NatureBrain aplica la lógica de Bloomberg a la inversión en capital natural con Helena AI

Había dinero buscando invertir en naturaleza, pero no existían herramientas para analizarlo
García identificó la brecha de mercado que lo llevó a fundar NatureBrain tras su experiencia en Iberdrola.

En un momento en que el mundo busca reconciliar el capital con la naturaleza, una startup española llamada NatureBrain ha presentado Helena AI, una inteligencia artificial diseñada para analizar bosques, humedales y ríos con el mismo rigor con que los mercados examinan acciones y bonos. Fundada por Miguel Ángel García Tamargo tras dos décadas en el sector energético, la empresa propone que la naturaleza no solo tiene valor moral, sino también una lógica financiera que puede medirse, anticiparse y gestionarse. En un mercado global de capital natural que supera los 25 billones de dólares, esta apuesta tecnológica plantea una pregunta de fondo: ¿puede la inteligencia artificial ayudarnos a tomar mejores decisiones sobre el planeta?

  • Existe un volumen creciente de capital dispuesto a invertir en naturaleza, pero hasta ahora carecía de herramientas analíticas comparables a las que rigen los mercados financieros tradicionales.
  • Helena AI irrumpe en ese vacío ofreciendo predicciones concretas sobre el crecimiento de bosques, la captura de carbono y la evolución de ecosistemas, traduciendo la naturaleza al lenguaje de los inversores.
  • NatureBrain ya opera con clientes en cinco países y gestiona proyectos en seis continentes, lo que indica que la demanda de este tipo de análisis es real y transfronteriza.
  • La startup, rentable en menos de un año, apunta a capturar apenas el 1% de un mercado de 25 billones de dólares, lo que representaría un crecimiento exponencial para la compañía.
  • Más allá del negocio, su fundador aspira a que esta tecnología llegue también a proyectos de cooperación en países en desarrollo, donde la gestión de recursos naturales puede ser decisiva.

Miguel Ángel García Tamargo pasó casi dos décadas en Iberdrola, donde su trabajo en sostenibilidad lo llevó a descubrir el mercado de créditos de carbono a través de una negociación con Microsoft. Más tarde dirigió Carbon2Nature, la filial de capital natural del grupo, y fue allí donde identificó una paradoja: había dinero dispuesto a invertir en naturaleza, pero no existían herramientas capaces de analizar esos activos con rigor financiero.

Esa brecha fue el origen de NatureBrain, la startup tecnológica española que el 29 de junio de 2026 presentó en Madrid su producto principal: Helena AI. La herramienta aplica datos ambientales, modelos matemáticos y criterios financieros para anticipar la evolución de bosques, suelos, agua y biodiversidad. García la describe como el equivalente de Bloomberg para los activos naturales: cuando analiza un bosque, puede estimar el crecimiento de los árboles, la captura de carbono, la calidad del suelo y la disponibilidad de agua, ayudando a los gestores a tomar decisiones operativas concretas.

En menos de un año desde su fundación, la empresa ya cuenta con clientes en España, México, Estados Unidos, Francia y Suiza, gestiona proyectos en seis continentes y ha alcanzado rentabilidad neta. Su equipo de 16 personas trabaja desde Madrid, Barcelona y ciudades de África, Asia y América. La compañía forma parte de los programas de startups de Google y Apple, lo que le permite operar con infraestructura tecnológica de primer nivel.

El mercado al que apunta movió 25 billones de dólares el año pasado. García calcula que captar apenas el 1% de cuota multiplicaría por diez el tamaño de la empresa. Pero junto a esa ambición comercial convive una vocación de impacto: el fundador quiere que parte de la tecnología desarrollada llegue a proyectos de cooperación en países en desarrollo, donde la gestión inteligente de los recursos naturales puede marcar una diferencia real.

Miguel Ángel García Tamargo pasó casi dos décadas en Iberdrola, ascendiendo por distintas áreas de la compañía hasta liderar iniciativas de sostenibilidad y medio ambiente. Fue allí donde tuvo su primer encuentro con los créditos de carbono, a través de una negociación con Microsoft que obligó a la energética a explorar un mercado entonces desconocido incluso dentro de la multinacional. Cuando regresó a España, asumió la dirección de Carbon2Nature, una empresa de inversión en capital natural creada por el grupo Iberdrola. Esa experiencia le permitió ver de cerca un sector en expansión, pero también le reveló algo crucial: había cada vez más dinero buscando invertir en naturaleza, pero no existían herramientas capaces de analizar esos proyectos con el mismo rigor que se aplica a otros activos financieros.

En septiembre de 2023, tras un cambio de rumbo en Iberdrola, García decidió emprender por su cuenta. Su apuesta era clara: aplicar inteligencia artificial y modelos predictivos al análisis de inversiones en capital natural. La pregunta que orientaba su trabajo era deceptivamente simple: ¿puede un bosque analizarse como una inversión? ¿Es posible anticipar cuánto crecerán sus árboles, cuánto carbono capturarán, cómo evolucionará la calidad del suelo? ¿Puede la inteligencia artificial ayudar a tomar mejores decisiones sobre activos naturales como reforestaciones, humedales o ríos?

De esas preguntas nació NatureBrain, la startup tecnológica española que el 29 de junio de 2026 presentó Helena AI en un evento exclusivo en Madrid retransmitido globalmente. Helena es una inteligencia artificial especializada en el análisis y la predicción de inversiones en capital natural. Para explicar su alcance, García utiliza una comparación que resulta iluminadora: si Bloomberg permite analizar mercados financieros, NatureBrain aspira a hacer algo equivalente con los activos naturales. Helena AI reúne datos ambientales, modelos matemáticos y criterios financieros para anticipar la evolución de bosques, suelos, agua y biodiversidad, trasladando al capital natural metodologías de análisis que ya se utilizan en finanzas o seguros.

La herramienta funciona de manera concreta. Cuando analiza un bosque, por ejemplo, puede estimar el crecimiento de los árboles, la calidad de la madera, la captura de carbono, la disponibilidad de agua y la evolución del suelo. A partir de esos datos, el gestor puede valorar decisiones operativas: cambiar fertilizantes, modificar las podas, incluso replantear la especie plantada. NatureBrain trabaja con reforestaciones, humedales, ríos y otros activos vinculados al valor de la naturaleza y los servicios ecosistémicos. Su objetivo no es solo medir lo que ya existe, sino anticipar escenarios y ayudar a tomar decisiones de gestión.

Para impulsar su tecnología, la empresa se ha integrado en programas de apoyo a startups de grandes compañías tecnológicas. Forma parte del programa de startups de Google, lo que le permite trabajar con infraestructura en la nube y herramientas como Gemini. También participa en el programa de Apple, con una arquitectura tecnológica vinculada al ecosistema iOS. En menos de un año desde su fundación, García asegura que la compañía ya ha validado su modelo en el mercado. "Somos una startup que ya tiene clientes, ingresos recurrentes y un beneficio neto positivo, lo que nos ha permitido despegar rápidamente", afirma. El equipo está formado por 16 personas distribuidas entre Madrid, Barcelona, Madagascar, Kenia, Shanghái, Georgia y Toronto, con perfiles que combinan tecnología, matemática, ingeniería de software, naturaleza y desarrollo de negocio.

La cartera de clientes incluye compañías en España, México, Estados Unidos, Francia y Suiza. Los proyectos gestionados con Helena AI muestran la dimensión internacional de la plataforma, con activos naturales en países como México, Ecuador, Perú, Brasil, Kenia y Uganda. García vincula este crecimiento al interés creciente por el capital natural, un mercado que, según los datos que maneja la compañía, movió 25 billones de dólares a nivel global el año pasado. "Las perspectivas de crecimiento son brutales. Con captar una cuota del 1%, estaríamos creciendo por diez", destaca.

Esa mirada empresarial convive con una vocación de impacto. García insiste en que NatureBrain no nace como una ONG, sino como una empresa que quiere que su tecnología tenga utilidad en territorios donde la gestión de los recursos naturales puede marcar una diferencia. Durante años ha estado vinculado a proyectos de cooperación internacional en África, una experiencia que ahora quiere trasladar, desde otro lugar, al crecimiento de la startup. Su objetivo a tres años pasa por consolidar la compañía como una referencia en la aplicación de inteligencia artificial al análisis de la naturaleza, pero también por llevar parte de esa tecnología a proyectos en países en desarrollo. "Me gustaría que parte de toda esta tecnología que estamos elaborando se viera reflejada en proyectos de cooperación en países que realmente necesitan estas herramientas", concluye.

Somos una startup que ya tiene clientes, ingresos recurrentes y un beneficio neto positivo, lo que nos ha permitido despegar rápidamente
— Miguel Ángel García Tamargo, fundador de NatureBrain
Las perspectivas de crecimiento son brutales. Con captar una cuota del 1%, estaríamos creciendo por diez
— Miguel Ángel García Tamargo
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué crees que faltaban herramientas como Helena AI hasta ahora? Parece obvio que alguien querría analizar un bosque como se analiza una acción.

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Porque la naturaleza no se comporta como un mercado financiero. Los datos ambientales son complejos, dispersos, a menudo incompletos. Y durante años, los inversores en capital natural trabajaban más por convicción que por rigor analítico. García vio eso en Carbon2Nature: había dinero, pero no había forma de comparar proyectos con criterios comunes.

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¿Y ahora Helena AI lo permite?

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Sí, pero no de forma simplista. No es solo medir. Es predecir. Si cambias el tipo de fertilizante en una reforestación, Helena puede proyectar cómo eso afecta el crecimiento del árbol, la captura de carbono, la calidad del suelo. Es análisis de escenarios, como en finanzas.

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¿Quién usa esto? ¿Grandes fondos ambientales?

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Clientes en cinco países, desde España hasta Suiza. Pero también gestiona proyectos en seis continentes. El mercado de capital natural movió 25 billones de dólares el año pasado. Aún es un espacio donde la mayoría de decisiones se toman sin herramientas como estas.

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¿Y el impacto real? ¿Es solo para que los inversores ganen dinero?

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García es claro: NatureBrain es una empresa, no una ONG. Pero su objetivo a tres años incluye llevar parte de la tecnología a países en desarrollo. Ha pasado años en proyectos de cooperación en África. Quiere que eso converja con el crecimiento de la startup.

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