Hay demasiados escombros y no ha venido nadie a salvarnos
Mandalay, segunda ciudad de Myanmar con 1,5 millones de habitantes, sufrió devastación mayor al estar a solo 17,2 km del epicentro, con la mayoría de edificios colapsados. Myanmar enfrenta crisis humanitaria agravada por guerra civil de cuatro años; la junta militar continúa bombardeando zonas rebeldes pese a la catástrofe y cierre de aeropuertos dificulta ayuda.
- Terremoto de magnitud 7,7 el viernes a las 12:50 en Myanmar, a 10 kilómetros de profundidad
- 1.644 muertos confirmados en Myanmar, al menos 6 en Bangkok; proyecciones de hasta 10.000
- Mandalay, a 17,2 km del epicentro, con 1,5 millones de habitantes, sufrió devastación casi total
- Aeropuertos de Mandalay y Naypidó cerrados; solo Yangón operativo para recibir ayuda
- Junta militar continúa bombardeando zonas rebeldes pese a la catástrofe
Un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Myanmar y Tailandia el viernes, dejando más de 1.600 muertos confirmados. Expertos advierten que la cifra podría superar los 10.000 debido a la baja profundidad del sismo y las infraestructuras deficientes.
El viernes al mediodía, un terremoto de magnitud 7,7 sacudió el corazón de Myanmar con una violencia que el país, ya desgarrado por cuatro años de guerra civil, no estaba preparado para soportar. La tierra se movió a solo diez kilómetros de profundidad, lo suficientemente cerca para desatar una devastación casi total en una región densamente poblada y con infraestructuras frágiles. Cuando los temblores cesaron, quedó claro que la cifra de muertos sería catastrófica. Las autoridades militares confirmaron 1.644 fallecidos en Myanmar y al menos seis en Bangkok, pero expertos del Servicio Geológico estadounidense advirtieron que el número real podría superar los 10.000. Más de 3.400 personas resultaron heridas y 139 desaparecieron.
Mandalay, la segunda ciudad más grande del país con 1,5 millones de habitantes, se convirtió en el epicentro del sufrimiento. Ubicada a apenas 17 kilómetros del epicentro, la antigua capital budista vio cómo la mayoría de sus edificios se derrumbaban. Trabajadores de emergencia describieron una escena de pesadilla: puentes colapsados, carreteras destrozadas, el Hospital General desbordado y dañado, líneas de electricidad y comunicación cortadas. Un rescatista dijo a la BBC que la imagen era terrorífica, con gente corriendo por las calles gritando y llorando. Según las autoridades militares, 1.591 casas sufrieron daños en la ciudad, aunque algunos reportes locales hablaban de que aproximadamente una quinta parte de todos los edificios había quedado destruido.
Lo que sucedió después del terremoto reveló la magnitud de la crisis humanitaria. Sin maquinaria pesada, sin coordinación oficial, los propios ciudadanos removieron escombros con las manos desnudas en un intento desesperado por rescatar a los atrapados. Htet Min Oo, un joven de 25 años, logró sobrevivir bajo un muro de ladrillos que lo inmovilizó, pero no pudo salvar a su abuela ni a dos de sus tíos. Entre lágrimas, le dijo a Reuters: hay demasiados escombros y no ha venido nadie a salvarnos. La Cruz Roja reportó que más de 90 personas podrían estar atrapadas en un solo bloque de apartamentos colapsado. Los equipos de rescate trabajaban sin descanso, pero enfrentaban un obstáculo brutal: no tenían suficiente personal ni máquinas para retirar los escombros, y las llamadas de gente atrapada llegaban más rápido de lo que podían responder.
En Tailandia, la atención se concentró en un rascacielos en construcción en Bangkok que se desmoronó como un castillo de naipes. Los rescatistas anunciaron que había al menos 15 supervivientes entre los escombros, pero aproximadamente 50 personas seguían desaparecidas. El Departamento de Prevención y Mitigación de Desastres trabajaba contra reloj para superar la ventana crítica de tres días de supervivencia. El director de Bomberos de Bangkok explicó que algunos atrapados estaban a tres metros de profundidad, y como los escombros seguían cayendo, los equipos no podían usar maquinaria pesada. El viceprimer ministro tailandés, Anutin Charnweerakul, dijo a reporteros que mantenían la esperanza y trabajaban sin descanso.
Lo que hizo aún más grave la situación fue que Myanmar estaba siendo golpeado en el peor momento posible. El país, sumido en el caos desde el golpe de Estado de febrero de 2021, ya enfrentaba una guerra civil devastadora. La junta militar, que había depuesto al Gobierno democrático, no controlaba todo el territorio: muchas zonas estaban gobernadas por milicias y grupos opositores. Y pese a la magnitud de la catástrofe, el sábado y el viernes, las fuerzas de la junta continuaron bombardeando zonas rebeldes en la región de Sagaing y en el Estado Shan, ambas afectadas por el sismo. El general Min Aung Hlaing, líder de la junta, hizo una petición inusual en un discurso televisado: invitó a organizaciones y naciones a venir a ayudar, algo que rara vez había hecho ante desastres naturales previos. Pero su Gobierno enfrentaba una orden de arresto del Tribunal Penal Internacional y rara vez colaboraba con la comunidad internacional.
La infraestructura del país se desmoronó junto con los edificios. Los aeropuertos de Mandalay y Naypidó, la capital, dejaron de operar. En Naypidó, la torre de control se derrumbó, matando a seis personas. Solo el aeropuerto de Yangón, la ciudad más grande, permaneció abierto, permitiendo la entrada de ayuda, pero el cierre de las otras dos instalaciones ralentizaría drásticamente las misiones humanitarias.
La comunidad internacional comenzó a movilizarse. La ASEAN afirmó su solidaridad y se comprometió a coordinar asistencia humanitaria. China, cuyo presidente Xi Jinping habló con el jefe de la junta militar, y Corea del Sur ofrecieron ayuda. La ONU aumentó su fondo de emergencias con cinco millones de dólares para apoyar la asistencia vital. Pero los expertos advertían que la ayuda llegaría a un país ya al borde del colapso. Sheela Matthew, subdirectora nacional del Programa Mundial de Alimentos, dijo que Myanmar no podía soportar otro desastre. Mohammed Riyas, director nacional del Comité Internacional de Rescate, enfatizó que el estrés de atender a los heridos supondría una carga sin precedentes para los ya escasos recursos del país. Y la realidad política complicaba todo: con el territorio fragmentado entre la junta y múltiples grupos opositores, la distribución de ayuda humanitaria sería un desafío casi tan grande como el rescate mismo.
Citações Notáveis
La imagen es terrorífica. La gente está corriendo en la calle, chillando y llorando.— Rescatista citado por la BBC
Myanmar no puede soportar otro desastre.— Sheela Matthew, subdirectora nacional del Programa Mundial de Alimentos
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el Servicio Geológico estadounidense proyecta que los muertos podrían superar los 10.000 cuando las autoridades solo confirman 1.644?
La profundidad importa enormemente. A diez kilómetros, la energía del terremoto se transmite casi sin amortiguación. Mandalay está a solo 17 kilómetros del epicentro, en una región densamente poblada con edificios que no fueron construidos para resistir un movimiento de esa magnitud. Muchas víctimas aún están bajo los escombros.
¿Cómo es posible que la junta militar siga bombardeando zonas rebeldes mientras el país se desmorona?
Porque para ellos, la guerra civil es más importante que el desastre. El control territorial es lo que mantiene su poder. No pueden permitirse que los grupos opositores ganen terreno mientras están distraídos con el rescate.
¿Qué significa que el general Min Aung Hlaing haya pedido ayuda internacional de repente?
Es un cambio de postura extraordinario. Enfrenta una orden de arresto del Tribunal Penal Internacional y su Gobierno casi nunca colabora con el exterior. Pero la magnitud de esto lo obligó a reconocer que no puede manejarlo solo.
¿Por qué el cierre de dos aeropuertos es tan crítico?
Porque sin ellos, toda la ayuda debe entrar por Yangón y distribuirse por tierra a través de un territorio que no controla completamente la junta. Es un cuello de botella humanitario en el peor momento posible.
¿Qué pasará con la gente atrapada en Bangkok?
Tienen tres días. Después de eso, las posibilidades de encontrar supervivientes vivos caen dramáticamente. Los rescatistas no pueden usar máquinas pesadas porque los escombros siguen siendo inestables, así que avanzan lentamente, a mano.
¿Cuál es el verdadero problema de Myanmar en este momento?
Que es un país pobre, en guerra consigo mismo, sin infraestructura, sin capacidad de respuesta, y ahora sin aeropuertos. La ayuda internacional llegará, pero distribuirla será casi imposible. Y mientras tanto, la gente sigue atrapada bajo los escombros.