso rechaza la presencia de opositores cubanos en la Asamblea de la OEA.

Frenadeso y colectivos sociales condenaron el reforzamiento policial durante la Asamblea, argumentando que busca limitar manifestaciones de movimientos sociales. Los manifestantes calificaron la OEA como instrumento de intereses estadounidenses y cuestionaron la autoridad moral del Gobierno panameño para juzgar otros sistemas políticos regionales.

  • Frenadeso y colectivos sociales marcharon el 22 de junio contra la minería y la Asamblea de la OEA
  • Gobierno reforzó presencia policial argumentando seguridad durante la cita hemisférica
  • Manifestantes califican la OEA como instrumento de intereses estadounidenses
  • Presidente Mulino inauguró la Asamblea con énfasis en cooperación regional contra crimen organizado y cambio climático

Organizaciones sociales panameñas rechazaron la 56 Asamblea General de la OEA, acusando al Gobierno de subordinación a Estados Unidos y denunciando restricciones al derecho de protesta durante el evento hemisférico.

En las calles de Ciudad de Panamá, mientras se preparaba el escenario para la 56 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, miles de personas marchaban en dirección opuesta. El 22 de junio, activistas del Frente Nacional en Defensa de los Derechos Económicos y Sociales convocaron una protesta contra la minería a cielo abierto que se convirtió en algo más: un rechazo frontal a la presencia misma de la OEA en territorio panameño y a lo que consideran una política de sometimiento del Gobierno hacia Washington.

Desde la Plaza 5 de Mayo, en el corazón de la capital, los manifestantes levantaban consignas que resonaban entre los edificios: "Seguimos en Resistencia", "No a la Farsa". No era solo una protesta contra un organismo internacional. Era una acusación contra el Gobierno panameño por reforzar la presencia policial en las calles bajo el pretexto de garantizar seguridad durante la cita hemisférica. Los activistas denunciaban que esas medidas buscaban, en realidad, asfixiar el derecho a la protesta, cerrar espacios que consideran fundamentales para la expresión de los movimientos sociales.

Los colectivos que participaban en la marcha no veían a la OEA como una institución neutral. La caracterizaban como un instrumento al servicio de los intereses estadounidenses, un mecanismo para proyectar poder desde Washington hacia el resto del continente. Y cuestionaban, con dureza, la autoridad moral del Gobierno panameño para juzgar a otros países de la región, en particular a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Esa crítica apuntaba a lo que perciben como una hipocresía: un Gobierno que restringe libertades en casa pero se presenta como defensor de valores democráticos en el escenario internacional.

La tensión escaló cuando los organizadores mencionaron la presencia en Panamá de Rosa María Payá y José Daniel Ferrer, figuras que los manifestantes consideraban mercenarios al servicio de Washington. Jorge Guzmán, coordinador de Frenadeso, fue directo en su lenguaje: los calificó como gente despreciable que se llaman cubanos pero viven en Miami, llegados para sabotear e incomodar. "Los vendepatrias se alían con los vendepatrias", afirmó, resumiendo en esa frase la visión de los activistas sobre las alianzas políticas que veían desplegarse.

Mientras tanto, en el Centro de Convenciones Atlapa, el presidente José Raúl Mulino inauguraba formalmente la Asamblea bajo el lema "América Unida en el Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá", evocando el encuentro que Simón Bolívar convocara desde Lima en 1824 y que se celebrara en el istmo dos años después. Mulino hablaba de cooperación regional, de la necesidad de que las naciones del continente se unieran para enfrentar desafíos comunes. Mencionó las tensiones geopolíticas que redefinían el orden internacional, las tecnologías que transformaban economías, las amenazas que ningún Estado podía enfrentar solo.

Entre esos desafíos, el mandatario panameño enumeró el crimen organizado transnacional, las presiones migratorias, el cambio climático, las brechas digitales y las demandas ciudadanas por instituciones más eficaces. Anunció que Panamá auspiciará una reunión regional dedicada a temas de seguridad, en coordinación con la OEA, para fortalecer el intercambio de inteligencia, la cooperación judicial y la coordinación operativa contra el narcotráfico y otras formas del crimen organizado.

La Asamblea reunía a presidentes como Bernardo Arévalo de Guatemala y Nasry Asfura de Honduras, además de un centenar de delegaciones internacionales. Pero en las calles, la otra Panamá seguía gritando. Dos visiones del país, dos formas de entender qué significaba estar en el hemisferio americano, se enfrentaban en el mismo espacio geográfico, separadas apenas por algunas cuadras pero por abismos políticos que parecían insalvables.

Vivimos una época marcada por tensiones geopolíticas que redefinen el orden internacional, por tecnologías que transforman nuestras economías y por amenazas que ningún Estado puede enfrentar en solitario
— Presidente José Raúl Mulino, durante la inauguración de la Asamblea
Los vendepatrias se alían con los vendepatrias
— Jorge Guzmán, coordinador de Frenadeso, refiriéndose a la presencia de opositores cubanos
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué los activistas ven la OEA como un problema y no como una oportunidad para que Panamá tenga voz en asuntos regionales?

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Para ellos, la OEA no es un espacio neutral donde todos tienen igual poder. Es una estructura que amplifica la voz de Washington y debilita la de países más pequeños. Cuando ven al Gobierno panameño usando la Asamblea para hablar de democracia mientras refuerza la policía en las calles, eso confirma su sospecha: que Panamá está alineado con los intereses estadounidenses, no con los de su propia gente.

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¿Qué significa exactamente que el Gobierno "restringe el derecho a la protesta"?

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Significa que aumentaron la presencia policial, que hay menos espacios donde la gente puede manifestarse sin riesgo, que el mensaje implícito es: durante esta Asamblea, no protestaremos. Los activistas lo ven como una prioridad clara: la imagen internacional importa más que la libertad de expresión interna.

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¿Quiénes son Payá y Ferrer y por qué su presencia molesta tanto?

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Son figuras que los activistas ven como opositores al Gobierno cubano que viven en Miami y tienen apoyo estadounidense. Su presencia en Panamá durante la Asamblea, para los manifestantes, es una prueba más de que la OEA es un instrumento para socavar gobiernos que no se alinean con Washington. Es simbólico: la OEA trae a gente que considera enemigos de Cuba, Nicaragua, Venezuela.

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¿Qué quería decir Mulino con su discurso sobre cooperación?

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Hablaba de amenazas reales: narcotráfico, migración, cambio climático. Cosas que ningún país puede resolver solo. Pero para los activistas, ese lenguaje de cooperación es una cobertura para profundizar la subordinación. Cuando Mulino anuncia una reunión sobre seguridad con la OEA, ellos ven más control estadounidense, no más cooperación genuina.

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¿Hay algo en común entre lo que pide Mulino y lo que piden los manifestantes?

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Ambos quieren enfrentar el crimen organizado y mejorar la vida de los panameños. Pero difieren radicalmente en cómo hacerlo y con quién. Mulino cree que la cooperación con Estados Unidos y la OEA es el camino. Los activistas creen que esa cooperación es exactamente lo que ha mantenido a Panamá subordinado. Son dos Panamás irreconciliables en ese momento.

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