Neuquinas de 50 y 60 años logran hito mundial único: nadan en ambos polos

Nos jugamos el todo por esto porque creemos en el mensaje
Cristina y Carolina explican por qué continúan sin patrocinadores comerciales en sus expediciones extremas.

Dos nadadoras de Neuquén completaron travesías extremas en ambos polos sin protección térmica, demostrando que la edad no es límite para hazañas extraordinarias. El proyecto Nados Ambientales utiliza el deporte extremo como herramienta para visibilizar la crisis climática y la necesidad de proteger ecosistemas marinos polares.

  • Cristina Ganem y Carolina Modena, de 50 y 60 años, son las únicas argentinas en nadar en ambos polos
  • Nadaron 1 kilómetro en el Ártico noruego el 8 de junio de 2026, en aguas de 2-3 grados
  • El documental 'Nados Ambientales' registró su expedición a la Antártida, simbolizando 500.000 km² de áreas marinas a proteger

Cristina Ganem y Carolina Modena, neuquinas de 50 y 60 años, se convirtieron en las únicas argentinas en nadar en la Antártida y el Ártico, combinando desafíos extremos con conciencia ambiental.

Cristina Ganem y Carolina Modena regresaron a Neuquén hace poco, después de haber hecho algo que casi nadie en el mundo ha logrado: nadar en ambos polos sin protección térmica. A los 50 y 60 años, estas dos mujeres se convirtieron en las únicas argentinas en completar esa travesía extrema, y lo hicieron llevando un mensaje que trasciende el deporte.

Las dos se conocían del ambiente de la natación en aguas abiertas, ese círculo reducido donde los nombres se repiten porque son pocos los que se atreven a las aguas gélidas. Se admiraban mutuamente, pero nunca habían compartido un desafío hasta que en 2025 decidieron unir fuerzas para algo que parecía imposible: nadar en la Antártida sin protección térmica para visibilizar la necesidad de proteger las áreas marinas del continente blanco. Así nació Nados Ambientales, una iniciativa que combina el deporte extremo con la concientización ambiental. Para Cristina, la natación dejó de ser solo competencia. "Fui encontrando en la natación que podía nadar con propósito", reflexiona. Cada brazada, cada expedición, tenía un objetivo: hablar del cambio climático, la conservación de los ecosistemas, el impacto de las acciones cotidianas sobre el planeta.

La experiencia en la Antártida marcó un antes y un después. Completaron el desafío y registraron toda la expedición en el documental "5000 Brazadas", cuyo nombre simboliza los 500.000 kilómetros cuadrados de áreas marinas antárticas que buscan ser protegidas. Después llegó el Polo Norte. En junio de 2026, viajaron al archipiélago de Svalbard, en el Ártico noruego, donde una entidad especializada en nados extremos había reunido a apenas nueve nadadores de distintos países. Antes de entrar al agua, ambas debieron superar una prueba clasificatoria: nadar 250 metros en aguas de entre dos y tres grados y demostrar que podían recuperarse por sus propios medios. Solo después obtuvieron autorización para el verdadero desafío: completar un kilómetro frente a un glaciar, en un entorno donde la presencia de osos polares obligaba a extremar las medidas de seguridad.

La jornada del 8 de junio comenzó temprano. Tras más de una hora de navegación llegaron al fiordo donde las esperaba el campamento, custodiado por guardias y un equipo médico. Todo estaba cuidadosamente planificado: debían ingresar solas al agua, completar el recorrido sin asistencia y salir por sus propios medios. Pero para Carolina, el verdadero esfuerzo no eran esos veinte minutos en el agua. "No son solo esos 20 minutos. Es todo lo que se recorrió para poder llegar hasta ahí", reflexiona. Meses de entrenamiento, preparación física y mental, el acompañamiento de sus familias, una planificación minuciosa: todo eso fue parte del camino que hizo posible esa travesía.

Completar el kilómetro en las aguas gélidas del Ártico significó alcanzar el objetivo, pero todavía quedaba atravesar una de las etapas más exigentes: la recuperación. Con el cuerpo expuesto a temperaturas extremas, volver a entrar en calor puede demandar cerca de una hora y requiere asistencia inmediata. Para ese momento tan delicado tuvieron una compañía muy especial. Juan Bautista, el hijo de Cristina, y Milagros, la hija de Carolina, viajaron con ellas hasta Svalbard y fueron los encargados de recibirlas al salir del agua. Mientras ellas apenas podían mover las manos y recuperar el equilibrio, ellos las ayudaban a secarse, cambiarse de ropa y comenzar el proceso para recuperar la temperatura corporal. "Lo más lindo es sentir que llegaste, saliste caminando y tenés el abrazo de tu hijo, que te está esperando para ayudarte. Ahí se cambian los roles y son ellos quienes te cuidan", recordó Cristina.

Ambas coinciden en que todavía les cuesta dimensionar lo que lograron. Con las travesías en la Antártida y el Polo Norte se convirtieron en las únicas argentinas en completar ambos desafíos con un propósito ambiental, un hito que muy pocas personas alcanzaron en el mundo. En cada expedición llevaron la bandera argentina, pero también el orgullo de representar a Neuquén, la provincia donde entrenan, viven y desde donde comenzó un proyecto que hoy llegó hasta los dos extremos del planeta. Sin embargo, aseguran que el verdadero valor del proyecto no está en el reconocimiento. "Nosotras no tenemos sponsors. Nos jugamos el todo por esto porque creemos en los objetivos, creemos en este deporte y creemos en el mensaje que podemos dar", dicen. Creen que esa semilla queda en sus familias y en las generaciones que vienen. Ahora, de regreso en Neuquén, en sus hogares y profesiones, el viaje no ha terminado. El desafío es seguir sembrando conciencia, aportar con cada brazada un granito de arena para cuidar el lugar donde vivimos.

Fui encontrando en la natación que podía nadar con propósito. No era solamente una cuestión de competencia, sino que podía dejar una huella.
— Cristina Ganem
No son solo esos 20 minutos. Es todo lo que se recorrió para poder llegar hasta ahí.
— Carolina Modena
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Cómo es que dos nadadoras de 50 y 60 años deciden nadar en los polos sin protección térmica?

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No fue un capricho. Cristina y Carolina llegaron a esto porque encontraron en la natación extrema una manera de hablar de cosas que les importan: el cambio climático, la protección de los ecosistemas. El deporte se convirtió en el vehículo.

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Pero ¿por qué los polos específicamente?

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Porque son los lugares más vulnerables del planeta. La Antártida tiene 500.000 kilómetros cuadrados de áreas marinas que necesitan protección. El Ártico está desapareciendo. Nadar ahí, sin protección, es una forma de decir: esto es real, esto es urgente.

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¿Qué fue lo más difícil?

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No los veinte minutos en el agua. Fue todo lo anterior: meses de entrenamiento, la preparación mental, la planificación. Y después, la recuperación. El cuerpo expuesto a temperaturas extremas tarda casi una hora en volver a entrar en calor.

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¿Y sus familias?

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Sus hijos estaban ahí en Svalbard, esperándolas al salir del agua. Cristina dice que ese abrazo, cuando apenas podía moverse, fue lo más lindo. Los roles se invierten: los hijos cuidan a las madres.

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¿Qué esperan lograr ahora?

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Seguir sembrando conciencia. No tienen sponsors, se juegan todo por esto. Creen que la semilla queda en sus familias, en las generaciones que vienen. Cada brazada es un granito de arena para cuidar el planeta.

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