Martín: a 368 km/h en Mugello pierdes la vista al frenar

Pierdes la vista. Frenas, intentas parar la moto, sin apenas ver.
Martín describe la experiencia física de frenar a 368,6 km/h en la recta de Mugello.

En la recta de Mugello, Jorge Martín rozó los límites de lo humanamente perceptible al alcanzar 368,6 km/h sobre su Aprilia, estableciendo un nuevo récord de velocidad en MotoGP. El logro llega en un momento de transición histórica: el próximo año, el cambio a motores de 850cc podría hacer de esta marca el último gran hito de una era. Más que una cifra, el piloto madrileño nos recuerda que la velocidad extrema no es un fin en sí mismo, sino el resultado silencioso de la precisión, el coraje y el oficio.

  • A 368,6 km/h, el cuerpo humano alcanza sus límites: Martín pierde la visión por milisegundos al levantar la cabeza para frenar, recibiendo un golpe de aire capaz de lanzar hacia atrás a quien no tenga el cuello preparado.
  • El récord no fue buscado, sino conquistado: neumáticos nuevos, dos rebufos aprovechados en la última curva y una frenada tardísima y agresiva crearon las condiciones perfectas para la marca histórica.
  • La cifra sitúa a Martín en compañía de los más veloces de la historia del motor, por encima del récord previo de MotoGP de 366,1 km/h y acercándose al récord de Fórmula 1 de Bottas en Bakú.
  • El récord podría ser irrepetible: con el paso a motores de 850cc en 2027, nadie sabe aún si la categoría volverá a rozar estas velocidades, convirtiendo este momento en el cierre de una era.
  • Martín, segundo en el Mundial a solo 17 puntos de Bezzecchi, recupera su forma de campeón y demuestra que la velocidad punta es consecuencia de pilotar suelto, preciso y cómodo, no de perseguir estadísticas.

Jorge Martín cruzó la recta de Mugello el sábado pasado a 368,6 kilómetros por hora, rompiendo el récord de velocidad en MotoGP. El piloto madrileño de Aprilia no celebró el dato con aspavientos, pero la cifra probablemente quedará grabada en la historia de la categoría: el próximo año, con el salto de los motores de 1.000 a 850 centímetros cúbicos, es posible que nadie vuelva a alcanzar semejante velocidad en esta era.

Martín describe esos instantes finales de la recta toscana con una precisión que revela la crudeza física del momento. Al levantar la cabeza para frenar, el impacto de aire es tan violento que lo deja aturdido y le hace perder la visión, aunque sea por milisegundos. Intenta detener la moto casi sin ver, preparándose para una curva rápida a derechas. Lo llama una locura, pero también parte del trabajo: ningún piloto sale a pista pensando en batir récords, sino en ser preciso, encontrar ritmo y pilotar cómodo.

Para lograr la marca hicieron falta coraje y circunstancias favorables: neumáticos nuevos, dos rebufos aprovechados en la última curva y una frenada tardísima y agresiva para iniciar la recta con máxima aceleración. Cuando le comunicaron la velocidad en boxes, su reacción fue de sorpresa genuina. Lo que más le impresionó no fue la cifra, sino la experiencia física de frenar a casi 400 km/h.

Para poner la marca en perspectiva: los aviones comerciales despegan entre 250 y 300 km/h; el récord de Fórmula 1 es de 378 km/h, firmado por Bottas en Bakú en 2016. El récord anterior de MotoGP lo compartían Brad Binder y Pol Espargaró con KTM, también en Mugello pero en 2024, con 366,1 km/h. Ese registro pertenece ya a la historia.

Martín, actualmente segundo en el Mundial a solo 17 puntos de su compañero Marco Bezzecchi, ha recuperado su forma de campeón con victorias y podios recientes. Para Aprilia, el récord es una demostración de trabajo bien hecho en motor, estabilidad y aerodinámica. Para el piloto, es una experiencia más en un oficio donde la velocidad extrema no es el objetivo, sino la consecuencia natural de hacerlo todo bien.

Jorge Martín atravesó la recta de Mugello el sábado pasado a 368,6 kilómetros por hora, rompiendo el récord de velocidad en MotoGP. El piloto madrileño de Aprilia no hace gran alarde del logro, pero la cifra probablemente quedará grabada en la historia de la categoría. El próximo año, cuando los motores pasen de 1.000 a 850 centímetros cúbicos, es posible que nadie vuelva a alcanzar semejante velocidad en esta era de la competición.

Martín describe lo que sucede en esos instantes finales de la recta de la Toscana con una precisión que revela la crudeza de la experiencia. Cuando levanta la cabeza para frenar, abandonando la protección del carenado, recibe un impacto de aire tan violento que lo deja aturdido. Pierde la visión, aunque sea por milisegundos. Intenta detener la moto casi sin ver, preparándose para entrar en una curva rápida a derechas. Es una sensación que describe como única, una locura, pero también como algo que forma parte del trabajo: ninguno de los pilotos sale a pista pensando en batir récords de velocidad. Salen a ser precisos, a encontrar ritmo, a pilotar cómodos.

El madrileño, que actualmente es segundo en el Mundial a solo 17 puntos de su compañero Marco Bezzecchi, ha recuperado su forma de campeón. Ha ganado en Le Mans y ha terminado segundo en Brasil, Estados Unidos e Italia. Cuando volvió a los boxes y le comunicaron la velocidad alcanzada, su reacción fue de sorpresa genuina. Casi 400 kilómetros por hora. Lo que más le impresionó no fue la cifra en sí, sino la experiencia física de frenar a esa velocidad.

Martín explica que para lograr una marca así en Mugello hace falta coraje. Llevaba neumáticos nuevos, había aprovechado un par de rebufos en la última curva y frenó tarde, muy agresivamente, para iniciar la recta con máxima aceleración. El final de esa recta siempre es vertiginoso, dice. El golpe de aire al frenar es tan potente que, sin un cuello reforzado y musculoso, te lanza hacia atrás de forma violenta. Esas primeras milésimas de segundo estás desorientado, pero la costumbre te recupera al instante.

Para poner la cifra en perspectiva: los aviones comerciales despegan a entre 250 y 300 kilómetros por hora. El récord de Fórmula 1 es de 378 kilómetros por hora, establecido por Valtteri Bottas en Bakú en 2016. En Indianápolis, Arie Luyendyk alcanzó 389,9 kilómetros por hora en 1996. En las antiguas 24 Horas de Le Mans de 1988, con una recta de seis kilómetros, llegaron a los 405 kilómetros por hora.

Antes de que Martín coronara la recta de Mugello, el récord lo compartían Brad Binder y Pol Espargaró con KTM, también en Mugello pero en 2024, con 366,1 kilómetros por hora. Ahora ese récord pertenece a la historia de la era 1.000cc. Cuando termine este año, esa era terminará también. Los motores de 850cc llegarán, y aunque muchos creen que serán más lentos, nadie se atreve aún a pronosticar cuánto más lentos serán.

Martín insiste en que esto es solo una estadística más, un dato del deporte. Pero reconoce que es hermoso haber vivido ese momento y poder contarlo. Para Aprilia, el récord es una demostración de trabajo bien hecho en motor, estabilidad y aerodinámica. Para el piloto, es una experiencia más. Lo que realmente importa es ser regular, preciso, limpio, poner la moto a punto, adquirir buen ritmo de carrera, pilotar suelto y cómodo. Aunque, claro, también tienes que ser rápido. De lo contrario, no estás delante.

Cuando levantas la cabeza, dejas de estar protegido por la cúpula del carenado y recibes un golpe de aire que te deja descolocado, aturdido, pierdes la vista.
— Jorge Martín, piloto de Aprilia
Ninguno de nosotros sale a pista pensando en romper el récord de velocidad. Para nosotros no es tan importante, tal vez para nuestra fábrica sí.
— Jorge Martín
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Cuándo supiste que habías batido el récord?

Model

No lo sabía en el momento. Cuando volví a los boxes me lo dijeron. Mi reacción fue de sorpresa, casi de incredulidad. Casi 400 kilómetros por hora.

Inventor

¿Entonces no saliste a pista buscando romper ese récord?

Model

No, nunca. Ninguno de nosotros piensa en eso. Salimos a ser precisos, a encontrar ritmo, a pilotar cómodos. El récord es una consecuencia, no un objetivo.

Inventor

Pero describiste algo muy específico sobre frenar a esa velocidad. La pérdida de visión.

Model

Sí, eso es lo más impresionante. Cuando levantas la cabeza para frenar, el golpe de aire es tan violento que te deja aturdido. Pierdes la vista por milisegundos. Intentas parar la moto casi sin ver.

Inventor

¿Es peligroso?

Model

Es intenso. Necesitas un cuello muy fuerte, muy musculoso, para resistir ese impacto. Y la costumbre te ayuda a recuperarte al instante. Pero sí, es una experiencia única.

Inventor

¿Crees que este récord durará?

Model

Probablemente. El próximo año cambian los motores a 850 centímetros cúbicos. Todos creen que seremos más lentos. Este récord podría ser el último de esta era.

Inventor

¿Eso te importa?

Model

Honestamente, no demasiado. Es hermoso haberlo vivido y poder contarlo. Pero lo que realmente importa es ganar carreras, ser consistente, estar delante.

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