En un mercado argentino sacudido por la apertura importadora y la competencia creciente, las empresas han comenzado a reescribir el valor del talento: ya no basta producir bien, sino hacerse ver y convencer. Durante 2026, la demanda de especialistas en marketing y ventas creció un 150%, desplazando a los perfiles tecnológicos del centro de la escena laboral y empujando los salarios comerciales a cifras históricas. Este giro revela una verdad más profunda: en economías que se abren, la supervivencia pertenece a quienes saben comunicar su diferencia.