Desde hace décadas, la tensión entre quienes controlan el software y quienes buscan eludirlo ha moldeado silenciosamente la infraestructura digital del mundo empresarial. A partir de agosto de 2026, Microsoft dará un paso significativo en esa disputa al anclar la activación masiva de Windows a un chip físico —el TPM— que no puede ser falsificado por software. La medida no es solo técnica: es una declaración de que la legitimidad, en adelante, deberá estar inscrita en el hardware mismo.