Una autopista con guardarrails para el desarrollo humano de la inteligencia artificial
En un auditorio de Buenos Aires, el académico y ex funcionario Gustavo Béliz presentó un atlas de 500 páginas sobre inteligencia artificial para América Latina, fruto de dos años de trabajo. El libro no es solo un diagnóstico tecnológico, sino una invitación filosófica a que la región tome las riendas de su propio destino digital antes de que otros lo hagan por ella. En un mundo donde las normas sobre IA se multiplican sin coherencia y los empleos se transforman sin red de contención, Béliz propone que la humanidad elija conscientemente el tipo de agencia que quiere ejercer sobre sus propias creaciones.
- La irrupción de modelos de IA cada vez más autónomos ha dejado a América Latina sin una hoja de ruta propia, expuesta a regulaciones foráneas y contradictorias que suman ya cerca de dos mil normas globales sin marco común.
- El economista Felipe Larraín advirtió sin rodeos que la IA destruirá una cantidad importante de puestos de trabajo, y que abandonar a esos trabajadores a su suerte podría desencadenar una crisis social de proporciones.
- Béliz acuñó el concepto de 'IA Ceno' para describir un calentamiento tecnológico que ya no solo altera el planeta físico, sino las mentes, los cerebros y hasta la conformación genética de las personas.
- El panel reunido en la Universidad Austral reclamó que filósofos, sociólogos, juristas y otros actores multidisciplinarios participen en la programación de los modelos de lenguaje, arrebatando ese poder exclusivo a los tecnólogos.
- La propuesta central del atlas es una gobernanza 'glocal' que evite tanto el tecnoutopismo ingenuo como el tecnopesimismo paralizante, construyendo una autopista digital con guardarrails para el desarrollo humano.
Ante una sala colmada en la Universidad Austral, Gustavo Béliz presentó su Atlas de Inteligencia Artificial para el desarrollo humano de América Latina y el Caribe, un volumen de 500 páginas que tardó dos años en escribir. Su tesis de apertura fue directa: la IA puede ser una oportunidad transformadora para la región, siempre que se la gobierne con inteligencia y valentía.
El libro introduce el concepto de 'IA Ceno', una expansión del antropoceno que ya no describe solo el impacto humano sobre la corteza terrestre, sino un calentamiento tecnológico global que penetra en las mentes, los cerebros y la biología de las personas. Béliz distingue tres tipos de agencia: la humana autónoma, la híbrida —donde los dispositivos ya moldean nuestras decisiones cotidianas— y la autónoma digital, esa superinteligencia que opera fuera del control humano y que representa, a la vez, la mayor amenaza y la mayor oportunidad del momento histórico.
Uno de los nudos críticos que identifica es el feudalismo normativo: cerca de dos mil normas globales sobre IA que se contradicen entre sí y no tienen carácter vinculante. Recordando que entre la bomba atómica y el primer tratado de no proliferación nuclear pasaron 28 años, Béliz advirtió que la humanidad no puede permitirse esperar otra gran tragedia para acordar reglas mínimas.
El panel de expertos que acompañó la presentación amplió el diagnóstico. Ana Basco calificó el libro de manifiesto por su llamado simultáneamente técnico, político y filosófico. Felipe Larraín subrayó la urgencia de políticas públicas de reconversión laboral ante la destrucción de empleos que la IA ya está provocando. Enrique Zuleta Puceiro situó la IA en el umbral de lo que los filósofos llaman la ultramodernidad, un régimen centrado en la responsabilidad más que en la razón o la estética.
Béliz, con veinte años de trabajo en IA y 25 libros publicados sobre políticas sociales e innovación, cerró con una imagen: América Latina necesita construir una autopista digital, pero una autopista con los guardarrails adecuados. Ni tecnoutopismo que promete soluciones con un clic, ni tecnopesimismo que paraliza y renuncia a los beneficios reales de la inteligencia artificial. Una gobernanza glocal, que combine lo global y lo local, capaz de aplicar la tecnología al tránsito, la agricultura, la prevención de catástrofes y la industria, sin perder de vista el desarrollo humano como norte.
En el auditorio de la Universidad Austral, Gustavo Béliz se enfrentó a una pregunta que define el momento histórico: ¿estamos ante una inteligencia artificial que nos retrocede, o ante una oportunidad para acelerar cambios positivos? Su respuesta fue clara. Apostamos a que sea una oportunidad importante, dijo ante una sala llena, presentando su nuevo libro Atlas de Inteligencia Artificial para el desarrollo humano de América Latina y el Caribe, un volumen de 500 páginas que tardó dos años en completarse.
El libro introduce un concepto que Béliz llama "IA Ceno", una idea que expande la noción del antropoceno más allá del cambio climático. Así como el antropoceno describe el impacto de la acción humana sobre la corteza terrestre, el IA Ceno describe un calentamiento tecnológico global multidimensional que no solo afecta el planeta físico, sino nuestras mentes, nuestros cerebros, nuestras células y hasta nuestra conformación genética. Estamos conviviendo con una nueva agencia, explicó. Primero existe la agencia humana típica, donde tomamos decisiones de forma autónoma. Luego está la agencia híbrida, donde nuestros teléfonos influyen constantemente en cómo comerciamos, sentimos y nos conectamos. El riesgo real es la agencia autónoma digital, aquella superinteligencia que opera fuera de nuestro control y desalineada de los propósitos para los cuales fue construida. Esa es la famosa superinteligencia, dijo, una amenaza y una oportunidad simultáneas para la humanidad.
Béliz no presenta estas advertencias como especulación personal. Cita a Geoffrey Hinton, uno de los creadores de los grandes modelos de lenguaje, y bromea: a veces pienso que es como si hubieran aterrizado extraterrestres y la gente no se da cuenta porque hablan muy bien inglés. Cuando comenzó a trabajar en el libro, ChatGPT aún no existía. El lanzamiento posterior de modelos agénticos más avanzados profundizó el escenario que describe. A pesar de esto, ve en la IA una gran oportunidad de transformación para América Latina. El atlas, dijo, es una carta de navegación.
Uno de los problemas centrales que identifica es lo que llama feudalismo normativo. Existen aproximadamente dos mil normas globales sobre IA, pero no hay un marco común ni un aterrizaje mandatorio, y muchas son contradictorias entre sí. Béliz evoca su trabajo con el Papa Francisco hace más de una década, cuando impulsaron principios simples pero obligatorios que tuvieran consecuencias, evitando regulaciones excesivamente complejas. Advierte que desde el lanzamiento de la bomba atómica en 1945 hasta el primer tratado de no proliferación nuclear transcurrieron 28 años. No podemos esperar veintiocho años para que ocurra una gran tragedia para tener una normativa mínimamente acordada, señaló. El atlas estudia posibles salidas para ese escenario.
La presentación contó con un panel de expertos que profundizó en diferentes dimensiones del problema. Ana Basco, directora de Insight LAC, definió el libro no solo como un atlas sino como un manifiesto, porque sienta una posición contundente y apasionada sobre la inteligencia artificial, llamando a la acción de forma simultáneamente técnica, política y filosófica. Julio Conte Grand, Procurador General ante la Suprema Corte de Buenos Aires, destacó sus aspectos didácticos y pedagógicos sobre una problemática que hay que encarar de forma inminente. Felipe Larrain, director de CLAPES UC desde Chile, abordó la destrucción de empleos. Aunque la IA sea creadora neta de empleo, va a destruir una cantidad importante de puestos de trabajo, advirtió. Esa destrucción requiere acción y políticas públicas. No podemos dejar esa gente abandonada a su suerte. Se requieren políticas de capacitación y reconversión laboral, porque si no, vamos a tener una situación social muy complicada.
Béliz enfatizó que la programación de estos modelos de lenguaje no debe estar únicamente en manos de tecnólogos. Deben estar filósofos, sociólogos, odontólogos, abogados, una cantidad multidisciplinaria de actores para establecer las reglas del juego. Enrique Zuleta Puceiro, profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, definió la IA como un instrumento que excede a la herramienta, como una concepción del mundo y una inteligencia social que permite pasar a lo que muchos filósofos llaman la ultramodernidad, centrada en la responsabilidad en lugar de la razón o la estética.
Béliz ha trabajado con inteligencia artificial durante veinte años, comenzando en su etapa en el Banco Interamericano de Desarrollo cuando se interesó en la prevención de la violencia a través de la predicción de hechos criminales. Ha publicado 25 libros enfocados en políticas sociales, integración regional e innovación tecnológica. Actualmente es miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales del Vaticano e integra el Consejo de Líderes de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Su mensaje es claro: América Latina necesita una gobernanza glocal que combine lo global y lo local, que permita aplicar la tecnología para mejorar el tránsito, la producción agropecuaria, la prevención de catástrofes climáticas y los procesos industriales. No se trata de caer ni en el tecnoutopismo que supone que un clic resuelve todos los problemas, ni en el tecnopesimismo paralizante que evita los mejores beneficios de la inteligencia artificial. Es como una autopista, dijo. La principal autopista que tenemos que construir es una que tenga los adecuados guardarrails para el desarrollo humano y positivo de la inteligencia artificial.
Citações Notáveis
Apostamos a que sea una oportunidad importante— Gustavo Béliz, sobre la inteligencia artificial como transformación positiva
La inteligencia artificial va a destruir una cantidad importante de empleo. Se requieren políticas de capacitación y reconversión laboral, porque si no, vamos a tener una situación social muy complicada— Felipe Larrain, director de CLAPES UC
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué ahora? ¿Qué cambió entre cuando escribió Algoritmolandia y este nuevo atlas?
Cuando escribí Algoritmolandia hace más de diez años, ChatGPT no existía. Los modelos agénticos eran cosa de laboratorio. Ahora están en las manos de miles de millones de personas. La velocidad de transformación se aceleró exponencialmente. El atlas es una respuesta a esa aceleración.
Usted habla del "IA Ceno" como un cambio de era. ¿Es realmente comparable al antropoceno?
El antropoceno describe cómo la acción humana cambió la corteza terrestre. El IA Ceno describe algo más profundo: cómo la inteligencia artificial está cambiando nuestras mentes, nuestros cerebros, nuestras decisiones. No es solo un cambio externo. Es un cambio de cómo pensamos y decidimos.
El panel mencionó la destrucción de empleos. ¿Cómo se evita una crisis social?
No se evita ignorándola. Larrain lo dijo bien: aunque la IA sea creadora neta de empleo, destruirá muchos puestos. Necesitamos políticas de reconversión laboral, capacitación, una red de contención. Si no actuamos ahora, la brecha social se vuelve insalvable.
Usted critica el "feudalismo normativo". ¿Qué debería reemplazarlo?
Un marco global unificado que no sofoque la innovación pero tampoco desproteja a las personas. El Papa Francisco lo planteó bien: principios simples pero obligatorios, con consecuencias reales. No necesitamos dos mil normas contradictorias. Necesitamos una brújula común.
¿Quién debería leer este libro?
Los decisores públicos, principalmente. Aquellos que toman decisiones regulatorias que impactan en millones de ciudadanos. Pero también cualquiera que quiera entender qué está pasando. El atlas tiene gráficos, imágenes, herramientas visuales. No es solo para expertos.
¿Cuál es el riesgo más grande que ve?
La superinteligencia autónoma desalineada de nuestros propósitos. Una agencia digital que opera fuera de nuestro control. Geoffrey Hinton, uno de los creadores de estos modelos, lo advierte. Es como si hubieran aterrizado extraterrestres y nadie se diera cuenta porque hablan muy bien inglés.