Un tiburón puede sentir tu corazón latiendo
Desde hace 450 millones de años, mucho antes de que existieran los árboles o los dinosaurios, los tiburones han habitado los océanos de la Tierra y sobrevivido a cinco extinciones masivas. La ciencia contemporánea ha comenzado a revelar que estos animales no son las máquinas de matar que el imaginario popular supone, sino criaturas dotadas de cognición, vínculos sociales, sentidos extraordinarios y una biología que en muchos aspectos refleja la nuestra. Su historia es, en parte, la historia de la vida misma en este planeta.
- La imagen del tiburón como depredador sin inteligencia se derrumba ante la evidencia: pueden distinguir patrones abstractos, realizar operaciones matemáticas básicas y retener información durante casi un año.
- Experimentos en Australia revelaron que los tiburones de Port Jackson desarrollan preferencias musicales reales, asociando el jazz con la recompensa y confundiéndose ante la música clásica.
- Su reproducción desafía los límites de lo conocido: algunos nacen con ombligo, otros libran guerras de canibalismo intrauterino antes de ver el mundo, y algunos permanecen en gestación hasta dos años.
- Lejos de ser solitarios, los tiburones mantienen amistades duraderas, aprenden en grupo y dos tiburones blancos llegaron a recorrer juntos 6.000 kilómetros sin separarse.
- Con ocho sentidos —incluyendo la capacidad de percibir campos eléctricos, magnéticos y hasta los latidos del corazón de una presa— los tiburones poseen una arquitectura sensorial que ningún otro animal en la Tierra replica.
Los tiburones llevan en la Tierra 450 millones de años: más tiempo que los árboles, que los dinosaurios, que los propios anillos de Saturno. Sobrevivieron a las cinco grandes extinciones masivas, incluida la del Pérmico-Triásico, que borró el 90 por ciento de la vida marina. Lo que la ciencia ha ido descubriendo sobre ellos contradice profundamente la imagen popular del tiburón como simple máquina de matar.
En experimentos controlados, tiburones bambú grises jóvenes demostraron capacidad para distinguir entre cantidades, reconocer patrones abstractos e ilusiones ópticas, y recordar esa información durante casi un año. En la Universidad Macquarie de Sydney, tiburones de Port Jackson aprendieron a asociar el jazz con una recompensa alimentaria, pero fallaban cuando sonaba música clásica: sabían que debían hacer algo, pero no lograban descifrar qué. Tenían, en definitiva, preferencias musicales.
Su biología reproductiva es igualmente sorprendente. Muchas especies gestan a sus crías con cordón umbilical, como los mamíferos, y las crías nacen con ombligo. Los tiburones tigre de arena van más lejos: sus embriones se devoran entre sí dentro del útero —un proceso llamado adelfofagia— hasta que solo queda un superviviente por cavidad, que luego se alimenta de óvulos no fecundados liberados por la madre.
Tampoco son solitarios. Los tiburones grises de arrecife mantienen grupos estables durante años. Las crías de tiburón limón aprenden en comunidad. Y dos tiburones blancos, Simon y Jekyll, viajaron juntos 6.000 kilómetros sin separarse en ningún momento.
Su piel, cubierta de diminutos dientes llamados dentículos, fue usada históricamente para pulir violines Stradivarius y como material de lujo por ebanistas victorianos. Pero lo más extraordinario es invisible: los tiburones poseen ocho sentidos. Además de los cinco habituales, detectan vibraciones a través de líneas laterales, perciben campos eléctricos mediante órganos de fosa, y con las ampollas de Lorenzini pueden sentir los impulsos eléctricos de las contracciones musculares de animales cercanos. Un tiburón puede percibir el latido de un corazón. También usan el campo magnético terrestre para orientarse a través de miles de millas de océano.
Nuestro ancestro común con los tiburones vivió hace 440 millones de años. Desde entonces, nuestras líneas evolutivas se separaron, pero hemos compartido este planeta durante todo ese tiempo. Ellos lo conocen, en muchos sentidos, mejor que nadie.
Los tiburones llevan más tiempo en la Tierra que los árboles, que los dinosaurios, que los anillos de Saturno. Hace 450 millones de años, cuando solo existían escamas fosilizadas de sus antepasados, el planeta era un lugar radicalmente distinto. Y sin embargo, estos depredadores oceánicos no solo sobrevivieron a las cinco grandes extinciones masivas que borraron la mayor parte de la vida marina —incluyendo la catástrofe del Pérmico-Triásico, que eliminó el 90 por ciento de toda vida en los océanos—, sino que evolucionaron hasta convertirse en criaturas de una sofisticación que desafía la imagen popular del tiburón como máquina de matar sin cerebro.
La ciencia ha comenzado a revelar lo que estos animales realmente son. Los tiburones pueden realizar operaciones matemáticas básicas. En experimentos controlados, tiburones bambú grises jóvenes demostraron ser capaces de distinguir entre tres y cinco, entre cuatro y siete, aunque fracasaban cuando los números estaban demasiado próximos. Podían recordar información sobre formas e ilusiones ópticas durante casi un año completo. No son máquinas. Son pensadores.
También tienen preferencias. Investigadores de la Universidad Macquarie en Sydney entrenaron a tiburones de Port Jackson, una especie australiana que habita en el fondo marino, para nadar hacia un punto específico del tanque cuando sonaba música, a cambio de comida. Los tiburones aprendieron rápidamente a asociar el jazz con la recompensa. Pero cuando sonaba música clásica, algo fallaba en la conexión. Como explicó el investigador Culum Brown, los tiburones sabían que debían hacer algo, pero no lograban entender que necesitaban ir a un lugar diferente. Tenían preferencias musicales. Preferían el jazz.
Su biología reproduce la nuestra de formas sorprendentes. Muchos tiburones —los toros, los martillos— gestan a sus crías en el útero y las alimentan a través de un cordón umbilical exactamente como los mamíferos. Las crías nacen con ombligo. Otros tiburones emplean estrategias reproductivas aún más extrañas: los embriones eclosionan dentro del cuerpo de la madre, que luego da a luz crías vivas. Los tiburones espinosos pueden estar preñados hasta dos años. Y luego están los tiburones tigre de arena, cuyas crías libran una batalla por la supervivencia que comienza antes del nacimiento. Las hembras tienen dos úteros, cada uno con hasta cinco embriones. Pero los embriones se devoran entre sí. El canibalismo intrauterino —adelfofagia, el acto de comerse al hermano— es su ley de la naturaleza. El último superviviente en cada útero recibe entonces un suministro constante de óvulos no fecundados que su madre libera, fortaleciéndose para el mundo que lo espera.
No son cazadores solitarios. Los tiburones grises de arrecife pasan años con el mismo grupo de amigos, luego se dividen en grupos más pequeños y se reúnen nuevamente según las estaciones. Las crías de tiburón limón viven en grupos y aprenden unas de otras: dónde encontrar comida, cómo evadir depredadores. Prefieren estar con tiburones de su mismo tamaño, con aquellos que ya conocen. Incluso los tiburones blancos, considerados tradicionalmente solitarios, pueden tener mejores amigos. Dos tiburones blancos llamados Simon y Jekyll viajaron juntos 6.000 kilómetros sin separarse ni una sola vez.
Su piel es una maravilla de ingeniería. En lugar de escamas, está cubierta de diminutos dientes llamados dentículos que se aplanan con el movimiento del agua, reduciendo la resistencia aerodinámica. En la Italia del siglo XVIII, los artesanos la usaban para pulir los delicados bordes de los violines Stradivarius. En la Gran Bretaña victoriana se convirtió en shagreen, un material preciado para los ebanistas. Si pasas la mano a contrapelo, sientes papel de lija. Los tiburones a veces chocan contra objetos desconocidos para palpar su textura con ese borde rugoso: una prueba de sabor perezosa para cosas que quizá no sean comida.
Pero lo más extraordinario es lo que no ves. Los tiburones poseen ocho sentidos. Además de vista, oído, olfato, gusto y tacto, tienen suprasentidos. A lo largo de cada lado de su cuerpo corren las líneas laterales, poros llenos de líquido y células sensoriales parecidas a pelos que se balancean con el movimiento del agua, permitiéndoles detectar vibraciones. Los órganos de fosa son células sensoriales similares a pelos distribuidas por todo el cuerpo que detectan campos eléctricos de baja frecuencia emitidos por otros animales, permitiéndoles cazar en la oscuridad total o encontrar presas escondidas en la arena. Las ampollas de Lorenzini, otra serie de sensores, pueden ser tanto electrorreceptoras como magnetorreceptoras. Cientos o miles de estos poros salpican la cabeza del tiburón, cada uno lleno de células nerviosas sensibles que perciben los impulsos eléctricos generados por las contracciones musculares de animales cercanos. Un tiburón puede sentir tu corazón latiendo. También pueden usar el campo magnético de la Tierra para orientarse y cruzar miles de millas de océano.
Nuestro antepasado común más cercano con los tiburones vivió hace 440 millones de años, aunque se parecía mucho más a un tiburón que a un ser humano. Nuestras líneas evolutivas se separaron hace milenios, pero nuestra existencia en esta Tierra está intrínsecamente ligada a la de ellos. Hemos compartido este planeta durante 450 millones de años. Ellos lo conocen mejor que nadie.
Citas Notables
Era obvio que los tiburones sabían que tenían que hacer algo cuando sonaba la música clásica, pero no lograban darse cuenta de que tenían que ir a un lugar diferente— Culum Brown, investigador de la Universidad Macquarie
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué importa que los tiburones puedan hacer matemáticas básicas? ¿Qué nos dice eso sobre ellos?
Nos dice que no son máquinas de instinto puro. Si pueden distinguir entre cantidades, si pueden recordar patrones durante meses, entonces están procesando información, tomando decisiones. No es solo hambre ciega.
Pero el experimento del jazz es extraño. ¿Qué significa que prefieran el jazz a la música clásica?
Significa que tienen preferencias. Que pueden asociar un sonido específico con una recompensa, pero no otro. Sugiere que hay algo en la estructura del jazz que sus cerebros procesan de manera diferente. No sabemos qué. Pero no es aleatorio.
¿Y el canibalismo intrauterino en los tiburones tigre de arena? ¿Cómo reconciliamos eso con la idea de que tienen mejores amigos?
Son dos estrategias de supervivencia completamente distintas. Dentro del útero, es una carrera por los recursos. Fuera, en el océano, la cooperación tiene valor. Los tiburones limón aprenden juntos. Los grises de arrecife se reúnen año tras año. Ambas cosas son verdaderas.
¿Qué tan antigua es realmente la línea de los tiburones?
Más antigua que cualquier cosa que podamos imaginar fácilmente. Cuando los primeros árboles estaban apenas comenzando a crecer, los tiburones ya llevaban 60 millones de años en los océanos. Sobrevivieron a cinco extinciones masivas. Eso es resiliencia en una escala que casi no podemos comprender.
¿Crees que los tiburones saben que pueden sentir los latidos del corazón?
Probablemente no de la manera que nosotros lo sabríamos. Pero sus cuerpos lo hacen. Tienen receptores que detectan esos impulsos eléctricos. Es información que fluye constantemente a través de sus sistemas nerviosos. Para ellos, es tan natural como respirar.
¿Qué nos falta entender sobre los tiburones?
Casi todo. Hemos comenzado a mirar debajo de la superficie, pero apenas. Sabemos que tienen amigos, que aprenden, que tienen preferencias. Pero no sabemos realmente qué significa eso para ellos. Cómo experimentan el mundo. Qué piensan cuando están solos.