En la madrugada del 28 de agosto de 2026, la Tierra interpondrá su sombra entre el Sol y la Luna, cubriendo casi el 94% del disco lunar y bañándolo de un rojo profundo que la humanidad ha contemplado con asombro desde sus primeras noches. Este eclipse lunar parcial, visible desde todo México sin necesidad de protección alguna, es un recordatorio de que los grandes espectáculos del cosmos no exigen entrada ni equipamiento, solo la voluntad de mirar hacia arriba. El mismo proceso físico que pinta de escarlata los amaneceres terrestres es el que, esa noche, convertirá a la Luna en un espejo rojiz