En el corazón del debate financiero mexicano, dos ejecutivos del sector fintech han articulado una tensión tan antigua como el progreso mismo: la distancia entre lo que la tecnología puede hacer y lo que la ley permite. Pedro Rivas y Luis Ortiz no piden la ausencia de reglas, sino su renovación continua, reconociendo que cuando la regulación llega tarde, el vacío lo llena la incertidumbre. México enfrenta, como tantos otros países, la pregunta de si sus instituciones pueden moverse al ritmo de su propia innovación.