Una crisis real se está gestando y para algunos, aún puede empeorar
En los rincones más frágiles del mundo en desarrollo, la ausencia del dólar se ha convertido en una sentencia silenciosa: fábricas detenidas, hospitales sin medicamentos, vuelos cancelados. Lo que Wall Street celebraba como una oportunidad hace apenas unos meses, hoy revela su otra cara —la de naciones atrapadas entre deudas en divisas que no pueden conseguir y un sistema financiero global que castiga a los más vulnerables cuando el dólar se fortalece. La crisis no es solo económica; es humana, y su profundidad aún no ha tocado fondo.
- Pakistán, Sri Lanka, Nigeria y Bangladesh enfrentan paralizaciones reales: fábricas cerradas, cirugías postergadas y aerolíneas que abandonan rutas porque no pueden repatriar sus ganancias en dólares.
- El fortalecimiento del dólar ha golpeado con fuerza desproporcionada a Ghana, Egipto, Pakistán y Zambia, cuyas monedas se desploman mientras sus deudas en divisas se vuelven impagables.
- El optimismo inversor de principios de año se ha evaporado: el índice de deuda preemergente de JPMorgan registró su peor mes desde septiembre, y los gestores de fondos abandonan estrategias amplias por enfoques más selectivos y cautelosos.
- Fitch Ratings advierte que las rebajas de calificación crediticia se multiplicarán, encareciendo aún más el acceso al crédito para países que ya no pueden permitirse pagar lo que deben.
- Mientras algunos países colapsan, México y Colombia emergen como refugios relativos: economías con déficits controlados que atraen a inversores que buscan sobrevivir en un mundo donde los dólares escasean.
Hace apenas unos meses, Wall Street observaba los mercados emergentes con esperanza renovada. Hoy ese consenso se ha roto. En algunos de los países más vulnerables del mundo, la realidad es contundente: no hay dólares, y sin dólares, todo se detiene.
En Pakistán, las plantas manufactureras han paralizado operaciones porque los gerentes no tienen divisas para importar insumos. En Sri Lanka, el combustible se racionó a veinte litros por persona a la semana y los hospitales posponen cirugías no urgentes por falta de medicamentos. En Nigeria, las aerolíneas internacionales suspendieron vuelos al no poder retirar sus dólares del país. Bangladesh necesita mil millones de dólares solo para importar combustible y evitar apagones. Malaui enfrenta escasez simultánea de fármacos, fertilizantes y diésel.
Hasnain Malik, estratega de Tellimer en Dubái, advierte que para varias de estas naciones lo peor aún no ha llegado, y que los inversores deberán aprender a leer las vulnerabilidades específicas de cada país antes de que la próxima sorpresa los tome desprevenidos, como ocurrió con Ghana o Sri Lanka.
Los datos respaldan la alarma. El índice de deuda preemergente de JPMorgan Chase registró su peor desempeño desde septiembre. Las monedas de Ghana, Egipto, Pakistán y Zambia se han desplomado muy por encima de sus pares globales. El origen del problema es claro: cuando el dólar sube, los países endeudados en esa moneda sufren de manera desproporcionada.
Fitch Ratings anticipa que los mercados de frontera seguirán enfrentando un entorno adverso —dólar fuerte, rendimientos elevados, acceso restringido a bonos— y que la caída de reservas de divisas probablemente desencadene más rebajas crediticias, encareciendo aún más el costo de endeudarse.
En este escenario, los fondos más prudentes buscan refugio en economías con finanzas más ordenadas. Barclays señala a México y Colombia como ejemplos de consolidación fiscal sólida. El mensaje de fondo es inequívoco: en un mundo donde los dólares escasean, no todos los mercados emergentes corren la misma suerte. Algunos encontrarán el camino. Otros, no.
Hace apenas unos meses, Wall Street miraba los mercados emergentes con optimismo. Hoy, ese consenso se desmorona. En algunos de los países más vulnerables del mundo en desarrollo, la realidad es brutal: no hay dólares. Sin dólares no hay materias primas. Sin materias primas, las fábricas cierran. Sin acceso a divisas, los gobiernos se retuercen bajo el peso de sus deudas mientras suplican al Fondo Monetario Internacional que los rescate.
En Pakistán, las plantas de manufactura han paralizado sus operaciones en los últimos meses. Los gerentes simplemente no tienen moneda extranjera para comprar lo que necesitan importar. En Sri Lanka, el gobierno racionó el combustible a veinte litros por persona a la semana. Los hospitales públicos posponen cirugías que no son de emergencia porque no hay medicamentos ni suministros médicos. En Nigeria, las aerolíneas internacionales dejaron de volar porque no pueden sacar sus dólares del país. Bangladesh necesita mil millones de dólares del banco central solo para importar combustible y evitar un apagón. Malaui enfrenta escasez de fármacos, fertilizantes y diésel. La lista crece.
Hasnain Malik, estratega de mercados emergentes en Tellimer desde Dubái, lo resume con claridad: una crisis real se está gestando en estas naciones, y para algunas, lo peor aún no llega. Los inversores, dice, tendrán que aprender a leer las vulnerabilidades de cada país, a diferenciar el riesgo, porque la próxima sorpresa podría ser tan devastadora como lo fue Ghana o Sri Lanka.
Los números lo confirman. El índice Next Generation Markets de JPMorgan Chase, que sigue la deuda en dólares de países preemergentes, cayó 0.4 por ciento el mes pasado, su peor desempeño desde septiembre. Las monedas de Ghana, Egipto, Pakistán y Zambia se han desplomado mucho más que sus pares globales este año. El culpable es claro: el dólar estadounidense se ha fortalecido, y cuando el dólar sube, los países que deben en dólares sufren.
Esto ha obligado a los gestores de fondos a cambiar de táctica. El optimismo generalizado que dominaba a principios de año ha cedido a un enfoque más cauteloso, más selectivo. John Marrett, analista sénior de The Economist Intelligence Unit en Hong Kong, es directo: estos países están en colapso económico. Algunos, como Pakistán, están al borde de otro default. Sus economías se desmoronan. Sus monedas pierden valor día tras día.
Fitch Ratings advierte que los mercados de frontera seguirán enfrentando vientos en contra durante el año: un dólar fuerte, rendimientos altos, acceso limitado a los mercados de bonos. Y hay más: las reservas de divisas están cayendo, lo que probablemente dispare más rebajas de calificación crediticia. Eso significa que estos países tendrán que pagar más para pedir dinero prestado, si es que alguien les presta.
Los fondos más prudentes ahora buscan rendimientos en la deuda de gobiernos que han mantenido sus déficits bajo control y sus monedas relativamente estables. Barclays ha puesto los ojos en México y Colombia como ejemplos de países que avanzan hacia una consolidación fiscal más sólida. El mensaje es claro: en un mundo donde los dólares escasean, no todos los mercados emergentes son iguales. Algunos sobrevivirán. Otros no.
Citas Notables
Los inversionistas deberán estar aún más atentos a la detección de vulnerabilidades y la diferenciación del riesgo país para evitar ser sorprendidos por el próximo Ghana o Sri Lanka— Hasnain Malik, estratega de mercados emergentes en Tellimer
Estos países están sumidos en un colapso económico y algunos, como Pakistán, están al borde de otro default— John Marrett, analista sénior de The Economist Intelligence Unit
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el fortalecimiento del dólar causa tanto daño en estos países?
Porque sus gobiernos y empresas deben dinero en dólares. Cuando el dólar sube, el costo de pagar esa deuda se dispara. Al mismo tiempo, sus propias monedas se debilitan, así que necesitan más de su moneda local para conseguir un dólar. Es un doble golpe.
Pero ¿no deberían tener reservas de dólares para estos momentos?
Deberían, pero muchos no las tienen. O las agotaron. Pakistán, Sri Lanka, Nigeria, Bangladesh: todos están en la misma situación. Necesitan dólares para importar combustible, medicinas, materias primas. Sin eso, la economía se detiene.
¿Qué significa que un hospital posponga cirugías no urgentes?
Significa que hay gente esperando. Significa que las condiciones empeoran mientras esperan. Significa que el sistema de salud está colapsando, no por falta de doctores, sino por falta de medicinas y suministros que solo se pueden comprar con dólares.
¿Wall Street realmente no vio esto venir?
Hace unos meses, el optimismo era generalizado. Pocos esperaban que los problemas fueran tan profundos o llegaran tan rápido. Pero ahora los gestores de fondos están siendo mucho más cuidadosos, diferenciando entre países. Algunos sobrevivirán. Otros no.
¿Qué pasa si un país como Pakistán entra en default?
Entonces no puede pedir dinero prestado. Sus costos de endeudamiento suben. Su moneda cae más. Y la gente sufre: menos empleos, menos servicios, menos esperanza.