Se resbaló mientras levantaba una pierna para aplicarse repelente
En las primeras horas de un domingo de junio, Rosemary Suzart García, de 59 años, encontró la muerte no en el descenso que había venido a realizar, sino en un instante de pausa: el momento en que levantó una pierna para aplicarse repelente al borde de un mirador en las Grutas do Spar, Maricá. Su caída de treinta metros recuerda que la frontera entre lo cotidiano y lo irreversible puede ser tan delgada como la suela de un zapato sobre roca húmeda. El accidente se suma a una conversación que Brasil no termina de saldar sobre quién cuida, quién responde y quién asume la responsabilidad cuando los espacios de aventura cobran vidas.
- Una mujer equipada con todos los elementos de seguridad murió no durante el rápel, sino en los segundos previos, cuando un resbalón en la roca la lanzó treinta metros al vacío.
- El guía extendió el brazo para atraparla y apenas logró salvarse él mismo aferrándose a una raíz; la velocidad y el ángulo de la caída hicieron imposible cualquier intervención.
- Los bomberos llegaron a las 10:44 de la mañana y confirmaron lo que ya no tenía remedio; el cuerpo fue trasladado al Instituto Médico Forense de São Gonçalo para las pericias correspondientes.
- Los hijos de Rosemary no supieron lo ocurrido hasta la madrugada del lunes, horas de silencio que agravan el peso de una pérdida que nadie anticipó.
- El municipio de Maricá se desligó de toda responsabilidad al declarar que el predio es privado, mientras la Policía Civil reconstruye los hechos en un sitio que pasó de cantera minera a destino de aventura sin que quede claro quién lo regula.
- El accidente ocurre un día después de que una joven fuera lanzada al vacío en un incidente de bungee jumping en San Pablo, intensificando el debate nacional sobre la seguridad en los deportes de riesgo.
El domingo por la mañana, Rosemary Suzart García llegó a las Grutas do Spar, en Maricá, lista para descender en rápel junto a un grupo de quince personas. Llevaba casco, guantes y todo el equipo reglamentario. Pero antes de llegar al punto de anclaje, se desvió hacia un camino corto que conducía a un mirador. Mientras levantaba una pierna para aplicarse repelente, su pie de apoyo resbaló sobre la roca. Cayó treinta metros.
El guía que acompañaba al grupo intentó atraparla en el instante en que sintió que comenzaba a caer. No lo logró. Él sobrevivió aferrándose a una raíz que sobresalía de la pared. Los bomberos recibieron el llamado a las 10:44 y al llegar confirmaron que Rosemary ya no tenía signos vitales. Su cuerpo fue trasladado al Instituto Médico Forense de São Gonçalo.
La noticia tardó horas en llegar a su familia. No fue hasta la madrugada del lunes cuando uno de los testigos logró comunicarse con sus hijos, quienes vivían en Cordovil, en la zona norte de Río de Janeiro. Durante toda la jornada, nadie en su entorno supo lo que había ocurrido.
El accidente se produjo apenas un día después de que una joven de 21 años fuera lanzada al vacío durante una práctica de bungee jumping en San Pablo, reavivando el debate sobre los riesgos de los deportes de aventura en Brasil. Las Grutas do Spar tienen una historia singular: durante más de cincuenta años funcionaron como cantera de extracción de mica y feldespato, y con el tiempo se convirtieron en un destino popular para actividades de riesgo controlado.
Mientras la Policía Civil investiga los detalles exactos de la caída, el municipio de Maricá emitió un comunicado para aclarar que el predio es de propiedad privada y que, por tanto, no le corresponde autorizar ni fiscalizar las actividades que allí se realizan. Con esa declaración, el municipio se desligó de cualquier responsabilidad. La muerte de Rosemary Suzart García quedará registrada como un accidente en un sitio privado, mientras sus hijos atraviesan el duelo y las preguntas sobre quién responde permanecen sin respuesta.
El domingo por la mañana en Río de Janeiro, Rosemary Suzart García, una mujer de 59 años, se encontraba en las Grutas do Spar, un sitio de aventura ubicado en Maricá, preparándose para descender en rápel junto a un grupo de 15 personas. Llevaba puesto todo el equipo de seguridad reglamentario: casco, guantes y otros elementos de protección. Mientras caminaba hacia el punto de anclaje, se desvió hacia un camino corto que conducía a un mirador. En ese momento, mientras levantaba una pierna para aplicarse repelente en la piel, su pie de apoyo resbaló en la roca. Perdió el equilibrio y cayó treinta metros hacia el vacío.
El guía que acompañaba al grupo intentó evitar lo inevitable. Según relató a la policía, extendió el brazo para atraparla cuando sintió que comenzaba a caer, pero no logró sostenerla. El hombre se salvó porque alcanzó a aferrarse a una raíz que sobresalía de la pared rocosa. García no tuvo esa oportunidad. Los bomberos recibieron el llamado de emergencia a las 10:44 de la mañana. Cuando llegaron al lugar, constataron que la mujer ya no presentaba signos vitales.
El cuerpo fue trasladado al Instituto Médico Forense de São Gonçalo para las diligencias de rigor. La noticia tardó en llegar a la familia. Uno de los testigos presentes en el sitio recuerda que no fue hasta la madrugada del lunes cuando logró comunicarse con los hijos de la víctima, quien vivía en Cordovil, un barrio en la zona norte de Río de Janeiro. Hasta ese momento, nadie de la familia sabía qué había sucedido.
El accidente ocurrió apenas un día después de que una joven de 21 años fuera lanzada al vacío mientras practicaba bungee jumping en San Pablo, un incidente que volvió a poner en el centro de la atención pública los riesgos inherentes a los deportes de aventura en Brasil. Las Grutas do Spar, donde murió García, tienen una historia particular. Durante más de cinco décadas funcionaron como una cantera minera donde se extraía mica, feldespato y otros minerales. Con el tiempo, el sitio se transformó en uno de los principales destinos para quienes buscan actividades de riesgo controlado.
La investigación está en curso. La Policía Civil trabaja para reconstruir los detalles exactos de cómo ocurrió la caída. Mientras tanto, el municipio de Maricá emitió un comunicado aclarando que el predio es de propiedad privada y que, por lo tanto, no le corresponde autorizar, fiscalizar ni prohibir las actividades de rápel que allí se realizan. Además, señaló que el terreno se encuentra dentro de los límites del Refugio de Vida Silvestre de Maricá. Con esa declaración, el municipio se desligó de cualquier responsabilidad por lo ocurrido. La muerte de Rosemary Suzart García quedará registrada como un accidente en un sitio privado, mientras sus hijos permanecen en duelo y las autoridades continúan sus investigaciones.
Citas Notables
Trató de agarrarla del brazo cuando comenzó a caer, pero no pudo auxiliarla— El guía que acompañaba a García, según su relato a la policía
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que una mujer con todo el equipo de seguridad puesto termine cayendo treinta metros?
El equipo de seguridad estaba diseñado para protegerla durante el descenso en rápel, no mientras caminaba hacia el punto de anclaje. Fue un momento de distracción, un gesto cotidiano—aplicarse repelente—en un lugar donde no hay margen para el error.
El guía intentó atraparla. ¿Qué nos dice eso sobre lo rápido que sucedió todo?
Que fue instantáneo. El hombre extendió el brazo, pero ya era demasiado tarde. Él mismo se salvó por instinto, aferrándose a lo primero que encontró. García no tuvo esa suerte.
¿Por qué tardó tanto en notificarse a la familia?
Porque nadie sabía quién era ella en ese momento. Estaba con un grupo de 15 personas, pero fue un testigo quien finalmente logró comunicarse con sus hijos durante la madrugada. Horas de incertidumbre para una familia que no sabía dónde estaba.
El municipio dice que no es responsable. ¿Es una evasión legítima?
Técnicamente, el sitio es privado. Pero la pregunta real es si un lugar que fue cantera minera y ahora funciona como destino de aventura debería tener regulaciones más estrictas, independientemente de quién sea el dueño.
¿Qué cambia después de esto?
Probablemente nada inmediato. Habrá una investigación, se documentará lo ocurrido, y el sitio seguirá funcionando. Pero cada muerte como esta deja una marca en cómo pensamos sobre el riesgo y la seguridad en estos espacios.