La Organización Mundial de la Salud ha trazado un mapa de esperanza frente a uno de los temores más profundos del envejecimiento humano: la demencia no es un destino inevitable. Con nuevas directrices que señalan que casi la mitad del riesgo puede prevenirse, la OMS invita a gobiernos, sistemas de salud y comunidades a actuar décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas, reconociendo que el cuidado del cerebro es también el cuidado del vínculo social y del alma.