Cuando una nación entera se prepara para celebrar, el Estado debe anticipar la marea humana antes de que llegue. Buenos Aires alista más de mil efectivos policiales, drones, helicópteros y un hospital móvil en torno al Obelisco para contener y proteger las celebraciones de la final del Mundial entre Argentina y España. El operativo, coordinado entre fuerzas municipales, federales y aeroportuarias, refleja la tensión permanente entre la alegría colectiva y la responsabilidad de quienes deben custodiarla. Aún quedan variables sin resolver —el regreso de los jugadores, una posible visita a Casa R