Àlex Ollé estrena 'Los persas' en Siracusa con un grito contra la guerra

La obra dramatiza el sufrimiento de víctimas de guerra a través de monólogos de una viuda, un soldado traumatizado y una madre que perdió a su hijo en combate.
La vanidad de algunos líderes lo arrasa todo y puede llevar a guerras que destruyen a sus propios ciudadanos
Àlex Ollé explica el mensaje antimilitarista de su versión de Los persas en el teatro de Siracusa.

En el teatro griego de Siracusa, construido sobre la misma roca donde Esquilo imaginó sus tragedias, el director catalán Àlex Ollé ha devuelto a la vida la obra más antigua del teatro occidental sin alterar una sola palabra de su texto. Cinco mil espectadores aplaudieron una puesta en escena que tiende un puente silencioso entre la derrota persa en Salamina y las guerras que hoy siguen destruyendo ciudadanos anónimos. Como hizo Esquilo al adoptar la perspectiva de los vencidos, Ollé recuerda que el arte más duradero no celebra el poder, sino que llora a quienes lo padecen.

  • Dirigir Los persas —una obra sin acción convencional, llena de largos coros y códigos remotos— era una apuesta de alto riesgo que Ollé resolvió sin tocar el texto original.
  • Tres personajes contemporáneos irrumpen desde las gradas: una viuda, un soldado traumatizado y una madre en duelo, cuyos monólogos extraídos de testimonios reales sacuden al público con una urgencia que Esquilo nunca pudo anticipar.
  • La tensión entre lo milenario y lo inmediato se resuelve en el escenario circular con una mesa de gabinete, pantallas de primeros planos y una pancarta que despliegan espectadores-actores: 'No alla guerra'.
  • Cinco mil personas de pie cada noche, aplaudiendo incluso durante la función, confirman que el mensaje antimilitarista de Esquilo no ha perdido ni un gramo de su peso moral después de veinticinco siglos.

Àlex Ollé, cofundador de La Fura dels Baus y veterano de grandes óperas y coliseos, describe su debut en el teatro griego de Siracusa como un momento de pura dicha. Cinco mil espectadores no solo aplauden al final: interrumpen la función con oleadas de emoción que rompen el silencio de la noche siciliana.

La obra elegida, Los persas, es la tragedia más antigua que se conserva completa. Carece de acción convencional y está llena de largos parlamentos corales. Ollé no modifica una sola palabra de Esquilo, pero construye a su alrededor una puesta en escena que carga el texto de suspense contemporáneo. En el escenario circular, la reina madre persa espera noticias del frente rodeada de un coro transformado en gabinete de militares y asesores; una gran pantalla amplifica los gestos de los actores en un auditorio tan vasto que de otro modo los tragaría. Cuando el mensajero herido de Giuseppe Sartori irrumpe para narrar la masacre, el público queda sin aliento.

La decisión más arriesgada llega cuando tres figuras contemporáneas saltan desde las gradas: una viuda de guerra, un soldado con estrés postraumático y una madre que perdió a su hijo en combate. Sus monólogos, extraídos de testimonios reales de conflictos actuales, conectan Salamina con Siria, con Ucrania, con cada guerra que sigue ocurriendo. En otro momento, una pancarta desplegada desde las gradas proclama: 'No alla guerra'. 'No necesitas nombrar a Trump o Putin para verlos en el escenario', dice Ollé.

El montaje se representa en Siracusa hasta el 28 de junio, alternando con La Ilíada de Giuliano Peparini, y viajará en julio al teatro romano de Pompeya. El escenario siciliano, Patrimonio de la Humanidad, solo abre en mayo y junio para preservarlo, y cada temporada convoca a miles de espectadores de todo el mundo que vienen a ver tragedias clásicas bajo el cielo abierto, sobre piedras excavadas en la roca, al atardecer, como en tiempos de los antiguos griegos.

Cinco mil personas de pie, aplaudiendo. No es un concierto, es teatro antiguo en el corazón de Sicilia, y Àlex Ollé, director catalán de 66 años, está viviendo lo que describe como un momento de pura dicha. Cofundador de La Fura dels Baus, la compañía que orquestó los espectáculos centrales de la inauguración de Barcelona 92, Ollé ha pasado décadas trabajando para multitudes en grandes óperas y coliseos. Pero estos días, en el milenario teatro griego de Siracusa, uno de los mayores recintos escénicos que existen, siente algo distinto: el público no solo aplaude al final, sino durante la función, interrumpiendo la acción con oleadas de emoción que rompen el silencio de la noche siciliana.

La obra que ha elegido para este debut no era sencilla. Los persas, la tragedia más antigua que se conserva completa, fue escrita por Esquilo en el siglo V antes de Cristo. Carece de acción convencional. Está llena de largos parlamentos del coro, descripciones minuciosas, códigos sociales remotos. Cualquier otro director habría reescrito el texto, lo habría modernizado, lo habría simplificado. Ollé no. Mantiene cada palabra de Esquilo intacta, pero la rodea de una puesta en escena sofisticada que carga la obra de suspense y emoción contemporánea. "Esto habla de cómo la vanidad de algunos líderes lo arrasa todo y puede llevar a guerras que destruyen a sus propios ciudadanos", explica. "No necesitas nombrar a Trump o Putin para verlos en el escenario".

La tragedia cuenta la victoria griega en Salamina, batalla en la que el propio Esquilo combatió, contra el ejército persa del rey Jerjes. Lo esperado en la época habría sido un relato épico cargado de testosterona, una celebración de la victoria griega. Esquilo hizo algo radical: adoptó la perspectiva de los perdedores. Convirtió la derrota persa en tragedia, en dolor, en reflexión sobre el costo humano de la guerra.

Sobre el escenario circular de Siracusa, Ollé reconstruye la tragedia alrededor de una mesa de reuniones. Aquí, la reina madre persa espera noticias del frente mientras discute la situación con un coro que se ha transformado en una especie de gabinete de militares, ministros y asesores. Una pantalla grande proyecta primeros planos de los actores, amplificando gestos y emociones que de otro modo desaparecerían en un auditorio tan vasto. Cuando Giuseppe Sartori irrumpe como un mensajero mortalmente herido, dando cuenta de la masacre sangrienta, el público queda sin aliento. Tanto Sartori como Anna Bonaiuto, la célebre actriz italiana que encarna a la reina, reciben ovaciones cada noche.

Pero la decisión más arriesgada llega cuando tres personajes contemporáneos saltan desde las gradas al escenario. Una joven viuda de guerra. Un soldado con estrés postraumático. Una madre que ha perdido a su hijo en combate. Sus monólogos son breves, extraídos de testimonios reales de víctimas de conflictos actuales que nunca se nombran pero que todos reconocen. Conectan Salamina con Siria, con Ucrania, con cada guerra que sigue ocurriendo mientras el público observa. En otro momento, desde las gradas, un pequeño grupo de espectadores-actores despliega una pancarta: "No alla guerra".

El estreno fue el 13 de junio. La obra se representará hasta el 28 en el teatro griego, alternando con La Ilíada dirigida por Giuliano Peparini. En julio, Los persas viajará al teatro romano de Pompeya, entre las ruinas de la ciudad sepultada por el Vesubio. Ambas son producciones del Instituto Nacional del Drama Antiguo de Italia, la institución que gestiona el escenario histórico desde 1914, cuando recuperó la actividad teatral después de siglos de abandono.

Siracusa se ha convertido en meca internacional del teatro grecolatino. El escenario, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, solo funciona en mayo y junio para preservarlo. Cada mes hay dos montajes alternos, siempre clásicos antiguos dirigidos por grandes nombres de la escena internacional. Esta temporada incluye Antígona de Robert Carsen y Alcestes de Filippo Dini. Miles de personas viajan cada año desde países diversos para vivir una experiencia que trasciende lo teatral: ver Los persas en una butaca de terciopelo no es lo mismo que verlo en el escenario para el que Esquilo lo escribió, bajo el cielo abierto, sobre piedras excavadas en la roca, con un bosque frondoso como telón de fondo y pájaros cruzando el aire mientras la tragedia comienza al atardecer y atraviesa el ocaso como en los tiempos de los antiguos griegos.

Esto habla de cómo la vanidad de algunos líderes lo arrasa todo y puede llevar a guerras que destruyen a sus propios ciudadanos. No necesitas nombrar a Trump o Putin para verlos en el escenario.
— Àlex Ollé, director
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué una obra tan antigua, tan sin acción, resuena ahora de esta manera?

Model

Porque Esquilo escribió sobre el poder y sus consecuencias. No sobre héroes victoriosos, sino sobre las madres, las esposas, los ciudadanos que quedan atrás cuando un rey decide ir a la guerra.

Inventor

¿Y esos tres personajes contemporáneos que irrumpen en la tragedia? ¿No rompen la experiencia?

Model

Al contrario. Hacen visible lo que Esquilo ya sabía: que el sufrimiento de la guerra es siempre el mismo, sea en Salamina o en cualquier lugar hoy. Los espectadores reconocen sus propias historias en esos monólogos.

Inventor

Ollé mantiene el texto original intacto. ¿No es arriesgado no modernizar?

Model

Es lo más inteligente. El texto no necesita cambiar. Lo que cambia es cómo lo ves, dónde lo ves, quién lo rodea. La verdad de Esquilo es tan profunda que sobrevive cualquier contexto.

Inventor

¿Qué significa que cinco mil personas aplaudan durante la función, no solo al final?

Model

Significa que están presentes. Que la tragedia los está tocando en tiempo real. No es entretenimiento pasivo. Es una experiencia compartida, como debió serlo en la Antigüedad.

Inventor

¿Por qué Siracusa y no un teatro moderno?

Model

Porque el lugar importa. Ver Los persas donde posiblemente Esquilo la vio representada, bajo las mismas piedras, bajo el mismo cielo, cambia todo. No es nostalgia. Es continuidad.

Quer a matéria completa? Leia o original em EL PAÍS ↗
Fale Conosco FAQ