En el cruce entre la ambición tecnológica y la paciencia del capital, Meta reveló esta semana los contornos de una apuesta que incomoda a los mercados: gastar decenas de miles de millones en inteligencia artificial antes de saber con certeza cuándo —o si— esa inversión devolverá su valor. Los ingresos publicitarios crecen con solidez, pero el flujo de caja libre se derrumbó un 91% en un solo trimestre, y la compañía elevó aún más sus proyecciones de gasto para 2026. Es la historia antigua de quien construye la catedral sin ver el horizonte de su terminación.