En las afueras de Módena, una villa construida con devoción obsesiva por Luciano Pavarotti se ha convertido en un puente entre el hombre y el mito. Lo que comenzó como una apertura temporal en 2015 se transformó, ante el fervor de visitantes de todo el mundo, en un museo permanente donde la vida íntima y la carrera monumental del tenor coexisten bajo el mismo techo. Nicoletta Mantovani y la Fundación Luciano Pavarotti custodian ese espacio no como reliquia congelada, sino como expresión viva del sueño que Pavarotti nunca abandonó: que la cultura pertenezca a todos.