En la Ciudad de México, la ciencia agrícola dio un paso silencioso pero significativo: dos instituciones —una nacional, otra global— unieron sus conocimientos para reimaginar el futuro del arroz mexicano. El Inifap y el Cimmyt formalizaron la entrega de 123 líneas genéticas seleccionadas para resistir sequías, enfermedades y la incertidumbre climática, en respuesta a la aspiración del país de cultivar su propia independencia alimentaria. Este acuerdo no es solo un intercambio de semillas, sino una declaración de que la soberanía se construye también en los laboratorios y en los campos.