Musk y la incoherencia de X: del innovador al amplificador de discursos de odio

Refugiado sudanés acuchilló a vecino en Belfast; inmigrantes sufrieron quema de vehículos y casas en ataques racistas amplificados por contenidos en red X.
El algoritmo de X favorece la ultraderecha mientras gobiernos intentan regular sin éxito
Musk utiliza su red social para amplificar discursos xenófobos en Europa, especialmente en Reino Unido.

En el mismo momento en que Elon Musk alcanza la cima financiera de la historia humana, su red social X se convierte en altavoz de odio racial en el Reino Unido, amplificando bulos sobre incidentes en Belfast que derivaron en ataques violentos contra inmigrantes. La paradoja es antigua: quienes acumulan mayor poder para construir también poseen mayor capacidad para destruir. Lo que está en juego no es solo la moderación de contenidos, sino la pregunta de si una plataforma global puede ser, al mismo tiempo, espacio público y herramienta ideológica de su dueño.

  • Musk se convierte en el primer billonario de la historia tras la salida a bolsa de SpaceX, pero dedica parte de ese poder a moldear la opinión pública europea desde X.
  • Un refugiado sudanés apuñala a un vecino en Belfast y X responde difundiendo bulos y mensajes de odio, desatando una ola de violencia racista: vehículos y casas de inmigrantes son incendiados.
  • Musk abandona su apoyo a Nigel Farage por considerarlo insuficientemente extremista y pivota hacia Restore Britain, escalando su implicación en la política ultraderechista británica.
  • El algoritmo de X prioriza sistemáticamente contenidos de ultraderecha en Europa, mientras el gobierno de Keir Starmer intenta regular la plataforma sin resultados concretos.
  • La Unión Europea lleva meses intentando frenar los contenidos de odio en X sin éxito notable, dejando a los usuarios ante una elección personal: permanecer en un tablero cuyas reglas controla el adversario.

Elon Musk acaba de convertirse en el primer billonario de la historia tras la salida a bolsa de SpaceX, un hito sin precedentes que le otorga recursos para reinvertir en sus empresas —Tesla pierde un 12% anual— o financiar nuevos proyectos. Nadie discute su condición de innovador de envergadura. Pero hay un lado oscuro en cómo canaliza su energía.

En las últimas semanas, Musk ha utilizado X para amplificar discursos xenófobos surgidos de los incidentes en Irlanda del Norte. Todo comenzó cuando un refugiado sudanés apuñaló a un vecino en Belfast. La violencia racista se desató de inmediato: quemaron vehículos e incendiaron casas de inmigrantes. Mientras ocurría, X difundía mentiras y mensajes de odio contra esas minorías, intensificando la tensión en lugar de contenerla.

En el Reino Unido, Musk ha pasado de apoyar a Nigel Farage y Reform UK a respaldar Restore Britain, un partido que considera más afín a sus posiciones. Mantiene una guerra abierta contra el primer ministro Keir Starmer, quien intenta regular los contenidos digitales en la plataforma. El algoritmo de X, mientras tanto, sigue priorizando las ideas de la ultraderecha, facilitando su crecimiento en toda Europa.

La Unión Europea lleva tiempo intentando frenar los contenidos de odio en la red, sin éxito notable. El problema quizás sea más simple: las reglas del juego están completamente adulteradas. Intentar equilibrar el discurso desde dentro de X es como jugar al ajedrez en un tablero donde el contrincante decide qué piezas son visibles y cuáles permanecen ocultas.

Elon Musk acaba de entrar en la historia como el primer billonario del mundo. La salida a bolsa de SpaceX ayer le permitió alcanzar esa cifra sin precedentes. A pesar de sus enfrentamientos públicos con Donald Trump —que lo llevaron a abandonar la Casa Blanca hace unos meses— al empresario le han ido bien las cosas. Ahora tiene recursos para reinvertir en sus compañías, algunas de las cuales lo necesitan con urgencia. Tesla, por ejemplo, pierde un 12% anual. O podría financiar los nuevos proyectos que su mente inquieta genere constantemente. Nadie discute que es un innovador de envergadura, alguien que merece seguimiento atento.

Pero hay un lado oscuro en cómo Musk canaliza su energía. Dedica una parte considerable a moldear la opinión pública a través de X, la red social de la que es dueño. En las últimas semanas ha vuelto a ser noticia por algo específico: ha transmitido y amplificado en esa plataforma discursos xenófobos nacidos de los incidentes en Irlanda del Norte. Todo comenzó cuando un refugiado político sudanés apuñaló a un vecino en Belfast. Lo que sucedió después fue predecible y devastador. La violencia racista se desató contra los inmigrantes de la zona. Quemaron vehículos. Incendiaron casas. Y mientras esto ocurría, X se dedicó a difundir mentiras y mensajes de odio dirigidos contra esas minorías extranjeras, amplificando la tensión en lugar de contenerla. No es la primera ocasión en que la plataforma juega este papel.

Musk está siendo particularmente activo en el Reino Unido. Primero apoyó al líder ultraderechista Nigel Farage y a su partido, Reform UK. Luego cambió de preferencias hacia Restore Britain, otro partido de la misma ideología, porque le pareció que el anterior no era lo suficientemente extremista. Está en guerra abierta contra el primer ministro británico, Keir Starmer, quien intenta regular los contenidos digitales en X. Mientras tanto, el algoritmo de la antigua Twitter sigue priorizando las ideas de la ultraderecha, facilitando el crecimiento de estos movimientos en toda Europa.

La Unión Europea lleva tiempo intentando frenar los contenidos de odio en esta red, sin éxito notable. Quizás el problema sea más simple de lo que parece. Cada usuario tiene el poder de tomar una decisión personal: si no está de acuerdo con la manipulación algorítmica que X propone, puede abandonar la plataforma. Pero hay una incoherencia profunda en intentar equilibrar el discurso desde dentro cuando las reglas del juego están completamente adulteradas. Es como tratar de jugar ajedrez en un tablero donde el contrincante controla qué piezas se ven y cuáles permanecen ocultas.

La incoherencia es tratar de equilibrar el discurso desde dentro cuando las reglas del juego están más que adulteradas
— Análisis editorial de La Vanguardia
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué importa que Musk sea billonario si lo que realmente preocupa es lo que hace con X?

Model

Porque el dinero es poder, y el poder sin límites en una red social es especialmente peligroso. Musk tiene los recursos para mantener X funcionando como quiera, sin presión de anunciantes ni accionistas que lo frenen.

Inventor

Pero ¿no hay regulación? ¿No pueden los gobiernos simplemente obligarlo a cambiar?

Model

Lo están intentando. Starmer en Reino Unido, la UE en general. Pero Musk tiene dinero para litigios, para resistir, para esperar. Mientras tanto, el algoritmo sigue funcionando.

Inventor

¿Qué pasó exactamente en Belfast que lo hizo amplificar esos mensajes?

Model

Un incidente de violencia se convirtió en pretexto para odio generalizado. X no solo reportó lo que pasó; ayudó a que la gente creyera versiones falsas y más inflamables. Eso es amplificación.

Inventor

¿Crees que Musk cree realmente en lo que amplifica, o solo le interesa el poder?

Model

Esa es la pregunta incómoda. Tal vez ambas cosas. Tal vez ni siquiera importa la respuesta. El daño es el mismo.

Inventor

¿Qué deberían hacer los usuarios?

Model

Irse. Es la única respuesta honesta. Porque dentro de X, con sus reglas, no hay equilibrio posible.

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