Este no es el momento de reducir el apoyo a los países
La malaria sigue siendo una crisis global: 282 millones de casos y más de 600.000 muertes en 2024, con estancamiento en la reducción desde 2015. Los países necesitan 8.500 millones de dólares anuales pero solo reciben el 40% de esa cifra; algunos países recibirán entre 10-30% menos de financiación.
- 282 millones de casos y más de 600.000 muertes por malaria en 2024
- Se necesitan 8.500 millones de dólares anuales pero solo se reciben 3.400 millones (40%)
- Algunos países recibirán entre 10% y 30% menos de financiamiento en el próximo ciclo
- Diez países concentran más del 70% de la carga mundial de malaria
- Vacunas reducen mortalidad infantil en 13% y hospitalizaciones en 22%
El director de programas de malaria de la OMS advierte que los recortes en financiamiento internacional, agravados por el cierre de USAID, ponen en riesgo los avances logrados contra una enfermedad que causa 600.000 muertes anuales, principalmente en África subsahariana.
Daniel Ngamije, médico ruandés que dirige los programas de malaria de la Organización Mundial de la Salud, acaba de advertir a gobiernos y donantes internacionales sobre una amenaza que considera inmediata y grave: los recortes en financiamiento global para la salud están llegando en el peor momento posible para una enfermedad que mata a más de 600.000 personas cada año. Ngamije, quien fue ministro de Salud de Ruanda entre 2020 y 2022, hizo estas declaraciones tras participar en la Conferencia de Salud Global organizada por la Fundación Mundo Sano en Madrid, y su mensaje fue directo: ahora que la ciencia cuenta con más herramientas que nunca para combatir la malaria, los países no pueden permitirse el lujo de reducir su apoyo.
La crisis financiera es más profunda de lo que muchos comprenden. Los países afectados por la malaria necesitan aproximadamente 8.500 millones de dólares anuales para mantener programas de prevención, diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, solo están recibiendo alrededor del 40% de esa cantidad. La situación se ha deteriorado aún más con el cierre de USAID, la agencia estadounidense que durante décadas fue uno de los principales financiadores de la salud global. Con las reposiciones del Fondo Mundial y Gavi por debajo de lo esperado, algunos países enfrentan reducciones de entre el 10% y el 30% en su financiamiento respecto al ciclo anterior. Ngamije subraya que incluso antes de estos recortes recientes, los programas ya estaban insuficientemente financiados, cubriendo menos del 50% de las necesidades globales.
Las consecuencias en el terreno son tangibles y preocupantes. En 2024, se registraron 282 millones de casos de malaria y más de 600.000 muertes, la mayoría en menores de cinco años y mujeres embarazadas en África subsahariana. Esta cifra representa un ligero incremento respecto a 2023. Diez países concentran más del 70% de toda la carga mundial: Nigeria, República Democrática del Congo, Uganda, Etiopía, Mozambique, Tanzania, Malí, Níger, Costa de Marfil y Burkina Faso. Lo más inquietante es que desde 2015, el ritmo de reducción de casos y muertes se ha estancado, después de que entre 2000 y 2015 se registraran los mayores avances. Las razones son múltiples: la resistencia de los mosquitos a los insecticidas y de los parásitos a ciertos tratamientos, sistemas sanitarios débiles, financiamiento insuficiente y el cambio climático.
Los datos de 2025 aún no están disponibles, pero Ngamije advierte que podrían ser aún peores. El crecimiento de la población, los fenómenos meteorológicos extremos y los desplazamientos causados por la inseguridad exponen a más personas a las picaduras de mosquitos transmisores. Si los países no pueden mantener la cobertura de intervenciones esenciales, habrá más casos y más muertes. Sin embargo, no todo es oscuridad. La ciencia ha avanzado significativamente. Se están distribuyendo mosquiteras tratadas con insecticidas de nueva generación, incluidos modelos con doble ingrediente activo. Hay nuevos tratamientos para combatir la resistencia de los parásitos, y medicamentos en desarrollo que no se basan en la artemisinina, utilizada durante más de 20 años en algunos países.
Las vacunas representan un hito histórico. Después de más de 50 años de espera, ahora hay dos vacunas disponibles, utilizadas en 25 países. Entre los niños vacunados se ha observado una reducción del 13% de la mortalidad infantil en comparación con quienes solo recibieron intervenciones convencionales, y una disminución de hasta el 22% en los ingresos hospitalarios. Se espera que los costes disminuyan en los próximos años, facilitando su adopción por más países. Pero estas herramientas solo funcionan si llegan a quienes las necesitan, y eso requiere financiamiento sostenido.
Ngamije enfatiza que el impacto de la malaria va mucho más allá de las muertes. Una familia con cinco o seis hijos, donde cada niño puede sufrir dos episodios de malaria al año, enfrenta gastos directos en atención sanitaria que frecuentemente llevan al empobrecimiento. Los niños faltan a la escuela. En muchos países, entre el 60% y el 70% de las consultas médicas son por fiebre, uno de los principales síntomas de la malaria, lo que sobrecarga los sistemas sanitarios y reduce su capacidad para tratar otras enfermedades. Invertir en malaria, entonces, fortalece los sistemas de salud y tiene efectos multiplicadores en educación, productividad y desarrollo económico. El mensaje de Ngamije es claro: este no es el momento de reducir el apoyo a los países.
Citas Notables
Si los países no pueden mantener la cobertura de las intervenciones esenciales para prevenir, diagnosticar y tratar la malaria, habrá más casos y más muertes— Daniel Ngamije, director de programas de malaria de la OMS
El impacto global de la malaria sigue siendo enorme. Tiene consecuencias muy importantes en términos de mortalidad y morbilidad, pero también en productividad— Daniel Ngamije
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué insiste tanto en que ahora es el peor momento para los recortes, cuando la malaria lleva décadas siendo un problema?
Porque por primera vez tenemos herramientas que realmente funcionan. Vacunas, nuevos tratamientos, mosquiteras mejoradas. Pero si no tenemos dinero para distribuirlas, toda esa investigación de 50 años se desperdicia. Es como tener la llave pero no poder abrir la puerta.
Usted menciona que dos tercios de la financiación viene del exterior. ¿Eso no es un problema estructural? ¿No deberían los países africanos financiar su propia salud?
Claro que deberían aumentar sus presupuestos nacionales, y algunos lo están haciendo. Pero estos países enfrentan múltiples crisis simultáneamente. No es que no quieran invertir en malaria; es que no tienen los recursos. La malaria es una enfermedad de la pobreza, y los países más pobres son los más afectados.
¿Qué pasa si los recortes continúan? ¿Cuál es el escenario más probable?
Perderemos el progreso que hemos hecho. Los casos aumentarán, las muertes aumentarán, y los sistemas sanitarios se desplomarán bajo la presión. Pero también hay algo más sutil: si las nuevas herramientas no llegan a la gente, los gobiernos y los donantes pierden la fe en la investigación. ¿Para qué invertir 50 años en una vacuna si no se puede distribuir?
¿Y los países ricos? ¿Qué incentivo tienen para seguir pagando?
El incentivo es que una enfermedad descontrolada en África eventualmente afecta a todos. Pero más allá de eso, es una cuestión de retorno económico. Una familia empobrecida por la malaria no puede ser productiva. Los niños no van a la escuela. Los sistemas sanitarios se colapsan. El costo de no invertir es mucho mayor que el costo de invertir.