Es como la tragedia de Sísifo
La UME ha entrado en 69 núcleos urbanos afectados por la dana, con más de 140.000 habitantes en los municipios más golpeados requiriendo reconstrucción total de infraestructuras. Aunque llega comida y se restablece parcialmente la luz, muchos hogares siguen sin gas, internet ni agua caliente; 550 kilómetros de carreteras y vías de tren están dañados.
- La UME ha entrado en 69 municipios afectados por la dana
- Al menos 113 fallecidos confirmados en los municipios documentados
- 550 kilómetros de carreteras y vías de tren dañadas
- Más de 200 familias sin vivienda solo en Utiel
- El 80% de las 1.400 empresas del polígono de Riba-roja sin electricidad
Una semana después de la dana, 69 municipios de Valencia reciben ayuda humanitaria y presencia militar, pero centenares de hogares carecen aún de luz, agua caliente, gas e internet. Las infraestructuras dañadas y los servicios básicos interrumpidos son el principal desafío para la reconstrucción.
Una semana después de que la dana arrasara la provincia de Valencia, la ayuda humanitaria ha comenzado a llegar a los municipios destruidos. Los militares de la Unidad Militar de Emergencia han entrado en 69 núcleos urbanos. Se reparten alimentos. Se retiran escombros. Pero en centenares de hogares, cuando cae la noche, no se enciende la luz. No hay agua caliente para una ducha. El teléfono no tiene cobertura. El gas no fluye por las tuberías. La reconstrucción, dicen los alcaldes, apenas ha comenzado.
La magnitud de la tragedia es tal que los españoles han aprendido los nombres de estos pueblos como si fueran equipos de fútbol: Aldaia, Cheste, Picanya, Catarroja, Sedaví, Utiel, Ribarroja, Chiva, Paiporta. Estos nueve municipios concentran más de 140.000 habitantes. Hay otros 56 afectados. En total, según estimaciones de la Cámara de Comercio, representan el 32 por ciento de la población de la provincia. El agua que pasó el martes 29 de octubre fue tres veces más voluminosa que la del Ebro. Destruyó puentes, carreteras, caminos principales. Dejó 550 kilómetros de vías de tren y carreteras dañadas.
En Cheste, municipio de 9.000 habitantes famoso por su circuito de motos, el alcalde José Morell pensó al principio que la catástrofe era local. Ahora sabe que no. Lo que más necesita su pueblo es un puente. Antes tardaban veinte minutos en llegar a Valencia. Hace poco, un vecino tardó una hora y media en acudir a una cita médica. Morell escribió los primeros bandos a mano, en papel, para desmentir rumores que corrían de casa en casa: que el agua no era potable, que todo estaba perdido. Hace poco volvió a llover. "Es como la tragedia de Sísifo", dice. Tres personas han muerto en Cheste. El gas y el internet llegan a cuentagotas.
En Aldaia, con 33.000 vecinos, el pueblo está por construir. Hay calles llenas de trastos. El Ayuntamiento ha hecho una labor importante: recogió vehículos y los llevó a una finca municipal para que los vecinos supieran dónde estaban sus coches. Todo con recursos propios, con brigadas locales y empresas del municipio. Aún no hay agua potable en todos los hogares. Tampoco luz, cobertura móvil ni gas. Seis personas murieron, la mayoría mayores atrapadas en sus casas. Una bajó a recuperar su vehículo y quedó atrapada. Lo peor, dicen las fuentes municipales, será el drama psicológico. Ya están visitando casa por casa a vecinos con enfermedades mentales.
En Picanya, con 46.000 habitantes, han muerto doce personas. El alcalde Josep Almenar dice que lo que más falta hace son bombas de achique para quitar el agua. La ayuda humanitaria de comida ha llegado. El ejército ha ayudado a desatascar las calles de lodo. Hay luz, agua e internet. Ahora están limpiando los bajos y los garajes. En Riba-roja, con 24.000 vecinos, el 80 por ciento de las 1.400 empresas del polígono carecen de electricidad. Ocho urbanizaciones, con 3.200 vecinos, están incomunicadas. El alcalde Robert Raga pide que la UME construya un puente transitorio, como se hizo en 1957 cuando otra riada arrasó el municipio. "Esta ha sido más grande", dice. Seis personas han muerto, entre ellas una mujer de 26 años embarazada. Otra víctima apareció subida en un árbol, ahogada.
En Chiva, donde cayó más lluvia el martes, hay luz y agua pero no gas ni internet. Francisco Esteso, jefe de la policía local, cuenta que algunas urbanizaciones tienen infraestructuras dañadas y pasan con dificultades. Los colegios están cerrados por el fango. Han muerto diez personas. En Sedaví, con 10.000 vecinos, hay luz y agua pero no gas ni buena cobertura móvil. No hay ni un solo comercio en pie. Los autónomos lo han perdido todo. Diez vecinos murieron, seis del pueblo y cuatro de fuera. En Utiel, con 11.500 habitantes, más de 200 familias ya no tienen casa. Una cuarta parte del municipio estuvo anegada. El alcalde Ricardo Gabaldón cuenta que sesenta vecinos tuvieron que ser rescatados en helicóptero. Dice que si las clases de un instituto no se hubieran suspendido por la mañana, podrían haber muerto más de 400 vecinos.
Paiporta es, por ahora, el municipio más afectado. Setenta vecinos han muerto. La alcaldesa Maribel Albalat cuenta que están centrados en descongestionar los accesos para que la maquinaria pesada pueda entrar y retirar la basura, los muebles y los enseres sacados de las casas. El agua, la luz y el gas tampoco han vuelto a todo el municipio. El Ayuntamiento presta ayuda psicológica en un gabinete improvisado, que reforzarán con psicólogos voluntarios llegados desde otros puntos. La reconstrucción de tuberías de gas será muy complicada por las fugas y los kilómetros de cañerías que hay que reponer. Lo mismo sucede con las redes de comunicaciones. Los alcaldes coinciden en que el drama psicológico de los afectados requiere atención inmediata y sostenida.
Citações Notáveis
El pueblo está por construir. Estamos para empezar de cero.— Fuentes del Ayuntamiento de Aldaia
Si nos ponen un puente, nos normalizamos. Es lo que nos conecta con la autovía A3.— José Morell, alcalde de Cheste
Esto ha sido una barbaridad. Es catastrófico.— Robert Raga, alcalde de Riba-roja
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué la ayuda llega pero los servicios básicos siguen sin funcionar?
Porque la ayuda humanitaria —comida, agua embotellada, equipos de limpieza— se puede distribuir rápido. Pero la electricidad, el gas, el internet dependen de infraestructuras rotas. Un puente destruido no se reconstruye en una semana. Una tubería de gas rota bajo el barro requiere excavación, reparación, kilómetros de cañería nueva.
¿Cuál es el problema más urgente que mencionan los alcaldes?
Depende del municipio, pero hay un patrón: primero, las infraestructuras de conexión. Cheste necesita un puente. Riba-roja también. Sin eso, los vecinos no pueden salir, la maquinaria pesada no puede entrar. Segundo, el gas. Todos dicen que será muy complicado de redistribuir.
¿Y el drama psicológico que mencionan?
Es lo que viene después. Ahora están en modo emergencia, limpiando, organizando. Pero cuando pase eso, cuando vean que sus comercios desaparecieron, que sus casas están destruidas, que sus vecinos murieron, eso es cuando el trauma golpea. En Aldaia ya están visitando casa por casa a gente con enfermedades mentales.
¿Hay algo que los alcaldes hayan hecho bien?
Sí. En Aldaia, el Ayuntamiento recogió todos los vehículos dañados y los llevó a una finca municipal. Los vecinos sabían dónde estaba su coche. Es un detalle pequeño pero importante: da la sensación de que alguien está a cargo, de que no todo está perdido.
¿Cuál es el siguiente paso?
Reconstruir. Pero no solo casas. Tuberías, carreteras, puentes, redes de comunicación. Y mientras tanto, atender a la gente que está traumatizada. Los alcaldes saben que esto va a ser largo.