En los meses más calurosos del año, la ciudad vietnamita de Hue enfrentó el ascenso previsible del dengue y la enfermedad de manos, pies y boca — enfermedades que el calor alimenta y la desatención convierte en crisis. Lo que distinguió a Hue no fue la ausencia del peligro, sino la arquitectura de su respuesta: vigilancia comunitaria veloz, educación sostenida y una cobertura de vacunación que superó el 95 por ciento en menores de un año. La ciudad demostró que contener una epidemia no es un acto heroico singular, sino el resultado acumulado de sistemas que funcionan antes de que el desastre l