Maquinaria y más de 1,600 rescatistas internacionales llegan a zonas devastadas de Venezuela

Al menos 1,430 muertos, 3,238 heridos y 157 desaparecidos reportados, con denuncias de desaparecidos adicionales en hospitales y morgues sin actualización oficial.
La ayuda ha sido muy buena, un poco tardía, pero ha llegado
Un sobreviviente resume la llegada de rescatistas internacionales después de tres días de operaciones precarias.

Decenas de máquinas y helicópteros comenzaron operaciones en Caraballeda y Los Corales, epicentro de la devastación, después de tres días de rescates precarios realizados por voluntarios. Rescatistas de 11 países, incluyendo Argentina, México, Ecuador y Estados Unidos, han llegado en 17 vuelos; se esperan 25 vuelos adicionales en las próximas 24 horas.

  • Terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 el miércoles en Venezuela
  • Al menos 1,430 muertos, 3,238 heridos, 157 desaparecidos reportados
  • Más de 1,600 rescatistas de 11 países llegaron en 17 vuelos
  • 25 vuelos adicionales esperados en las próximas 24 horas
  • Estados Unidos comprometió 150 millones de dólares en ayuda inicial

Más de 1,600 rescatistas internacionales y equipos de excavación llegaron a La Guaira, Venezuela, para intensificar labores de rescate tras terremotos de 7.2 y 7.5 que dejaron al menos 1,430 muertos.

Los Corales, Venezuela. El sábado por la mañana, las excavadoras comenzaron a llegar a los sectores más destrozados de La Guaira, tres días después de que dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieran el país el miércoles. Helicópteros sobrevolaban Caraballeda y Los Corales mientras las máquinas se posicionaban entre los escombros. Fue el primer signo visible de que la respuesta internacional había llegado finalmente al epicentro del desastre.

Hasta ese momento, los esfuerzos de rescate habían dependido casi enteramente de voluntarios locales trabajando con herramientas rudimentarias. Ahora, más de 1,600 rescatistas de once países diferentes pisaban suelo venezolano. Argentina había enviado una treintena de especialistas que planeaban permanecer diez días. México, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Suiza, República Dominicana, España, Chile, Colombia, Países Bajos e Italia ya tenían equipos en el terreno. Diecisiete vuelos habían traído a estos profesionales en las últimas horas, y veinticinco más estaban programados para las próximas veinticuatro horas. Diez países adicionales se esperaba que se sumaran a la operación.

La llegada de la maquinaria fue recibida con alivio palpable entre los sobrevivientes. Xiomara Bloon, una vecina de cuarenta y cinco años, estaba rebuscando entre montones de ropa esparcida en las calles cuando habló con reporteros. Llevaba tres días buscando comida. Ahora buscaba ropa, cualquier prenda que le hubiera quedado después de que el terremoto se la arrebatara todo. "Los aviones están pendientes de uno", dijo con una mezcla de alivio y esperanza. No era solo la maquinaria lo que la tranquilizaba; también había llegado ayuda humanitaria, algo que hasta el viernes escaseaba.

En Caraballeda, un hombre le gritaba a una mujer llamada Lara mientras una excavadora se acercaba a un edificio completamente colapsado: "¡Lara, ya llegó la máquina allá, ¡vente!". Su voz mezclaba el agotamiento con la esperanza renovada. José Luis Acosta, de cincuenta y uno años, estaba en una fila esperando recibir alimentos cuando reflexionó sobre lo que estaba sucediendo. "La ayuda ha sido muy buena, un poco tardía, pero ha llegado", dijo. Durante días, los residentes se habían quejado de que la maquinaria tardaba demasiado. Ahora, en la carretera que conecta Caracas con La Guaira, se veían decenas de máquinas y camiones cargados con equipamiento especializado.

Las cifras del desastre seguían siendo devastadoras. El gobierno reportaba al menos mil cuatrocientos treinta muertos, tres mil doscientos treinta y ocho heridos, y ciento cincuenta y siete desaparecidos según el último recuento del jueves. Pero las autoridades no habían actualizado esos números a pesar de denuncias sobre personas desaparecidas en hospitales y morgues. El verdadero alcance de la tragedia permanecía parcialmente oculto.

Estados Unidos había comprometido ciento cincuenta millones de dólares en ayuda inicial: cien millones para la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios y cincuenta millones para organizaciones operando sobre el terreno. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó que un segundo paquete de ayuda económica estadounidense llegaría durante la semana. La operación de rescate internacional estaba en marcha, pero el trabajo de extraer a los atrapados bajo los escombros apenas comenzaba.

Los aviones están pendientes de uno, eso es lo bueno
— Xiomara Bloon, vecina de 45 años en Los Corales
La ayuda ha sido muy buena, un poco tardía, pero ha llegado
— José Luis Acosta, sobreviviente de 51 años
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué tardó tanto en llegar la maquinaria pesada si el terremoto ocurrió el miércoles?

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Tres días es mucho tiempo cuando hay gente atrapada bajo los escombros. Los voluntarios locales hicieron lo que pudieron con lo que tenían, pero sin excavadoras, sin helicópteros, sin equipamiento especializado, el rescate era casi imposible. La coordinación internacional toma tiempo.

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¿Qué significa que once países enviaran rescatistas simultáneamente?

Model

Significa que esto fue reconocido como una emergencia de escala regional. No fue una respuesta lenta o fragmentada. Fue una movilización coordinada. Argentina, México, Ecuador, todos enviaron equipos casi al mismo tiempo. Eso no sucede por accidente.

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Los sobrevivientes parecían aliviados pero también frustrados. ¿Cuál era el sentimiento real?

Model

Ambos. Aliviados porque finalmente había ayuda. Frustrados porque había llegado tarde. Tres días buscando comida, perdiendo ropa, viendo a otros desaparecer. La ayuda es bienvenida, pero no borra esos tres días.

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¿Por qué el gobierno no ha actualizado el número de desaparecidos?

Model

Eso es lo inquietante. Ciento cincuenta y siete el jueves, pero hay denuncias de más desaparecidos en hospitales y morgues. O no pueden actualizar los números rápidamente, o no quieren. Ambas posibilidades son preocupantes.

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¿Qué viene ahora?

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Veinticinco vuelos más en las próximas veinticuatro horas. Diez países más por llegar. La excavación de escombros apenas comienza. Los argentinos se quedan diez días. Esto es un esfuerzo a largo plazo, no una respuesta de corto plazo.

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