Entre el 60 y el 75 por ciento de las personas conviven con una mandíbula que no encaja del todo bien, una condición que los especialistas llaman maloclusión y que va mucho más allá de la estética. Cuando los dientes no se alinean correctamente, el cuerpo entero paga el precio: se desgasta el esmalte, se tensan los músculos, se estrechan las vías respiratorias y el sueño se fragmenta. La boca, ese sistema silencioso que sostiene la masticación, el habla y la respiración, reclama atención temprana antes de que sus desequilibrios se vuelvan irreversibles.