En los supermercados modernos, la proteína se ha convertido en sinónimo de virtud nutricional, pero los expertos advierten que este número aislado puede engañar tanto como iluminar. Detrás de cada promesa en el envase puede esconderse azúcar añadida, grasas saturadas o una necesidad que simplemente no existe para quien lo compra. Como ocurre con tantas modas alimentarias, la sabiduría no está en seguir la corriente, sino en detenerse a leer lo que el envase no anuncia con letras grandes.