Los avances logrados en otras partes del mundo no están llegando a todos
Mientras el mundo desarrollado celebra una lenta retirada de la demencia, América Latina camina en sentido contrario. Entre 2003 y 2020, México registró el mayor aumento de prevalencia entre cinco naciones estudiadas, pasando de 9.6% a 14.5% en adultos mayores de 65 años, dejando a 1.2 millones de personas atrapadas en una enfermedad que borra la memoria y la identidad. Lo que este estudio revela no es solo una estadística clínica, sino el mapa de una desigualdad global: las condiciones en que se vive determinan, en gran medida, cómo se envejece y cómo se olvida.
- México lidera un aumento alarmante de demencia que contradice la tendencia a la baja observada en países ricos como Estados Unidos durante el mismo período.
- Más de 1.2 millones de mexicanos viven hoy con una enfermedad que erosiona su memoria, su autonomía y su identidad, sin acceso suficiente a atención especializada.
- La obesidad, el sedentarismo, la pobreza y la falta de acceso a servicios de salud se combinan para crear un terreno fértil para la demencia en México y Puerto Rico.
- Investigadores de universidades de Washington y Newcastle advierten que los avances logrados en países desarrollados no están llegando a las poblaciones latinas, que envejecen más rápido que casi cualquier otra región del mundo.
- El estudio exige con urgencia inversión en infraestructura sanitaria y políticas de envejecimiento saludable, o los números seguirán subiendo mientras el mundo mira hacia otro lado.
En México, 1.2 millones de personas viven con demencia. No es una cifra fija ni inevitable: es el resultado de dos décadas de cambio acelerado que han convertido al país en el epicentro de una crisis neurológica que separa a América Latina del mundo desarrollado.
Entre 2003 y 2020, mientras países como Estados Unidos veían caer sus tasas de demencia, cinco naciones latinoamericanas experimentaban lo contrario. La prevalencia regional saltó de 10.6% a 16.9%. México lideró ese aumento, pasando de 9.6% a 14.5%. Perú y Puerto Rico también escalaron significativamente, sumando cientos de miles de personas afectadas. Cuba y República Dominicana, en cambio, mantuvieron niveles relativamente estables.
El estudio, publicado en JAMA Neurology y liderado por científicos de la Universidad de Washington en San Luis y la Universidad de Newcastle, desafía una suposición cómoda: que los avances globales contra la demencia benefician a todos por igual. Jorge Llibre Guerra, autor principal, señaló que casi toda la evidencia sobre la evolución de la enfermedad provenía de países ricos, dejando a la población latina sin perspectiva propia, pese a que la región envejece más rápido que casi cualquier otro lugar del mundo.
Para el análisis, el equipo trabajó con cerca de 16,950 participantes mayores de 65 años de los cinco países, evaluados en dos períodos mediante el algoritmo diagnóstico 10/66, una herramienta diseñada para contextos con bajo nivel educativo que combina pruebas cognitivas, entrevistas y testimonios de cuidadores. Su precisión supera el 94% de sensibilidad.
Los investigadores apuntan a la obesidad, el sedentarismo y las enfermedades metabólicas mal controladas como factores clave, pero también a condiciones estructurales: pobreza y acceso limitado a servicios de salud. Ana Luisa Sosa, coautora del estudio y epidemióloga del Instituto Nacional de Neurología de México, advirtió que la tendencia a la baja observada en países ricos podría no replicarse globalmente, evidenciando profundas desigualdades en salud pública.
Sin inversión en infraestructura sanitaria y sin políticas que promuevan un envejecimiento saludable, concluyen los autores, los números seguirán subiendo. La demencia en América Latina no es solo una tragedia médica: es también el reflejo de lo que ocurre cuando una región envejece rápido y sin los recursos para hacerlo bien.
En México, alrededor de 1.2 millones de personas viven con demencia. Esa cifra no es estática ni inevitable. Es el resultado de dos décadas de cambio acelerado que ha convertido al país en el epicentro de una crisis neurológica que distingue a América Latina del resto del mundo desarrollado.
Entre 2003 y 2020, mientras que países como Estados Unidos veían disminuir sus tasas de demencia en adultos mayores de 65 años, cinco naciones latinoamericanas experimentaban lo opuesto. La prevalencia regional saltó de 10.6 por ciento a 16.9 por ciento. México lideró ese aumento: pasó de 9.6 por ciento a 14.5 por ciento. Perú subió de 7.6 por ciento a 11.7 por ciento. Puerto Rico escaló de 10.7 por ciento a 15.7 por ciento. Cuba y República Dominicana, en cambio, mantuvieron sus niveles relativamente estables. Los números son más que abstractos: representan 416,800 personas en Perú y 100,400 en Puerto Rico viviendo con una enfermedad que erosiona la memoria, la identidad y la capacidad de cuidarse a uno mismo.
Esta investigación, liderada por científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis y la Universidad de Newcastle, desafía una suposición cómoda que ha dominado el entendimiento global sobre la demencia. Jorge Llibre Guerra, profesor asistente de neurología y autor principal del estudio publicado en JAMA Neurology, explicó que casi toda la evidencia sobre cómo evoluciona la demencia provenía de países ricos. "Simplemente no teníamos esa perspectiva para la población latina, a pesar de que la población de la región está envejeciendo más rápido que en casi cualquier otro lugar," señaló. Lo que descubrieron fue inquietante: los avances logrados en otras partes del mundo no están llegando a todos. La carga de la demencia, concluyeron, está determinada por las condiciones en las que viven las personas.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó datos de cerca de 24,000 adultos mayores de 65 años incluidos en la base del Grupo de Investigación sobre Demencia 10/66, un consorcio internacional que desde finales del siglo pasado estudia el envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas en países de ingresos bajos y medios. Seleccionaron aproximadamente 16,950 participantes de Cuba, República Dominicana, México, Perú y Puerto Rico. La información fue evaluada en dos periodos mediante un algoritmo diagnóstico 10/66, una herramienta diseñada específicamente para estudios poblacionales en contextos donde muchos adultos mayores tienen bajos niveles de escolaridad. El algoritmo combina historiales clínicos, entrevistas estructuradas, pruebas cognitivas y testimonios de familiares o cuidadores obtenidos mediante visitas domiciliarias. Ha demostrado una sensibilidad de 94 por ciento y una especificidad de 97 por ciento frente a métodos diagnósticos convencionales.
Durante la primera fase, entre 2003 y 2006, los científicos evaluaron a 10,374 personas mediante levantamientos casa por casa en zonas geográficas previamente definidas. Revisaron expedientes clínicos para identificar factores de riesgo: nivel educativo, actividad física, tabaquismo, consumo de alcohol, aislamiento social, diabetes, obesidad, hipertensión, depresión, problemas de visión o audición. Durante las visitas aplicaron pruebas de memoria, lenguaje y razonamiento, además de entrevistas con participantes y cuidadores para detectar cambios en el comportamiento o en la capacidad de realizar actividades cotidianas. El procedimiento se repitió en una segunda fase con una muestra de 6,576 adultos mayores.
Los investigadores plantean que las diferencias entre países podrían explicarse, en parte, por la distinta frecuencia de obesidad, sedentarismo y enfermedades metabólicas mal controladas. Pero también hay factores sociales y estructurales: la pobreza y las dificultades para acceder a servicios de salud, condiciones que incrementan el riesgo de desarrollar demencia, especialmente en lugares como México y Puerto Rico. Ana Luisa Sosa, médica y epidemióloga psiquiátrica del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de la Ciudad de México y coautora del estudio, señaló que los hallazgos sugieren que la tendencia a la baja en la demencia observada en algunos países de altos ingresos podría no replicarse a nivel mundial. "Los datos indican que la prevalencia de la demencia podría estar aumentando en ciertos entornos, lo que pone de manifiesto importantes desigualdades globales y desafíos para la salud pública."
Para Llibre Guerra, las cifras de los cinco países muestran que esta enfermedad "ha sido sistemáticamente subestimada" en América Latina. El estudio advierte que países como México, Perú y Puerto Rico enfrentan la necesidad urgente de invertir en infraestructura sanitaria y desarrollar políticas públicas que favorezcan un envejecimiento saludable. Sin esa inversión, sin esos cambios estructurales, los números seguirán subiendo mientras el mundo desarrollado mira hacia otro lado.
Citas Notables
Los avances logrados en otras partes del mundo no están llegando a todos, y esto subraya hasta qué punto la carga de la demencia está determinada por las condiciones en las que viven las personas— Jorge Llibre Guerra, profesor asistente de neurología
Los hallazgos sugieren que la tendencia a la baja en la demencia observada en algunos países de altos ingresos podría no replicarse a nivel mundial— Ana Luisa Sosa, epidemióloga psiquiátrica del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué México específicamente? ¿Qué lo hace diferente a Cuba o República Dominicana?
Los investigadores no lo saben con certeza. Pero sospechan que tiene que ver con cómo vive la gente. Más obesidad, más sedentarismo, enfermedades metabólicas sin control. Pero también pobreza, acceso limitado a servicios de salud. Esos factores se acumulan.
Entonces esto no es genético. Es ambiental.
Exactamente. Y eso es lo que hace que sea tan urgente. No es algo que no podamos cambiar. Es el resultado de decisiones sobre cómo organizamos la salud pública, cómo vivimos.
¿Cómo es posible que en Estados Unidos baje la demencia mientras en México sube?
Porque en Estados Unidos hay más acceso a diagnóstico temprano, mejor control de la diabetes, más actividad física, mejor nutrición. Y eso ha estado sucediendo durante décadas. En México, esos beneficios no han llegado de la misma manera.
¿Qué significa vivir con demencia en México?
Significa que 1.2 millones de personas están perdiendo la capacidad de cuidarse a sí mismas, de recordar a sus familias, de vivir con independencia. Y muchas de ellas no tienen acceso a especialistas que puedan ayudar.
¿Esto se puede revertir?
No en las personas que ya tienen demencia. Pero sí se puede prevenir en las próximas generaciones. Eso requiere invertir ahora en salud pública, en educación, en acceso a servicios. Los investigadores son claros: sin eso, los números seguirán subiendo.