En el cruce entre el avance tecnológico y la dignidad de las vocaciones humanas, la ministra de Ciencia Ximena Lincolao se vio obligada a detenerse y reconocer que las palabras, cuando se eligen mal, pueden herir lo que pretendían honrar. Sus comentarios sobre el futuro laboral de los docentes ante la inteligencia artificial encendieron una polémica que la llevó a escribir una carta de disculpas al Colegio de Profesores, admitiendo que su traducción de conceptos del mundo tecnológico anglosajón traicionó su intención original. El episodio recuerda que en los debates sobre el futuro del trabajo