Vamos a sacar todos los pesos de la calle hasta que colapse
En el corazón de Buenos Aires, el presidente Javier Milei enfrentó ante empresarios estadounidenses la paradoja de un gobernante que reconoce el dolor de sus cifras pero no cede en su diagnóstico: la inflación de marzo, la más alta en un año, no lo hizo dudar, sino reafirmarse. Su convicción es que el exceso de dinero en circulación es la raíz del mal, y que solo la disciplina monetaria absoluta puede curar una enfermedad que Argentina arrastra desde hace décadas. En ese cruce entre la urgencia del presente y la apuesta por el largo plazo, Milei ofrece certeza ideológica donde otros ofrecerían negociación.
- La inflación mensual de marzo llegó al 3,4%, el mayor salto en un año, acumulando diez meses consecutivos de alzas que erosionan el poder adquisitivo de los argentinos.
- Milei reconoció públicamente que el dato le 'repugna', pero lo atribuyó a leyes de la oposición y a la turbulencia electoral, negando cualquier responsabilidad de su política económica.
- Sectores empresariales y analistas advierten que la política monetaria restrictiva ya está contrayendo la actividad económica, el empleo y la demanda interna.
- El presidente descarta cualquier concesión: prometió retirar todos los pesos de circulación 'hasta que colapse la inflación', sin importar el costo político ni electoral.
- La apuesta de Milei es total: si su estrategia funciona, Argentina renace; si fracasa, él regresa al sector privado, sin punto medio ni margen de negociación.
Javier Milei se presentó ante empresarios estadounidenses en Buenos Aires el mismo día en que las estadísticas oficiales confirmaban lo que muchos temían: la inflación de marzo había subido 3,4% respecto al mes anterior, la mayor alza mensual en un año, con diez meses consecutivos de precios en ascenso. Aunque la inflación interanual había caído respecto a febrero, la tendencia mensual era difícil de ignorar.
Lejos de moderar su discurso, Milei eligió la confrontación ideológica. Declaró que el dato le disgustaba profundamente, pero reafirmó su diagnóstico de siempre: la inflación es un fenómeno monetario, causado por el exceso de dinero en circulación, y la solución es retirarlo sin concesiones. Atribuyó el alza a leyes aprobadas por la oposición y a la turbulencia de los mercados durante las elecciones parlamentarias de 2025.
Sus críticos —analistas, empresarios, sectores afectados por la contracción económica— señalan que la política restrictiva ya está cobrando un precio real en empleo y demanda. Milei rechazó esa premisa: insistió en que no existe un dilema entre controlar la inflación y sostener el crecimiento, y prometió no ceder 'un ápice' en su política monetaria.
La apuesta tiene un horizonte político claro: las elecciones presidenciales de 2027. Milei reconoció que su enfoque podría costarle la reelección, pero pareció haber asumido ese riesgo con calma. Su discurso cerró con una imagen de todo o nada: o Argentina da un paso histórico hacia la estabilidad, o él regresa al sector privado. No contempló ningún escenario intermedio.
Javier Milei se presentó el martes ante empresarios estadounidenses en Buenos Aires con un mensaje que mezclaba frustración personal y convicción ideológica. El presidente argentino acababa de enterarse de que la inflación de marzo había subido 3,4 por ciento respecto al mes anterior, la mayor alza mensual en un año. Le disgustaba el número. Pero no le disgustaba su estrategia para combatirlo.
"Detesto la forma de hacer las cosas que hace la política tradicional, y como odio a la inflación, y como el dato no me gustó y me repugna, voy a hablar de inflación", dijo Milei en la conferencia de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, el mismo día en que el Instituto Nacional de Estadística y Censos informó los números. Su tono era el de un hombre que reconoce una derrota táctica pero no una derrota estratégica. La inflación interanual había caído respecto a febrero, cuando alcanzó 33,1 por ciento, la cifra más alta en seis meses. Pero esa caída no ocultaba una realidad incómoda: los precios al consumidor llevaban diez meses consecutivos en ascenso, y la alza mensual de marzo era la más pronunciada desde hace un año.
Milei atribuyó el problema a fuerzas externas a su control: leyes votadas por la oposición en el Congreso y la turbulencia de los mercados durante las elecciones parlamentarias de 2025. "La inflación para adelante se va a derrumbar y la economía va a retornar el fuerte sendero de crecimiento que teníamos previo al ataque de la política", afirmó. Su diagnóstico era el mismo que ha sostenido desde que asumió en diciembre de 2023: la inflación es un fenómeno monetario, no estructural. Los precios suben porque hay demasiado dinero en circulación. La solución es sacar ese dinero de la calle.
"Vamos a sacar todos los pesos de la calle hasta que colapse la tasa de inflación, y no vamos a parar en eso. No vamos a ceder un ápice en la política monetaria", dijo Milei. Era una declaración de guerra contra los críticos que lo presionaban desde hace meses: analistas, empresarios, sectores que veían cómo la actividad económica se desplomaba, cómo el desempleo crecía, cómo la demanda se contraía. Milei rechazaba la premisa de sus críticos. No existe un dilema entre controlar la inflación y mantener el crecimiento, insistió. No existe un trade-off entre estabilidad de precios y empleo. Su Gobierno seguiría el "manual de hacer las cosas bien" sin importar el costo político.
Esa postura lo llevaba a un lugar incómodo. Milei reconocía que su enfoque podría afectar sus posibilidades de reelección en 2027. Pero parecía haber hecho las paces con esa posibilidad. "Vamos a escribir la mejor página de la historia argentina, nos acompañen o no nos acompañen. Si no nos acompañan, nos volvemos a casa, no pasa nada. Todos podemos volver a trabajar al sector privado. Pero si sale bien, Argentina habrá dado un paso para ser grande nuevamente", cerró su discurso. Era una apuesta todo o nada: o su estrategia monetaria restrictiva derrumba la inflación y Argentina se recupera, o fracasa y él regresa a la vida privada. No había punto medio. No había negociación. Solo la certeza de que el futuro le daría la razón.
Notable Quotes
Detesto la forma de hacer las cosas que hace la política tradicional, y como odio a la inflación, y como el dato no me gustó y me repugna, voy a hablar de inflación— Javier Milei, presidente de Argentina
No vamos a ceder un ápice en la política monetaria— Javier Milei
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Milei insiste en que la inflación "se va a derrumbar" cuando los números muestran diez meses consecutivos de aumentos?
Porque para él, los números mensuales son ruido. Lo que importa es la tendencia interanual, que bajó respecto a febrero. Pero más importante aún: cree que está en el medio de un proceso. Sacó dinero de la calle, la demanda cayó, pero los precios aún no han cedido. Espera que en algún momento el efecto se materialice.
¿Y si no se materializa? ¿Si la inflación sigue subiendo mes a mes?
Entonces enfrenta un problema político real. Ya hay empresarios y analistas criticando la baja actividad económica. Si la inflación no cae y el desempleo sigue subiendo, la presión será insostenible. Pero Milei parece haber decidido que eso es un riesgo que vale la pena correr.
¿Cómo explica que la inflación siga subiendo si ya sacó dinero de la calle?
Dice que la demanda de dinero colapsó en la segunda mitad del año pasado, lo que significa que la gente quería menos pesos. Pero los precios no ajustaron instantáneamente. Hay un desfase. Espera que eventualmente los precios caigan para equilibrarse con la menor cantidad de dinero disponible.
¿Eso es economía ortodoxa o es una apuesta?
Es ambas cosas. La teoría monetarista que cita es respetable. Pero aplicarla de forma tan rígida, sin flexibilidad, sin considerar el costo en empleo y actividad, es una apuesta. Y Milei está consciente de que es una apuesta. Por eso dice que si no funciona, se va a casa.
¿Qué pasa con los argentinos mientras tanto?
Viven la contracción. Menos trabajo, menos demanda, precios que no bajan. Milei cree que es el precio necesario para llegar a la estabilidad. Sus críticos creen que es un precio innecesariamente alto.