En los cementerios, como en tantos otros rincones olvidados de la vida cotidiana, la enfermedad encuentra su oportunidad. La municipalidad de Ica y la Diresa descendieron al cementerio Saraja para desmantelar, recipiente a recipiente, los criaderos del Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue. La acción no fue un gesto simbólico, sino parte de una vigilancia que las autoridades reconocen debe ser continua, porque el descuido —no la mala suerte— es lo que permite que la enfermedad prospere.