En las horas más oscuras del 25 de agosto, el Estado colombiano respondió con más de doscientos comandos especializados al ataque sufrido por la Estación de Policía de Norosí, en el sur de Bolívar. Lo que ocurrió allí no fue solo un enfrentamiento armado: fue la irrupción de la violencia en la vida cotidiana de una comunidad, incluyendo niños en sus aulas. La operación desplegada hacia la vereda Santa Elena es, en su fondo, una pregunta que Colombia lleva décadas haciéndose: ¿puede el Estado recuperar la confianza de quienes viven donde la ley y la fuerza armada ilegal compiten por el mismo te
Más de 200 comandos Jungla buscan responsables del ataque a Policía en Norosí
El ataque puso en riesgo la vida de policías y generó temor entre la población civil, incluyendo niños que se encontraban en jornada escolar.