Hace tres décadas, Nokia entregó al mundo un objeto que la mayoría no supo nombrar en su momento: el primer teléfono inteligente de la historia. El Nokia 9000 Communicator, lanzado en agosto de 1996, anticipó en once años la revolución que Apple desataría con el iPhone, y demostró que la visión pionera no garantiza la permanencia. Su historia es la de toda innovación genuina: llega antes de que el mundo esté listo, y a veces el mundo termina siguiendo a quien llegó después.