Durante años, una red silenciosa de trabajadores tecnológicos norcoreanos ha operado en las entrañas del mercado laboral digital global, suplantando identidades, infiltrando empresas y canalizando sus ingresos hacia el programa nuclear de Pyongyang. El viernes, diecinueve agencias de nueve naciones occidentales rompieron ese silencio con una advertencia coordinada que revela cómo un régimen aislado ha convertido el ciberespacio en su principal fuente de financiamiento militar. Es la historia antigua de la supervivencia del poder bajo presión, reescrita en código y criptomonedas.