En el umbral de las elecciones municipales de 2026, más de cincuenta alcaldes peruanos han hallado en la renuncia ajena una puerta que la Constitución les había cerrado: al ceder su candidatura, el primer regidor —que es el propio alcalde en funciones— queda listo para recuperar el poder si su partido triunfa. Lo que la norma prohíbe de frente, la ingeniería electoral lo rodea por detrás, revelando una tensión antigua entre la letra de la ley y la voluntad de quienes saben leerla con provecho. El Jurado Nacional de Elecciones y legisladores buscan ahora cerrar ese resquicio antes de que se con