En toda era de poder concentrado, quienes habitan la sombra del soberano moldean el mundo tanto como quienes ocupan el trono. Natalie Harp, asistente presidencial de 35 años sin cargo oficial formal, ha emergido esta semana como símbolo involuntario de las tensiones que rodean el acceso a Donald Trump: una mujer que filtra información, redacta mensajes públicos y calma al mandatario en momentos de crisis, cuya influencia ha pasado de ser un secreto de Washington a convertirse en munición política entre demócratas y republicanos.