En el silencio sin atmósfera de la Luna, un cohete errante dejó su huella el 5 de agosto: la etapa superior de un Falcon de SpaceX, lanzado en 2025 para abrir la exploración lunar al sector privado, se estrelló a 8,700 km/h y esculpió un cráter de 18 metros que nadie había planeado crear. La NASA, con su Orbitador de Reconocimiento Lunar, convirtió ese accidente en conocimiento, fotografiando desde 96 kilómetros de altura un registro geológico que distingue lo antiguo de lo nuevo, lo oscuro de lo brillante, como si la Luna misma hubiera abierto una ventana hacia su propia historia.