Cada vez que un robot aspirador recorre un hogar español, traza en silencio un retrato íntimo de quienes lo habitan: sus espacios, sus rutinas, sus objetos. Tres marcas chinas —Dreame, Xiaomi y Roborock— controlan más de la mitad del mercado nacional y envían esos datos a servidores en la nube, donde permanecen almacenados más allá del alcance cotidiano del usuario. La comodidad tecnológica y la soberanía sobre la propia privacidad se revelan, una vez más, como valores difíciles de sostener al mismo tiempo.