Durante más de dos décadas, el telescopio Swift ha sido testigo silencioso de los fenómenos más violentos del universo; ahora es él quien necesita ser rescatado. La expansión atmosférica provocada por el máximo solar de 2024 lo empuja inexorablemente hacia la Tierra, y la nave robótica LINK, construida en tiempo récord para salvarlo, lucha por recuperar su propia estabilidad tras fallos en sistemas críticos de orientación. En este momento, la misión que debía demostrar que ningún satélite está condenado al olvido enfrenta su prueba más humana: sobrevivir antes de poder salvar.