Estudio revela discriminación de género en acceso a terapias avanzadas del Parkinson

Las mujeres con Parkinson experimentan retrasos en acceso a tratamientos avanzados, resultando en mayor edad al iniciar terapia, peor calidad de vida y pérdida de ventanas terapéuticas óptimas.
Las mujeres acceden a mayor edad, cuando se ha perdido la ventana terapéutica óptima
El retraso en la derivación de mujeres con Parkinson a terapias avanzadas compromete la efectividad del tratamiento.

Solo el 27% de pacientes tratados con estimulación cerebral profunda son mujeres frente al 73% de hombres, evidenciando una brecha significativa en el acceso. Las mujeres reciben estas terapias a mayor edad (69,2 años vs 65,2 en hombres) con peor autonomía, sugiriendo retrasos en derivación o toma de decisiones terapéuticas.

  • Solo el 27% de pacientes con estimulación cerebral profunda son mujeres frente al 73% de hombres
  • Las mujeres reciben terapias avanzadas a los 69,2 años versus 65,2 años en hombres
  • Estudio analizó más de 600 pacientes en más de 40 hospitales españoles
  • Tras seis meses de tratamiento, los períodos con síntomas mal controlados se reducen de más de 5 horas a menos de 2 horas diarias

Un estudio de la Sociedad Española de Neurología revela que las mujeres con Parkinson acceden con menor frecuencia y más tardíamente a terapias avanzadas, presentando peor calidad de vida al iniciar el tratamiento.

Un estudio realizado por la Sociedad Española de Neurología ha documentado una brecha persistente en el acceso a tratamientos avanzados del Parkinson: las mujeres llegan a estas terapias con menos frecuencia y años después que los hombres, en un momento en que la enfermedad ya ha avanzado significativamente. La investigación, coordinada por el Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento en colaboración con la Fundación Degen, analizó a más de 600 pacientes con Parkinson avanzado atendidos en más de 40 hospitales españoles, revelando un patrón de desigualdad que no puede explicarse únicamente por diferencias clínicas.

La disparidad es más evidente en la estimulación cerebral profunda, donde casi tres de cada cuatro pacientes tratados son hombres. Solo el 27% de quienes reciben este procedimiento son mujeres, frente al 73% de hombres. Pero la brecha va más allá de los números. Cuando las mujeres finalmente acceden a estas terapias, lo hacen a los 69,2 años de edad promedio, comparado con los 65,2 años en los hombres. En ese momento, presentan peor calidad de vida y menor autonomía para realizar actividades cotidianas. El Dr. Diego Santos García, principal autor del estudio, señala que el objetivo era precisamente analizar estas diferencias por sexo en la selección, el manejo y la respuesta a terapias avanzadas en la práctica clínica diaria.

Las terapias avanzadas incluyen la estimulación cerebral profunda, la infusión subcutánea continua de apomorfina, la infusión de foslevodopa/foscarbidopa, y varias formas de infusión intestinal de levodopa con diferentes combinaciones. Están indicadas para pacientes cuyos síntomas persisten e incapacitan a pesar del tratamiento convencional. Aunque existen diferencias clínicas reales entre sexos —las mujeres presentan mayor gravedad en síntomas del estado de ánimo y cognición, mientras que los hombres sufren más afectación sexual— el Dr. Santos García advierte que la desigualdad en el acceso no parece responder únicamente a estos criterios clínicos. Existen factores adicionales que condicionan la indicación y el acceso.

El retraso en la derivación o en la toma de decisiones terapéuticas parece ser un factor clave. El hecho de que las mujeres accedan a mayor edad sugiere que se ha perdido la ventana terapéutica óptima para muchas de ellas. Sin embargo, el estudio demuestra que las terapias avanzadas son eficaces en ambos sexos. Tras seis meses de tratamiento, los períodos en los que los síntomas están mal controlados se reducen de más de cinco horas diarias a menos de dos. Tanto los síntomas motores como los no motores disminuyen de manera relevante, y la calidad de vida mejora en ambos grupos. En estimulación cerebral profunda específicamente, los resultados motores son similares en ambos sexos, aunque los hombres experimentan mayor mejoría en la bradicinesia y mayor reducción de medicación dopaminérgica, mientras que las mujeres mejoran más en actividades de la vida diaria y cognición, aunque con más complicaciones del estado de ánimo en el postoperatorio.

Los investigadores identificaron factores sociales que podrían explicar parte de la desigualdad. Los hombres cuentan con su pareja como cuidador principal en el 80% de los casos, frente al 53,6% en mujeres, que dependen más de otros familiares como hijos. Los hombres tienden a tomar decisiones más activas respecto a su tratamiento, mientras que las mujeres pueden mostrar más dudas o temor a complicaciones. El Dr. Álvaro Sánchez Ferro, coordinador del grupo de estudio, subraya que estas diferencias no responden a una única causa, sino a una combinación de factores clínicos, sociales y culturales, incluyendo posibles sesgos en la derivación, diferencias en la percepción del riesgo, y variaciones en el apoyo social disponible.

Este registro de tratamientos es uno de los más amplios realizados en práctica clínica real en España. Los hallazgos ponen de relieve la necesidad de profundizar en las causas de estas desigualdades y desarrollar estrategias que garanticen acceso equitativo. La Sociedad Española de Neurología reitera la importancia de avanzar hacia un modelo de atención más personalizado, que considere no solo las características clínicas de la enfermedad, sino también el sexo y el contexto social del paciente. El Dr. Sánchez Ferro señala que estas desigualdades también se han documentado en otros países y sistemas sanitarios: las mujeres con Parkinson tienen menor probabilidad de recibir tratamientos avanzados incluso ajustando por gravedad de la enfermedad, son derivadas en fases más avanzadas, y están infrarrepresentadas en ensayos clínicos. El desafío ahora es convertir estos hallazgos en cambios concretos en la práctica clínica.

Esta desigualdad en el acceso no parece explicarse únicamente por criterios clínicos. Existen factores adicionales que condicionan la indicación y el acceso a estos tratamientos.
— Dr. Diego Santos García, principal autor del estudio
Estas diferencias en el acceso a terapias avanzadas no responden a una única causa, sino a una combinación de factores clínicos, sociales y culturales, entre los que se incluyen posibles sesgos en la derivación.
— Dr. Álvaro Sánchez Ferro, Coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué crees que las mujeres llegan tan tarde a estos tratamientos si la enfermedad es la misma?

Model

No es que la enfermedad sea la misma. Las mujeres sufren síntomas diferentes —más problemas de ánimo y memoria— pero eso no explica por qué esperan años más. Hay algo en cómo se toman las decisiones.

Inventor

¿Qué tipo de algo?

Model

Sesgos, probablemente. Un médico ve a una mujer con Parkinson y piensa diferente que cuando ve a un hombre. O la mujer misma tiene más miedo. O su familia no la anima tanto a intentarlo. Todo junto.

Inventor

Pero dijiste que funcionan igual de bien en ambos.

Model

Exacto. Las terapias funcionan. Después de seis meses, ambos mejoran mucho. Menos síntomas, mejor vida. Pero ella ya perdió años. A los 69 años, el cuerpo no es el mismo que a los 65.

Inventor

¿Qué pierden con esos años de espera?

Model

La ventana óptima. El momento en que el tratamiento habría funcionado mejor, cuando el cuerpo aún tenía más reserva. Esperar significa empezar desde atrás.

Inventor

¿Y los médicos saben esto?

Model

Ahora sí. Por eso el estudio es importante. Pone números a algo que se sospechaba. Tres de cada cuatro pacientes en estimulación cerebral profunda son hombres. Eso no es casualidad.

Quer a matéria completa? Leia o original em Geriatricarea ↗
Fale Conosco FAQ