En la costa atlántica del Sáhara, Marruecos ha inaugurado la primera planta del mundo que transforma agua marina en riego agrícola usando exclusivamente energía eólica. El proyecto, situado en Dakhla, nace de una necesidad profunda: un país cuya tierra se seca, cuyos acuíferos retroceden y cuyas lluvias se vuelven cada vez más esquivas. Es, en esencia, la historia de una civilización que aprende a beber del mar sin pedirle nada al cielo ni al carbono.