Todo el mundo tiene miedo, pasó la noche en el coche con su familia
El sismo del lunes alcanzó magnitud 7,8 con epicentro en el sureste turco, registrando 185 réplicas incluyendo un segundo temblor de 7,5 grados. Turquía reporta 3.419 muertos y 20.534 heridos; Siria al menos 1.602 fallecidos. La OMS advierte que 23 millones de personas están expuestas a las consecuencias.
- Terremoto de magnitud 7,8 el lunes a las 4:17 AM, seguido de réplica de 7,5 al mediodía y 185 réplicas adicionales
- Turquía: 3.419 muertos, 20.534 heridos; Siria: 1.602 muertos, 3.640 heridos
- Casi 5.000 edificios derrumbados en Turquía; 23 millones de personas expuestas a consecuencias
- Erdogan decretó estado de emergencia por tres meses en diez provincias del sureste
- Equipos de rescate de Francia, Catar, China y Rusia desplegados; 45 países ofrecieron ayuda
Un terremoto de magnitud 7,8 azotó Turquía y Siria dejando más de 5.000 muertos. Los equipos de rescate luchan contra el reloj y condiciones climáticas adversas mientras llega ayuda internacional.
Mientras amanecía el martes en Turquía y el norte de Siria, los rescatistas ya llevaban horas cavando entre los escombros con las manos desnudas, buscando sobrevivientes en medio del frío, la lluvia y la nieve. El lunes por la madrugada, un terremoto de magnitud 7,8 había sacudido la región con una violencia que se sintió hasta en Líbano, Chipre e Irak. Ahora, menos de veinticuatro horas después, el balance de muertos había superado los cinco mil.
En Turquía, el vicepresidente Fuat Oktay confirmó 3.419 fallecidos y 20.534 heridos. En Siria, las autoridades de Damasco y los equipos de rescate en zonas rebeldes reportaban al menos 1.602 muertes y 3.640 heridos. Pero estos números, ya de por sí devastadores, amenazaban con crecer. Casi cinco mil edificios se habían derrumbado solo en territorio turco, y la magnitud de la destrucción sugería que aún había cuerpos bajo los escombros. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan decretó el estado de emergencia por tres meses en diez provincias del sureste, la región más golpeada.
La Organización Mundial de la Salud pintaba un cuadro aún más amplio del desastre. Según Adelheid Marschang, responsable de la OMS, veintitrés millones de personas estaban expuestas a las consecuencias del terremoto, incluyendo cinco millones en situación de vulnerabilidad. El director general de la institución, Tedros Adhanom Ghebreyesus, lo resumió en una frase que capturaba la urgencia del momento: era una carrera contra el reloj.
Los rescatistas trabajaban en condiciones extremas. En Jindires, una localidad siria en la frontera turca, hallaron viva a una recién nacida aún conectada al cordón umbilical de su madre fallecida, sacada de entre los cascotes de un edificio. En Alepo, más al sur, Mahmud al Ali esperaba junto a un edificio destruido, rogando que los socorristas comenzaran a excavar. Su suegra, su suegro y dos de sus hijos estaban atrapados bajo los escombros. "Estamos aquí sentados, en el frío y la lluvia, esperando", decía. En Hatay, en el sur turco, rescataron viva a una niña de siete años que había quedado bloqueada bajo una montaña de polvo y concreto. Cuando los socorristas la sacaron, con su pijama rosa manchado de polvo, lo primero que preguntó fue: "¿Dónde está mi madre?". El futbolista ghanés Christian Atsu, que había fichado por el Hatayspor apenas cinco meses antes, fue encontrado vivo entre los restos de un inmueble.
El lunes había traído dos sacudidas principales: la primera de 7,8 grados a las 4:17 de la madrugada, y una segunda de 7,5 al mediodía. Luego vinieron 185 réplicas que mantuvieron a la población en estado de pánico constante. Durante la madrugada del martes, continuaron los temblores. El más fuerte, de magnitud 5,5, ocurrió a las 6:13 de la mañana, a nueve kilómetros al sureste de Gölbasi. Las autoridades turcas habilitaron gimnasios, escuelas y mezquitas para albergar a los sobrevivientes, pero muchos habitantes, aterrorizados por la posibilidad de nuevos sismos, prefirieron pasar la noche al aire libre. En Sanliurfa, un hombre de cincuenta y cinco años llamado Mustafa Koyuncu pasó la noche con su esposa y cinco nietos dentro del coche familiar. "Todo el mundo tiene miedo", explicaba.
La ayuda internacional comenzaba a llegar. El martes, los primeros equipos de rescatistas de Francia y Catar estaban en camino. El presidente estadounidense Joe Biden prometió a su homólogo turco "toda la ayuda necesaria, sea la que sea". China anunció el envío de 5,9 millones de dólares, incluyendo equipos especializados en rescate urbano, material médico y suministros de emergencia. Según Erdogan, cuarenta y cinco países ofrecieron asistencia. Rusia, aliada de Siria, prometió equipos de socorro en las próximas horas, además de trescientos militares ya desplegados en el terreno. La ONU también reaccionó, aunque insistió en que la ayuda debía llegar a toda la población siria, incluyendo las zonas fuera del control de Damasco. La Media Luna Roja siria, por su parte, instó a la Unión Europea a levantar las sanciones contra el régimen.
Este era el terremoto más destructivo en Turquía desde agosto de 1999, cuando un sismo de similar magnitud mató a diecisiete mil personas, mil de ellas en Estambul. Las condiciones meteorológicas adversas en Anatolia complicaban las labores de rescate y oscurecían las perspectivas de los sobrevivientes, que se calentaban en tiendas improvisadas o alrededor de hogueras. El frío extremo añadía otro peligro: la hipotermia acechaba a los heridos y a quienes permanecían atrapados bajo los escombros. Mientras los rescatistas continuaban su búsqueda desesperada, el mundo observaba y esperaba que la ayuda llegara a tiempo.
Notable Quotes
Es una carrera contra el reloj— Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS
Mi suegra, mi suegro y dos de sus hijos están atrapados. Estamos aquí sentados, en el frío y la lluvia, esperando que los socorristas empiecen a excavar— Mahmud al Ali, esperando noticias de su familia en Alepo
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el frío se convierte en un enemigo tan importante como los escombros mismos?
Porque un sobreviviente sacado de entre los cascotes puede morir de hipotermia en cuestión de horas si no recibe calor y atención médica. El cuerpo humano pierde temperatura rápidamente cuando está mojado y expuesto. En una noche de lluvia y nieve, es tan letal como el derrumbe.
Hay algo perturbador en la imagen de esa recién nacida encontrada viva. ¿Qué nos dice eso sobre la escala del desastre?
Que los escombros no discriminan. Una madre muere, pero su hijo recién nacido, protegido por su cuerpo, sobrevive. Es un recordatorio de que bajo cada número hay historias imposibles de procesar.
¿Por qué tanta gente prefirió dormir en sus autos en lugar de ir a los refugios?
El miedo es más fuerte que la comodidad. Después de sentir cómo la tierra se mueve bajo tus pies, la idea de estar dentro de un edificio, aunque sea un gimnasio, se vuelve insoportable. Preferían el frío del auto a la posibilidad de que el techo se les cayera encima.
La OMS dice que veintitrés millones de personas están expuestas. ¿Qué significa realmente eso?
Significa que no es solo sobre los que murieron o resultaron heridos. Es sobre los que perdieron sus casas, sus empleos, sus redes de apoyo. Es sobre la hambruna, las enfermedades, el colapso de servicios. El terremoto es solo el primer golpe.
¿Por qué Rusia y China se movieron tan rápido con ayuda?
Porque en una crisis humanitaria de esta escala, la geopolítica se vuelve secundaria. Pero también porque ambos países tienen intereses estratégicos en la región. La ayuda es real, pero también es diplomacia.