México y EE.UU. continúan negociaciones sobre reforma energética en tensión

Si tener acceso a ese mercado nos implica ceder soberanía, no lo aceptamos
López Obrador dejó clara la posición mexicana en julio, antes de que las negociaciones se suavizaran.

En el espacio tenso que existe entre la soberanía nacional y los compromisos comerciales internacionales, México y Estados Unidos prolongaron sus consultas sobre la reforma eléctrica mexicana, evitando por ahora el veredicto de un panel de arbitraje bajo el T-MEC. Washington sostiene que los cambios propuestos por López Obrador dañan a sus inversionistas y al medio ambiente; Ciudad de México responde que ningún tratado puede arrebatarle el control sobre sus propios recursos. Lo que se negocia en el fondo no es solo electricidad, sino el límite entre la integración económica y la autodeterminación de un pueblo.

  • Estados Unidos activó un mecanismo formal de resolución de conflictos contra México en julio, poniendo en marcha un reloj que amenazaba con derivar en un arbitraje vinculante de consecuencias impredecibles.
  • La salida en cascada de figuras clave del equipo negociador mexicano —incluyendo la secretaria de Economía y la subsecretaria de Comercio Exterior— generó incertidumbre sobre la continuidad y la dirección de la postura mexicana.
  • López Obrador pasó de una retórica de confrontación absoluta —'no entregaremos nuestra independencia'— a un tono más conciliador en octubre, señalando que ambos países buscan un arreglo sin choque directo.
  • Mientras las consultas se extienden sin acuerdo a la vista, ambos gobiernos trabajan en paralelo en un pacto sobre energías renovables que se anunciaría en la cumbre climática de la ONU en Egipto, buscando un terreno común fuera del conflicto central.
  • El plazo original de 75 días expiró sin resolución; la extensión acordada mantiene el panel de arbitraje como una sombra sobre la mesa, lista para activarse si las negociaciones fracasan.

A mediados de octubre, con el plazo inicial ya vencido, México y Estados Unidos eligieron extender sus negociaciones en lugar de ceder el control a un panel de arbitraje. La decisión postergó una escalada, pero no disipó la tensión de fondo: dos visiones incompatibles sobre los límites del libre comercio bajo el T-MEC.

El conflicto se originó en julio, cuando Washington activó un mecanismo formal de disputa contra las reformas eléctricas impulsadas por López Obrador. Para Estados Unidos, los cambios perjudican a sus inversionistas y generan daño ambiental. Para México, se trata del ejercicio legítimo de soberanía sobre sus recursos naturales y su seguridad energética. La primera reunión formal, celebrada el 23 de agosto, no produjo acuerdo alguno.

El proceso negociador mexicano sufrió una sacudida interna: la secretaria de Economía Tatiana Clouthier renunció el 6 de octubre, seguida por la subsecretaria de Comercio Exterior Luz María de la Mora y otros funcionarios clave del tratado. Raquel Buenrostro asumió la cartera y se reunió virtualmente con la representante comercial estadounidense Katherine Tai, quien presionó por avances rápidos.

El tono de López Obrador evolucionó con el tiempo. Su declaración de julio —'no vamos a entregar nuestra independencia a ningún gobierno extranjero'— cedió paso a un discurso más conciliador en octubre, reconociendo que ambos países buscaban un arreglo sin confrontación. Los objetivos mexicanos permanecen claros: fortalecer la CFE, garantizar el abastecimiento, reducir costos y combatir la corrupción.

Mientras las consultas continúan bajo reserva, ambos gobiernos trabajan en paralelo en un acuerdo sobre energías renovables, previsto para anunciarse en la cumbre climática de la ONU en Egipto. Si las negociaciones no prosperan, el panel de arbitraje seguirá esperando.

A mediados de octubre, cuando el plazo inicial para resolver sus diferencias había expirado, México y Estados Unidos tomaron una decisión que evitó una escalada inmediata: extender las negociaciones en lugar de permitir que un panel de arbitraje tomara el control. Pero la tensión que rodea estas conversaciones sobre energía es real, y refleja un choque fundamental entre dos visiones de cómo debe funcionar el comercio trilateral bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.

Todo comenzó en julio, cuando la administración estadounidense activó un mecanismo de resolución de conflictos contra México. La razón: el presidente Andrés Manuel López Obrador había propuesto cambios significativos en el sector eléctrico mexicano. Washington consideraba que estas reformas perjudicarían a sus inversionistas y causarían daño ambiental. México, por su parte, argumentaba que estaba ejerciendo un derecho fundamental: el control soberano sobre sus propios recursos naturales y su seguridad energética.

La primera reunión formal entre los países ocurrió el 23 de agosto sin que las partes llegaran a un acuerdo. El tratado les daba 75 días para encontrar una solución; de lo contrario, el asunto pasaría a un panel de arbitraje vinculante, un escenario que ambos países querían evitar. Cuando octubre llegó a su fin, ambas naciones confirmaron que continuarían las consultas. Canadá, que también había iniciado un proceso similar contra México, se mantuvo en la mesa.

En el lado mexicano, hubo cambios significativos en el equipo negociador. Tatiana Clouthier, la secretaria de Economía que había encabezado las primeras conversaciones, renunció el 6 de octubre. Días después, Luz María de la Mora, subsecretaria de Comercio Exterior, presentó su dimisión. Luego vinieron las salidas de Lydia Antonio de la Garza y César Remis, figuras clave en la implementación del tratado. Raquel Buenrostro fue designada para reemplazar a Clouthier, y fue ella quien se reunió virtualmente el jueves con Katherine Tai, la representante comercial especial de la Casa Blanca.

En esa reunión, Tai presionó a México para acelerar el proceso. El comunicado de la Oficina de Comercio estadounidense subrayó la importancia de lograr un progreso rápido para abordar lo que Washington identificaba como problemas en el sector energético mexicano. Desde el inicio del proceso, López Obrador había sido contundente: si acceder al mercado estadounidense significaba ceder soberanía, México no lo aceptaría. "No vamos a entregar nuestra independencia a ningún gobierno extranjero", había dicho a mediados de julio. Pero para octubre, su tono se había suavizado. Explicó que tras los conflictos iniciales, México había aclarado su punto de vista con Washington, y que ambos países estaban buscando un arreglo sin confrontación.

Lo que México quiere lograr con su reforma es claro: garantizar el abastecimiento energético, fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad, reducir los costos de la energía y combatir la corrupción. Washington ve en esos cambios una amenaza para sus inversionistas. Los detalles específicos de las negociaciones permanecen privados, algo que Clouthier dejó establecido desde el principio. Lo que sí se sabe es que mientras estas consultas continúan, ambos gobiernos están trabajando en paralelo en un acuerdo sobre energías renovables que será anunciado durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático el 6 de noviembre en Egipto.

La próxima fase de estas negociaciones determinará si México y Estados Unidos pueden encontrar un camino que respete tanto los intereses comerciales estadounidenses como la autonomía mexicana sobre sus recursos. Si no lo logran, el panel de arbitraje esperará.

Si tener acceso a ese mercado nos implica ceder soberanía, no lo aceptamos. No vamos a entregar nuestra independencia a ningún gobierno extranjero
— Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, julio de 2022
Ellos han decidido no dar el paso hacia un panel, y se está buscando un acuerdo, un arreglo, que no haya confrontación
— López Obrador, octubre de 2022, sobre el cambio de postura estadounidense
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Washington se opone tan firmemente a esta reforma eléctrica mexicana?

Model

Porque ve que la reforma fortalece a la empresa estatal mexicana, la CFE, lo que podría limitar las oportunidades de ganancia para inversionistas estadounidenses privados en el mercado eléctrico mexicano.

Inventor

¿Y México realmente tiene derecho a hacer esto bajo el tratado?

Model

Esa es exactamente la pregunta que está en disputa. México argumenta que sí, que controlar sus recursos naturales es un derecho soberano. Estados Unidos dice que el tratado protege a los inversionistas extranjeros de cambios que los perjudiquen.

Inventor

¿Qué pasó con todos esos funcionarios que renunciaron?

Model

No está claro si fue presión, desacuerdo interno, o simplemente cambios de personal. Pero el hecho de que cuatro figuras clave se fueran en cuestión de semanas sugiere que las negociaciones eran difíciles y quizás había fricción sobre cómo manejarlas.

Inventor

¿Cuál es el verdadero riesgo aquí si no llegan a un acuerdo?

Model

Un panel de arbitraje que podría obligar a México a cambiar su reforma o pagar sanciones comerciales. Eso es lo que ambos países quieren evitar, por eso siguen negociando.

Inventor

¿Tiene México alguna ventaja en estas negociaciones?

Model

Tiene la ventaja de que Estados Unidos y Canadá tampoco quieren un panel. Y tiene el hecho de que López Obrador está dispuesto a caminar si la soberanía está en juego, lo que le da cierta credibilidad a su posición.

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