Las infecciones de transmisión sexual son un problema de salud, no de valores
En Argentina, una enfermedad que muchos jóvenes creían extinta regresa con fuerza: la sífilis aumentó un 71% entre 2019 y 2024, afectando principalmente a personas de 15 a 39 años. Shadia Giménez, una joven de 23 años de Bahía Blanca, convirtió su propio diagnóstico en un acto de educación pública al documentarlo en redes sociales, revelando que la ignorancia sobre las infecciones de transmisión sexual no es una falla moral sino una consecuencia del silencio institucional. Su historia personal ilumina una crisis colectiva: el colapso del uso de preservativos, la ausencia de campañas públicas y la persistente creencia de que las personas 'sanas' no contagian han creado las condiciones perfectas para que una bacteria antigua encuentre terreno nuevo.
- Los casos de sífilis en Argentina casi se duplicaron en cinco años, con más de 46.000 diagnósticos confirmados en 2025, y los especialistas advierten que el subregistro podría hacer la cifra aún más alarmante.
- El uso de preservativos se desplomó del 40% al 15% en apenas catorce años, mientras la compra global de condones cayó un 30%, dejando a toda una generación con menor protección frente a infecciones que no desaparecieron.
- Una joven que nunca había escuchado la palabra 'sífilis' se volvió viral al documentar su diagnóstico, acumulando más de 150.000 seguidores entre dos cuentas y transformando su angustia personal en una conversación pública urgente.
- Los médicos especialistas en adolescencia reportan un aumento sostenido de consultas por ITS y anticoncepción de emergencia, mientras señalan que no existe una campaña pública de prevención memorable en años recientes.
- La creencia cultural de que las personas 'buenas' o 'sanas' no transmiten infecciones sigue siendo el obstáculo más difícil de derribar, perpetuando ciclos de contagio que los tratamientos disponibles podrían interrumpir fácilmente.
Shadia Giménez tenía 23 años cuando una ampolla en el labio la llevó al médico. Pensó que era herpes, luego temió que fuera cáncer. Tras una biopsia, el diagnóstico la dejó paralizada: sífilis. "Nunca en mi vida había escuchado hablar de sífilis", recuerda. "No sabía si me quedaba un mes de vida o si tenía solución".
Desde Bahía Blanca, comenzó a documentar su recorrido en Instagram: la espera de resultados, la angustia, el alivio al completar el tratamiento con penicilina. Su primer perfil pasó de 2.000 a 91.000 seguidores tan rápido que la plataforma lo cerró. Abrió otro con 61.000. Su historia tocó un nervio porque los números la respaldan: la sífilis en Argentina pasó de 56,1 a 93 casos por cada 100.000 habitantes entre 2019 y 2024, con 46.613 casos confirmados en 2025, un 71% más que en el período anterior, afectando principalmente a jóvenes de 15 a 39 años.
Detrás del aumento hay una transformación cultural profunda. Solo el 15% de quienes se hacen test de VIH usó preservativo en su última relación sexual; en 2012 ese porcentaje era del 40%. A nivel mundial, la compra de condones cayó un 30%. Los especialistas apuntan a cambios culturales, el uso de otros métodos anticonceptivos y, sobre todo, la ausencia de inversión pública en campañas de concientización. "¿Cuál fue la gran última campaña pública que recordamos sobre este tema?", pregunta el pediatra Juan Pablo Bria. La respuesta implícita es que no hay una.
Giménez explica que la bacteria entró por una pequeña lesión en su labio, producto de la costumbre de mordérselo bajo estrés. Poco después recibió un telegrama de despido. Hoy, con el alta médica pero sin empleo, sigue subiendo contenido. Su mensaje central es claro: "Las infecciones de transmisión sexual son un problema de salud, no de valores". Y la observación que los médicos repiten como diagnóstico cultural persiste: la creencia de que una persona que "parece sana" no puede contagiar sigue siendo el obstáculo más difícil de vencer.
Shadia Brigitte Giménez tenía 23 años cuando una ampolla en el labio la llevó al consultorio. Primero pensó que era herpes. Luego temió que fuera cáncer. Después de una biopsia, un cirujano maxilofacial le dio el diagnóstico que la dejó congelada: sífilis. "Cuando recibí el diagnóstico, quise gritar", recuerda. "Nunca en mi vida había escuchado hablar de sífilis, no sabía ni cómo se contagiaba. El médico me hablaba y yo estaba en pausa. No sabía si me quedaba un mes de vida o si tenía solución".
Lo que comenzó como una experiencia personal se convirtió en un fenómeno viral. Desde Bahía Blanca, Giménez empezó a subir videos documentando su recorrido: la primera consulta, la espera de resultados, la angustia de no saber qué pasaría, el alivio final cuando completó el tratamiento con penicilina. Su primer perfil de Instagram pasó de 2.000 a 91.000 seguidores tan rápidamente que la plataforma se lo cerró. Abrió otro que ya acumula 61.000 seguidores. En sus videos habla con claridad y emoción sobre lo que no sabía, lo que debería haber sabido, y cómo se siente descubrir que una enfermedad que creía del pasado la había alcanzado a ella.
Su historia toca un nervio porque refleja una realidad que los números confirman. La sífilis en Argentina pasó de 56,1 casos por cada 100.000 habitantes en 2019 a 93 por 100.000 en 2024. En 2025, se registraron 46.613 casos confirmados, un 71 por ciento más que la mediana del período anterior. El aumento afecta principalmente a personas entre 15 y 39 años. Luciana Spadaccini, infectóloga de la Fundación Huésped, advierte que estas cifras podrían ser aún mayores si se considerara el subregistro de casos. Pero también señala que los números solos no explican el fenómeno: hay transformaciones biomédicas, sociales y culturales que han modificado las conductas sexuales y la percepción del riesgo.
Una de esas transformaciones es el colapso del uso de preservativos. Solo el 15 por ciento de las personas que se hacen test de VIH utilizó preservativo en su última relación sexual. En 2012, cuando la organización AIDS Healthcare Foundation Argentina comenzó a hacer testeos, ese porcentaje era del 40 por ciento. En catorce años, la caída fue abrupta. A nivel mundial, según el informe Global AIDS Update 2025 de ONU SIDA, la compra de preservativos cayó un 30 por ciento. En Argentina, la caída es similar o mayor. Los especialistas señalan cambios culturales, el uso de otros métodos anticonceptivos y la falta de inversión pública en campañas de concientización como causas principales.
Julieta Nachajon, médica pediatra especialista en adolescencia, lo ve en su consultorio. "El uso de preservativos ha disminuido drásticamente. No solo en las estadísticas, sino en la práctica diaria, tanto en el sistema público como privado", dice. Nota un aumento en consultas por anticoncepción de emergencia, síntomas de ITS y miedo después de no haberse cuidado. Juan Pablo Bria, también pediatra especialista en adolescencia, plantea una pregunta incómoda: "Durante muchos años se trabajó sobre medidas de prevención. Existían campañas masivas. Pero, ¿cuál fue la gran última campaña pública que recordamos sobre este tema?" La respuesta implícita es que no hay una.
Giménez explica que la ampolla en su labio se originó por estrés laboral. Tenía la costumbre de morderse el labio, y bajo presión, esa lastimadura se convirtió en la puerta de entrada para la bacteria. Poco después, recibió un telegrama de despido. Cuando habla sobre su contagio, subraya algo que los especialistas también destacan: la ignorancia sobre cómo se transmite la sífilis. "Las formas de contagio son muchas. Solamente con entrar en contacto con una llaga, úlcera o ampolla de una persona infectada puede haber contagio. La bacteria entra por pequeñas lesiones", explica. Y agrega algo crucial: "Las infecciones de transmisión sexual son un problema de salud, no de valores".
Bria cierra con una observación que resume el problema: "A pesar de tantos años de hablar sobre estos temas, aún existe la creencia de que si la persona con la que voy a estar es amiga, es buena o parece sana, no va a transmitirme ninguna infección". Giménez recibió mensajes de apoyo de personas que aprendieron algo de su experiencia, pero también mensajes hirientes. Ella los ve como otra forma de ignorancia. Ahora, sin trabajo pero con el alta médica en la mano, sigue buscando empleo. Su historia, sin embargo, sigue circulando, recordándole a una generación que creía que estas enfermedades eran cosa del pasado que la sífilis nunca se fue.
Citações Notáveis
Nunca en mi vida había escuchado hablar de sífilis, no sabía ni cómo se contagiaba. El médico me hablaba y yo estaba en pausa— Shadia Brigitte Giménez, diagnosticada con sífilis a los 23 años
¿Cuál fue la gran última campaña pública que recordamos sobre este tema?— Juan Pablo Bria, pediatra especialista en adolescencia de la Sociedad Argentina de Pediatría
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué crees que los videos de Shadia se volvieron virales cuando hay tantas historias de salud en las redes?
Porque ella hizo algo que casi nadie hace: hablar sin filtro sobre algo que genera vergüenza, pero que es completamente médico. No minimizó, no ocultó. Mostró el miedo real.
¿Qué te sorprende más del descenso en el uso de preservativos? ¿Es que la gente no sabe, o que no le importa?
Es más complejo. Una generación creció viendo que el VIH se controla con medicinas. Lograron prevenir embarazos con otros métodos. Entonces el preservativo dejó de parecer urgente. Pero nadie les explicó que las ITS no desaparecieron.
Shadia dice que no sabía cómo se contagiaba la sífilis. ¿Eso es culpa de quién?
De todos. Las campañas públicas desaparecieron. Los médicos no hablan de prevención si no hay síntomas. Las escuelas no enseñan. Y luego culpamos a los jóvenes por no saber.
¿Crees que su historia va a cambiar algo?
Ya cambió algo. Miles de personas aprendieron que la sífilis existe, que se contagia, y que no es cosa de juzgar. Pero eso no es suficiente. Necesitamos campañas, educación, acceso a preservativos. Un video viral no reemplaza política pública.
¿Qué fue lo más duro para ella, según lo que contó?
No fue el diagnóstico en sí. Fue descubrir que no sabía nada sobre algo que le estaba pasando. Y luego perder el trabajo mientras se recuperaba. La enfermedad fue médica. El daño fue social y económico.