Su nombre quedó eclipsado por el de un colega que llegó primero a la historia
François Englert, el físico belga que en 1964 formuló junto a Robert Brout la existencia del bosón de Higgs, murió el jueves en Bruselas a los 93 años. Su contribución fue tan decisiva como la de Peter Higgs, y sin embargo la historia popular eligió un solo nombre para bautizar la partícula que explica por qué la materia tiene masa. El Nobel de 2013 reconoció tardíamente esa deuda, pero no pudo reescribir la memoria colectiva: Englert se va como uno de los arquitectos más silenciosos de la física moderna.
- Englert murió a los 93 años en Bruselas, cerrando la vida del último gran artífice vivo del mecanismo que otorga masa a las partículas subatómicas.
- Durante décadas, su nombre quedó eclipsado por el de Peter Higgs, cuya figura se convirtió en símbolo mediático de un descubrimiento que fue, en realidad, colectivo.
- La incomodidad era compartida: otros físicos involucrados, como Carl Hagen, denunciaron públicamente que el mundo trató a Higgs como una estrella de rock mientras ignoraba al resto.
- El Nobel de Física 2013 intentó reparar ese desequilibrio al premiar a Englert junto a Higgs, pero la denominación 'bosón de Higgs' ya estaba grabada en el imaginario global.
- El campo de Brout-Englert-Higgs permanece como pilar del Modelo Estándar, aunque el reconocimiento público de Englert nunca igualó el peso científico de su aportación.
François Englert murió el jueves en Bruselas a los 93 años. El CERN anunció su muerte al día siguiente, cerrando el capítulo de un científico cuyo nombre quedó relegado a las notas al pie de la historia, a pesar de haber formulado uno de sus descubrimientos más fundamentales.
Nacido en 1932 en la capital belga, Englert se doctoró en Física en 1959 por la Universidad Libre de Bruselas. En 1964, junto a Robert Brout, propuso la existencia de una partícula subatómica responsable de conferir masa a todas las demás. Sin ese mecanismo invisible que permea el universo, nada tendría peso ni sustancia. La confirmación experimental tardó casi medio siglo: recién en 2012, los experimentos del gran colisionador de hadrones del CERN demostraron su existencia.
Para entonces, la partícula ya llevaba décadas llamándose bosón de Higgs, en honor al físico británico Peter Higgs, quien había planteado la misma idea de manera independiente. En 2013, la Academia Sueca otorgó el Nobel de Física a Englert y a Higgs, reconociendo el mérito compartido. Ese mismo año, ambos recibieron también el Premio Príncipe de Asturias. Pero la gloria pública nunca fue equitativa. En una entrevista al recibir el Nobel, Englert expresó su incomodidad con la denominación de la partícula, aunque aclaró que eso no era lo verdaderamente importante.
La molestia tampoco era exclusiva de él. Carl Hagen, otro físico involucrado en el hallazgo, señaló a la BBC que atribuir el descubrimiento a una sola persona marginaba a todos los demás. Recordó una rueda de prensa en la que cinco físicos anunciaron juntos el hallazgo, pero Higgs fue tratado como una estrella de rock mientras el resto recibía escaso reconocimiento.
Englert desarrolló una carrera prolífica en la Universidad Libre de Bruselas, donde fundó con Brout un grupo de investigación sobre interacciones fundamentales. Su obsesión intelectual fue siempre reconciliar la relatividad general con la teoría cuántica. El campo de Brout-Englert-Higgs permanecerá como parte integral del Modelo Estándar. Pero mientras Peter Higgs falleció en 2024 rodeado de reconocimiento mundial, Englert se va dejando un legado que el mundo seguirá asociando, principalmente, con el nombre de otro.
François Englert murió el jueves en Bruselas a los 93 años. El Laboratorio Europeo de Física de Partículas anunció su muerte el viernes a través de las redes sociales, cerrando el capítulo de un científico cuyo nombre quedó relegado a las notas al pie de la historia de la física moderna, a pesar de haber formulado uno de sus descubrimientos más fundamentales.
Englert nació en 1932 en la capital belga. Comenzó sus estudios como ingeniero electromecánico antes de doctorarse en Física en 1959 por la Universidad Libre de Bruselas, institución donde pasaría la mayor parte de su carrera investigadora después de una etapa inicial en la Universidad de Cornell. En 1964, junto con su colaborador Robert Brout, propuso la existencia de una partícula subatómica esquiva que sería responsable de conferir masa a todas las demás partículas del universo. Sin esa partícula, sin ese mecanismo invisible que permea todo lo existente, nada tendría peso ni sustancia.
Pero la confirmación experimental de aquella hipótesis tardó casi medio siglo. Recién en 2012, los experimentos ATLAS y CMS en el gran colisionador de hadrones del CERN demostraron la existencia del bosón asociado a ese campo teórico. Para entonces, la partícula ya llevaba décadas siendo llamada bosón de Higgs, nombrada así por el físico británico Peter Higgs, quien de manera independiente había planteado la misma idea en la misma época. No fueron los únicos en vislumbrar esa partícula, pero sí fueron los únicos reconocidos por la Academia Sueca cuando en 2013 otorgó el Premio Nobel de Física a Englert y a Higgs por el descubrimiento teórico del mecanismo que explica el origen de la masa en las partículas subatómicas.
Ese mismo año, Englert y el CERN recibieron también el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. Pero la gloria pública nunca fue equitativa. En una entrevista con la agencia EFE cuando recibió el Nobel, Englert expresó su incomodidad con la denominación de la partícula, considerando que no le parecía del todo adecuada, aunque aclaró que eso no era lo realmente importante. Su resignación contenía una verdad incómoda: el mundo asociaba el descubrimiento con Higgs, no con el físico belga que había contribuido de manera igual a su formulación.
La molestia no era exclusiva de Englert. Otros investigadores involucrados en el trabajo expresaron públicamente su descontento con el estatus de estrella de rock que había alcanzado Higgs. Carl Hagen, físico estadounidense que también participó en la investigación, señaló a la BBC en 2013 que atribuir el descubrimiento a una sola persona marginaba la contribución de todos los demás involucrados. Recordó una conferencia de prensa que habían dado cinco físicos juntos —Higgs, Englert, Hagen, Gerald Guralnik y Tom Kibble— para anunciar el hallazgo de la partícula. Pero en esa rueda de prensa, dijo, Higgs fue tratado como una estrella de rock mientras que el resto recibía casi ningún reconocimiento del público. Jon Butterworth, parte del experimento ATLAS, reconoció que había físicos molestos por ese desequilibrio.
El bosón de Higgs se convirtió en la partícula de Dios, nombre popularizado por un libro de divulgación científica del premio Nobel Leon M. Lederman publicado en 1988. Esa denominación capturó la imaginación pública de una manera que ningún nombre técnico podría haber logrado. Pero esa misma popularidad consolidó la asociación entre Higgs y el descubrimiento, dejando a Englert en la sombra.
Englert desarrolló una carrera prolífica en la Universidad Libre de Bruselas, donde fundó junto a Brout un grupo de investigación sobre interacciones fundamentales. Sus estudios abarcaron desde la comprensión de las interacciones fuertes hasta la relatividad general y la cosmología. Se convirtió en profesor emérito en 1998, pero continuó atento a los avances en física teórica. Su obsesión intelectual fue siempre la misma: reconciliar la relatividad general con la teoría cuántica, la pregunta definitoria de las interacciones fundamentales.
El campo de Brout-Englert-Higgs, ese campo invisible que llena todo el universo y sin el cual las partículas no adquirirían masa, permanecerá como parte integral del Modelo Estándar de la física elemental. Es el mecanismo que explica por qué existe la materia tal como la conocemos. Pero mientras Peter Higgs falleció en 2024 rodeado de reconocimiento mundial, Englert se fue dejando un legado científico fundamental que el mundo seguirá asociando, principalmente, con el nombre de otro.
Notable Quotes
Consideró que la denominación del bosón no le parecía del todo adecuada, aunque aclaró que eso no era lo realmente importante— François Englert, en entrevista con EFE al recibir el Premio Nobel
Señalar a una sola persona margina la contribución de todos los demás involucrados en el trabajo— Carl Hagen, físico estadounidense, a la BBC en 2013
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué crees que el nombre de Higgs se quedó pegado a la partícula y no el de Englert, si contribuyeron de manera igual?
Hay algo en cómo funciona la memoria pública. Un nombre es más fácil de recordar que dos, y Higgs llegó primero a los periódicos. Pero también está el hecho de que Higgs era británico, trabajaba en Edimburgo, tenía cierta visibilidad. Englert estaba en Bruselas, menos en el radar internacional.
¿Englert realmente no le importó?
Dijo que no era lo realmente importante, pero eso es lo que dice alguien que está incómodo pero es educado. En esa entrevista se nota la resignación. No es amargura, es más bien una aceptación de que la historia ya estaba escrita.
¿Qué pasó con Brout, su colaborador original?
Brout murió en 2011, justo antes de que confirmaran experimentalmente la partícula. Nunca vio el descubrimiento verificado. La Academia Sueca no otorga premios póstumos, así que su nombre quedó fuera del Nobel también.
Entonces Englert al menos recibió el reconocimiento oficial.
Sí, pero el reconocimiento oficial no es lo mismo que el reconocimiento público. Millones de personas saben qué es el bosón de Higgs. Muy pocos saben que Englert fue igual de crucial en su descubrimiento teórico.
¿Crees que eso lo persiguió durante toda su vida?
Probablemente. Pero también pasó 60 años haciendo ciencia en serio, sin necesidad de ser una estrella de rock. Eso también cuenta para algo.